EXORCIZANDO LA ANTOLOGÍA POÉTICA “AMORAMAR” DE JOSÉ BELTRÁN PEÑA

Por HUMBERTO PINEDO MENDOZA

Es una antología poética amorosa muy conmovedora de José Beltrán Peña. Y tiene la virtud de mostrarnos todos los sinsabores y satisfacciones que le ha acarreado la vida al poeta enamorado o decepcionado. Para este vate este libro de interrogaciones sexuales y sensuales le sirve para renovarse amatoriamente. Si no escribiera ya se habría suicidado por la sensibilidad que le pone a sus sentimientos. Es decir que trata de navegar por todos los cauces del mundo amatorio para llegar a lo amado y poético a la vez. Parece una contraposición espiritual pero es un complemento satisfactorio.

Cuando exclama: déjame entrar en ti como el gusano que sale de la manzana, es pleno y erótico a la vez. Es amor o es una forma de amar. Casi profetizando exclama: que el verdadero amor es como el auténtico poeta, es decir que nunca muere. Diría con el vate, que el saber amar se convierte en una poema elíptico, espiritual, sensual y sexual  que se sublima cuando es atrapado con el orgasmo. Beltrán Peña, se asombra del recuerdo de Zaida porque tenía los labios más hermosos y bellos del barrio. Una satisfacción adolescente y platónica pero a la vez que acaricia el recuerdo del primer amor Y casi asombrado dice: in -situ  de  que el marido, el novio y el compañero se suicidan por desamor. Como también la vida del poeta es una obra de arte que se esculpe en cada momento, el poeta se confabula consigo mismo para lograr un clímax o liberación.

Luego agrega que el verdadero amor es como un poeta inspirado que  nunca muere. Por eso dice que: poesía es amar en libertad y plasmarlo en las páginas en blanco-. Amar sin fronteras, sin hogar, sin puertas es un corazón de poeta.-El mejor poema amoroso se escribe en luna llena. y  recurre también a los haikus con los besos del alma y el eterno aniversario de un amor corazón-.Como exclama: amarte sin fin  es una maravillosa acción de vida eterna-.

-La luna lloró por el roce de nuestros labios. Las estrellas están celosas por la pasión derramada. En tu corazón está mi existir-. Por eso  es un poeta enloquecido de amor, y casi apocalíptico -dice mi padre y madre unieron sus vidas y el demonio murió y nací yo. Es un trabajo de exorcismo poético.-Las palabras de amor se resbaló y mordió la lengua del diablo-.Y es por eso que el  sabor de tus labios enloqueció al poeta con un orgasmo sin cadenas-.

Oh amor  inmortal -no sé si es un milagro o una maldición,  mi corazón se ha detenido. Amor o desamor es su propuesta y lo logra.-El amor es un error de brújula  y no más deseo inventados y se acabó la novela de amor-. Eres mi fuerza, eres mi sombra, eres mis días, eres mi geisha. Beltrán Peña es un cripto anacoreta en el amor como un permanente amante que nos trae experiencias poéticas amatorias.

Y culmina su camino hacia el amor y desamor cuando propone como un superhombre de, que él es un fuera de serie, casi perfecto, que se emborracha con los ángeles. Es decir que es un bacán, soy poeta definitivamente. Un paria, no un Dios. Y para consumir su entrega y el  culto al amor nos deja en su libro un pedazo de trenza de su amada. Es decir rompe la realidad con la ficción

Este libro AMORAMAR ha sido publicado  por las Ediciones Amantes del País y  Gaviota Azul Editores. En la generación poética del 9O, José Beltrán Peña es un maldito, un francotirador, como también un poeta que le rinde culto al amor, a la belleza, a la igualdad social y a la libertad. Eternamente Amoramar es la mejor manera de trascender en la vida.

