PATE’VENADO

PATE’VENADO

Parece ser, regla general, que en todo grupo de congéneres, siempre hay una excepción.

Resulta que mi primo Agapo, no pudo caminar hasta entrada los seis años. Siempre en la falda de la madre, siempre en la espalda de sus hermanas mayores que tenían que cargar, muchas veces a regañadientes, el bulto pesao

Para remate de males, era un bebón muy pichilón. Ni bien secaba el pañal, ya se tenía que estar usando nuevamente.

-Parece que don Cirilo lo ha hecho a este muchacho de mala gaaaaannnnna

-En tarima torcida sin duda ha sido compadritoo.

-Y mi comadrita de medio laoo

-Un momento paisita, con mi comadre, no se meta utéee

Hasta que llegó un domingo, en que el cura, sin duda afiló bien la lengua y subiéndose al dorado púlpito se soltó un panegírico de padre y señor mío que dejó boquiabierto a más de medio pueblo. !Qué tanto se burlan del pobre Agapo! ¿Acaso él tiene la culpa de haber nacido así? Lerdo de pies pero ligero de palabra? ¿Cuántos Agapos habrá en el mundo que no abandonan sus pueblos apesar de la sequía, apesar de los sismos, apesar de las calamidades, apesar de la hambruna?. Allí están, clavados en la tierra, plantados de raíz en sus muros, esperando a sus hijos, mirando por la ventana los caminos por donde se fueron. !Cuántos Agapos hay! -decía tayta cura- que apesar de haber sufrido las persecuciones y haber visto correr sangre por el suelo, siguen pensando en la generosidad de los hombres, siguen creyendo que no hay malos en la tierra…

-Tonteras habla Padre…

-Sonsa eres, no comprendes. Verdacito dice ¿Acaso cuando no llueve nos vamos de Rurucuta? Apegado a nuestro moribundo ganado estamos. Regando con nuestras lágrimas y nuestro sudor las sementeras estamos. Como enraizados estamos. No sabemos caminar a otro lugar, porque nuestra tierra es nuestra tierra.

-¿Verdacito noooo?

-Por eso te llaman Agapo, so sonsaaaaa.

Hasta que un día, muy de madrugada llegó al pueblo una extraña mujer. Sólo de verla, despertaba sostechas de que era una bruja de las huaringas, más aún, cuando por las aberturas de su equipaje se veía calaveras, piel de culebra disecada, botellas con desconocidos brebajes y en fin, mil chucherías mal olientes.

El día de su debut, en un costado del mercado, la gente se arremolinó para escuchar sus sabios consejos de cuándo beber tal o cual brebaje, aquel o ésta pócima. De sus productos afrodisiacos para los marchitos o motolitos órganos.

El negocio le fue redondo, porque la gente compró hasta lo innecesario.

-Las palabras de esta mujer -decían los viejos del pueblo- son convincentes, categóricos y hasta apodícticos. Sanos y enfermos, hemos caído como abejas a su panal.

Todo el pueblo ya había desfilado con algo bajo el brazo, sólo doña Filomena, daba vueltas y vueltas en torno a la curandera con su Agapo en la espalda.

-¿Qué mal te persigue mujer? preguntó la curandera.

-Mamita, no es para mí lo que busco

-¿Entonces para quién?… tu marido te ha dejado, haz perdido tu ganado, tus tierras no producen…?

-Nada de eso mamita, este mi cholo tiene más de siete años sin poder caminar y eso me preocupa mucho, para eso quiero remedio…

-Habérmelo dicho antes…aquí tengo lo que tú buscas, mujer.

Diciendo esto, sacó de una envoltura de periódicos viejos una pata de venado.

-Trae aquí al mozo…verás que mañana ya está caminando…soga vas a necesitar, cadena vas a necesitar para tenerlo a tu lado.

Diciendo estas palabras proféticas sobó con el hueso del venado la región talocrural, el dorso de los pies, la planta, los dedos, el tendón de Aquiles, en fin, sin dejar un espacio del aparato motor ante la mirada atónita del chiquillo que no sabía si llorar o reir ante aquella extraña como enigmática mujer.

                                                            ***

Al día siguiente de la intervención de la curandera, doña Filomena iba de casa en casa, preguntando: ¿Por si acaso no han visto a mi Agapo?

-Hace un ratito lo vi corriendo por Occonalpampa

-Por Capillapampa lo vi yo

-En el campo catay ha estado jugando con pelota…

Ni bien maduró el trigo, ya inició sus viajes fuera del pueblo. Unas veces llegaba la noticia de que Agapo estaba en la Capital. Otros decían que lo habían visto tomando el avión para irse al extranjero. Lo cierto es que doña Filomena y sus hijas, tuvieron que conformarse con las noticias.

-!Para qué lo hice sobar sus pies!, se arrepentía la angustiada madre.

                                                        ***

Cuando retornó la curandera, luego de un tiempo, los pobladores esperaron a que caiga la noche e hicieron largas colas para hacerse sobar los pies con pata’venao.

De eso no hace mucho. Y como resultado se ha ido a otras tierras don Serapio y su familia, don Timoteo y sus congéneres, los Facundo con sus hijos y ganao y too. El Chihuillo Pastor y su mujer. Todos, todos han abandonado el pueblo. Sus puertas están con candao. Sus tierras sin cultivar. Todo es desolación. Don Pulli no más está andando por las calles como fantasma y en las noches como alma en pena…

Todos los Agapos se han ido luego que han aprendido a andar.

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Del libro: Cuentos fantásticos con alma humana.-O.C.C.-Ediciones KAFE-2004

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