 

ERNESTO KAHAN: 

 

EL POETA VIRTUOSO DE LA PAZ 

Por Carlos Garrido Chalén

Cortesía: NALO Alvarado Balarezo

En el libro de Henoc, se asegura que al comienzo de los siglos existían Egrégores, los genios jefes de multitudes que no duermen jamás; y que veinte de ellos se separaron de su principio para dejarse caer y ocurrió el oscurecimiento de la verdad en el mundo. Los números se separaron de la unidad original y final y las letras de luz se convirtieron en letras de sombra.

Uno de ellos e hizo rey del mundo. Negó a Dios e inventó la guerra. Enseñó a los hombres el uso del oro, las pedrerías y el hierro. Fabricó joyas para las mujeres y armas para el género opuesto. El que debía ser ángel del reino se trocó en ángel de la anarquía. Otro, le enseñó a éstos el arte de las fascinaciones y de los prestigios, que son la mentira de la fuerza; un tercero les enseñó a hacer caer las estrellas del cielo, es decir a desplazar las más luminosas verdades y a arrastrarlas en la corriente del error.

 

Los hombres aprendieron a adivinar por el aire, por la tierra y por los demás elementos, en vez de fiarse en la luz del sol. Se consultó los oráculos a los pálidos rayos de la luna y un séptimo ángel, el de la luz de los siete colores, se hizo apóstata de sí mismo. Las mujeres fueron iniciadas en los grandes misterios y los hombres, habiendo roto todos los lazos de la sociedad y de la jerarquía, fueron impelidos por la rivalidad y por el deseo sin freno a devorarse los unos a los otros.

 

Entonces los más débiles lanzaron gritos de angustia hacia el cielo, y los cuatro ángeles de la armonía, conmovidos por el grito quejumbroso de los mortales, acudieron al pie del trono de Dios para pedirle que cese los espantosos desórdenes de la tierra. Fue cuando, Dios, les anunció su designio de purificar el mundo por el diluvio, a fin de suprimir la raza maldita de los gigantes; y le ordenó al ángel de la verdadera ciencia apoderarse de Azazel y arrojarlo atado de pies y manos, a las tinieblas. Después, golpeando la tierra con el pie – le dijo – abrirás una sima en el desierto de Dodoel, y allí lo precipitarás en las abruptas rocas y en los picos de la piedra en donde se quedará para siempre jamás.

 

Pero antes, como lo consigna con sus maneras de poeta Ernesto Kahan, “Después que la luz separada fue de las tinieblas / y que las aguas lo fueran de las aguas / y que verde fuera la tierra hierba,/semilla-hierba para la hierba,/ semilla-árbol para el árbol,/ y estaciones para años,/ llegaron los frutos / la evolución / y Adán” y entonces ya no hubo silencio en la luz vespertina de todas las renuencias. Y Dios se hizo camino en todos los caminos jamás imaginados. La edad tuvo un nuevo tiempo y el tiempo la demarcación de una eternidad creada por el Altísimo para contrariar a los biógrafos de la Gloria.

 

Adán hierba varón y hembra

Adán hierba hembra y Eva

vida multiplicación y vida

y Abel y Caín

y la muerte en la hierba

(coro de adultos)

En esas concomitancias discurre la poesía de “Ante réquiem y en camino” que viene a nuestra definición de tiempo, con una nueva manera de ofrecerse a la palabra. Como si ella fuera un manantial de agua transparente hecha de historia y de locura, a la que hay que llegar con las mejores galas.

 

Pero también como un homenaje a la misma plenitud de una historia que se escribe amando, amasando panes y ejerciendo de ceramista sobre el barro hecho a soplos por un Creador que todo lo discierne y adivina, al que hay que llegar con las luces encendidas del delirio.

 

Ernesto Kahan, sabe por eso lo que quiere y va a su poesía antes que ella le llegue, sabiendo que la vida se escribe sumando historias que la naturaleza amasija en sus entrañas y luego las echó a andar con vida propia para que retraten los sueños más inimaginables. Como esos que llevaron a Eva Madre a sentir pormenores en su entraña fecundada en el galope de su hombre primigenio:

Eva madre hierba,

te entregaste al amor…

¡Bendita seas!

¡Ah!

En los prados

arqueada de pasión

apuntando a las estrellas

y cayendo en el barro

aguijonada de placer

gimiendo

¡Ah!

¡Bendita seas!

como yegua en tropel,

en la madre hierba

¡Bendita seas! 

(III)

 

Ernesto Kahan ha encontrado en esa reminiscencia, una manera de bendecir a esa madre Eva sin cuya existencia no existirían las generaciones que vinieron. La bendice y la sabe bendecida. La acaricia y la intuye acariciada. La sabe árbol inundada de fuegos y de dardos y cuando quiere, también de ese frenesí que producen las caricias que el sexo consagra para el viento. Por eso que cuando la bendice está bendiciéndose a sí mismo y a una humanidad que lo merece todo.

¡Bendita seas!

De

manos

inundada,

fuego y dardos

de caricias bisexuales

de eróticos cuerpos penetrantes…

¡Bendita seas!

Húmeda madre Eva

por los siglos de los siglos

Vía Láctea, carne fresca y frutas tropicales

¡Bendita seas!

Madre hierba

arqueada en pasión

apuntalando la tierra

por los siglos

de los siglos

en éxtasis

en lechos

de Frutas

tropicales,

Vía Láctea,

fresca carne

 

(IV El árbol)

 

Ernesto Kahan se convierte en este libro en canal de bendición, para poblar de aleluyas inmarcesibles la madrugada y todas esas estancias en donde se perpetuó la edad de la raza primera: esa que conoció la virginidad de todo lo creado e hizo alianza con la inmortalidad para cuadricular el paraíso.

 

Por eso que sabe llegar con su aplauso incluido, como arqueo de orquídeas ofrecidas a un Dios que todo lo calculó para fundar sobre la libertad sus reinos sucesivos.

 

Es en ese afán de bendecirlo todo, que declara como consustancial a la vida la libertad que simboliza a la propia felicidad y se nutre de ella. Y al final termina por arquetipar a la propia naturaleza para ofrecérsela al futuro que no viene solo y que tampoco se auxilia de la nada, sino que trae sus propios símbolos y se alimenta de los sueños en paz, de una humanidad pletórica de conquistas.

 

Libre sea

el hombre de su violencia

el pueblo de la esclavitud

en Egipto y en la Tierra

Libre sea

el pueblo y el hombre

de su violencia en la Tierra

de la esclavitud en América

de su violencia

Libre sea

en la Tierra

Separada de las aguas,

separada del cielo

Libre sea

el hombre del lazo del cazador

de la inequidad por su oro

de la muerte de la intoxicada hierba

Libre sea

De la miseria de los hombres – de su guerra 

 

 (VII)

 

Y es que Ernesto Kahan sabe que “en la hierba seca lloran los semejantes, arde la violencia en Egipto y en la toda Tierra..” y que en “el lazo del cazador hombre, su oro, su inequidad, lloran por la muerte desaguada de la dañada hierba/ por el mito de la autorregulación de los mercados/ por el mito de la autoprotección de la naturaleza..” “la pertinaz herida a los derechos humanos”

 

Después que la luz, separada fue de las tinieblas

y que las aguas se hicieran dulcemente dulces,

regresaron las tinieblas que andan secando

las aguas y llora el verdor de la hierba.

Pena la semilla-hierba abandonada,

pena abandonado el viejo árbol

y aguarda la muerte, la vida.

¡Ay los contaminantes!

¡Ay por la ecología!

¡Ay el porvenir!

¡Ay hombre!

¡Caín!

 

(IX)

 

Ernesto es hábil para variar su mirada en lontananza. Y pasar del frío al calor más fulgurante. Del principio de ese pasado que tiene mucho que decir, al futuro impredecible. Y en ese afán, va creando un mundo prodigioso que se afianza con la vida; que es al mismo tiempo un reto para todas las propuestas y un ofertorio de fe para todas las preguntas.

 

Por eso que en él, el poeta se sorprende ante todo lo vivido y nos ofrece, a través de coros increíbles, el panorama de sus propios incendios desatados. Pero también de esa paz que pregona desde sus avatares de faro luminoso y de esa justicia que reclama para sembrar equidad sobre un planeta ganado por el dolor, las lágrimas, la inequidad y la desesperanza. Y en medio de todo “las fiestas del amor/ David y Penélope, notas de sol/AMEN a las cuerdas flamencas” y un coro de ancianos confirmando la vida.

 

Libre sea

del fuego de la guerra

de los tóxicos nubarrones

de las tinieblas que van secando

las aguas y el llanto cruel de la hierba.

Libre sea

De la lánguida agonía de los árboles viejos.

De la desaparición de los peces del mar.

De la precoz muerte de las especies.

Libre sea

Jugo vital, de la sentencia,

e hijos de Abraham

de la oblación,

 

(XI)

 

Es ese mismo Ernesto Kahan que ora por una tierra “sin bordes ni fronteras” el que se presenta ahora mimetizado por coros ansiosos de luciérnagas para aspirar “el aroma de azul claro” de ese Edén inventado por sus sueños/ con hembras y machos / y millones de creencias” y ese coro de adultos que declara a Adán “hierba varón y hembra” y a “Eva multiplicación y vida y amor en hierba fresca”, mientras las doncellas de Jerusalén conjuradas y untadas con la vid/ entre lirios y rosas del Cantar/ de los Cantares y enfermas de amor / buscan en el campo y las calles../ al que las ama desde los pies / por los frutos y a los cabellos; pero son sobre todo, libres “de elegir a los amados/ que aman a sus almas / de cuidar las viñas y el vino / de beberlo entre las manzanas../ de encender el incienso/hasta que se anuncie el alba y las gotas de rocío brillen entre los pezones”; y de “cuidar el rebaño en la hierba../ hasta que encuentren/ sus propias amadas doncellas / sin perderse en la guerra”.

 

En ese sentido, no sorprende cuando En Camino, el poeta – que quiere esculpir en la piedra oraciones por la paz – recrea otra performance y de aglutinador de historias que incitan a coros portentosos, pasa a beber de aguas nutrientes que emanan desde sus otras fuentes de aeda para recrear otros estadios y paisajes, pero esta vez desde el pregón de la ternura, y desde el análisis histórico de tiempos diferentes a los que se describen en la primera parte de un libro que dará mucho que hablar por el trato deferente que da a la palabra cierta y esa originalidad que supera el mensaje, para proponer como un desafío – a veces irónico, a veces consensual, pero siempre crítico (“Y para los torturados/ A los que en Chile/ les robaron las manos / mientras Víctor Jara. Cantaba / – no quisieron que tocara la guitarra”) –, un nuevo aporte a una literatura que ha dejado de ser oficio incomprendido, para convertirse en ejemplo luminoso de fe inacabable.

 

Cayó el rey ante la piedra

-¡Oh vida no correspondida,

modernidad en pasos insultantes

aire, aire y todo se termina…

-¡Oh ángel de la droga,

Pon la daga en mi mano hazme sangre,

debo terminar…

-¡Oh necio desgraciado,

¡Déjame besarte antes del suicidio!

Ser Otelo y Desdémona a un solo tiempo,

ser mis víctimas sangrantes…

– Demasiado esperé para dar parte,

tomar conciencia de la opción errada,

mi camino despreciable.

¡Qué existencia angustiante!

-Pon la daga en mi cuello, no hay perdón… 

 

(La piedra y el rey).

 

Interesante propuesta la que contiene este libro, en el que Ernesto Kahan logra afianzarse en deslindes que no le conocíamos, y que permiten avizorar a un poeta renovado, que no le huye a la experimentación lingüística, y ha puesto su talento al servicio de una literatura que no es una simple acumulación de palabras que se las lleva el viento del otoño, sino una oportunidad para el valor y la consecuencia: pero más que eso, para el amor, la verdad y la vida.

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