A LA MUERTE DE MI HERMANO FLORENCIO

El pasado 6 de Julio del año 2017, entregó su cuerpo y alma a Dios, mi hermano Florencio Cotillo caballero, el segundo de diez de la familia.

Ha pasado seis meses de su partida, y se me entra el ansia loca de decir algo sobre su trayectoria profesional y recordar frases de lo que dije al despedirle en el Campo Santo de Los Jardines de La Paz de La Molina-Lima, minutos antes de su entrega al mundo final en que las circunstancias invitan a una meditación y evaluación de su rol entre los mortales.

Allí se dijeron las frases más hermosas recodando su paso por este mundo, tanto de sus amigos como de los hermanos menores. Unas muy sentidas y otras cargadas de dolor y nostalgia. Foncho, había partido de este mundo terrenal sin retorno como es el destino final de la especie humana.

 

VINO A CUMPLIR UNA MISIÓN

 

Y como colofón de esta despedida, antes de darle el postrer adiós, el penúltimo hermano, pidió permiso a la concurrencia y comenzó a decir: “Foncho, ha tenido un designio muy particular en su trayectoria por los senderos de la vida. Él vino, no como un ave de paso como ocurre con la mayoría de la gente, él vino a cumplir una misión desde su nacimiento en febrero de hace 95 años con un destino cuajado de ejemplos y obras de bien en favor de los más desposeídos: Uno, de constancia y trabajo, como ejemplo para sus hermanos menores; dos, estudioso y laborioso para progresar honradamente en la vida.

 

EL DEPORTE EN LA SANGRE

He inició su vida pública formando parte de una de las primeras promociones de la Escuela Normal de Tingua en Yungay; inició su carrera docente en el distrito de Cotaparaco, Provincia de Recuay donde introdujo el balón cesto en el magisterio; se trasladó a Yúngar, provincia de Carhuaz, donde también formó el mejor equipo magisterial del callejón de Huaylas. Igual actividad deportiva desplegó al trasladarse a la Escuela 367 “Eliseo Alarcón Robles” de Huaraz junto a Marino Suárez, Uldarico Salazar, Manuel Ramírez, Francisco Arteaga y otros más que resultaron “imbatibles” en el cesto.

 

AUTOR DEL MÉTODO PARA LECTURA Y ESCRITURA

 

Pero el mérito más grande, fue cuando creó su propio método de lectura y escritura al que lo llamó “Jaimito” donde los niños de Transición ya sabían leer y escribir el primer semestre. No había textos difíciles que leer para sus alumnos, incluido los diarios capitalinos.

 

PRIME INSPECTOR DE EDUCACIÓN

 

Era 1961, cuando el Ministerio de Educación le nombra Inspector de Educación de la Provincia de Sihuas, en donde pone las piedras angulares para una educación de competencia, a pesar de que eran solo tres los docentes con títulos de escuelas normales e institutos pedagógicos y el resto eran de tercera categoría.

Apenas llegó como fundador de la inspección de educación, visitó todos los distritos de la provincia y fruto de esta agotadora peregrinación fue su diagnóstico situacional que le hizo pisar terreno firme en el cumplimiento de su misión.

Se valió de los tres docentes titulados para encomendar a cada uno de ellos el dictado o práctica de la pedagogía y la didáctica modernas básicas de acuerdo al tiempo disponible de marzo, así como el burocrático llenado de documentos de los que están hechos los ministerios.

Y luego del trabajo arduo, llegaba la clausura del ciclo donde no faltaba el día de expansión como premio a la puntualidad y la asimilación de lo aprendido.

Hasta nuestros días y por las huellas que dejó en su tránsito por esta provincia, los maestros de antes y los de hoy, lo consideran “El mejor Inspector de Educación de todos los tiempos”.

Después de haber labrado buenos surcos, sembrado buenas semillas y en plena cosecha de frutos sazonados, Florencio Cotillo Caballero se trasladó a Yungay, donde siguió con el mismo ímpetu de trabajo productivo dentro del campo de la educación.

Faltando pocos meses para el fatídico sismo del 31 de Mayo de 1970, Cotillo Caballero, se trasladó a la Provincia de Huaral, departamento de Lima a ocupar la Supervisión de Educación cumpliendo a cabalidad su cometido.

 

AYUDAR A LOS DAMNIFICADOS DEL 70

 

Aquella hecatombe de dolor y muerte midió a los ancashinos por igual y los damnificados sobrevivientes, tuvieron que asumir su rol con desprendimiento y mucho coraje en la reconstrucción de las ciudades y los pueblos.

Fue entonces, que un grupo de familias yungainas, se ubicaron en los arenales de Huaral en esteras y sin los servicios básicos y lo más trágico, los niños en edad escolar no tenían donde estudiar, ya era medio año.

Uno de los líderes yungainos, tenía lejana referencia de que un señor Cotillo había trabajado en Yungay en el sector educación y él podría solucionar el problema. En efecto, se cargaron de valor y fueron a la Supervisión y se entrevistaron con la autoridad, quien muy solícito les ofreció fundar la escuela a cambio de que le presentaran la nómina de alumnos, lo que fue cumplido “más rápido que inmediatamente” con una lista de 90 párvulos.

Como se recordará, un supervisor equivalía a un ministro en provincias y como tal trasladó dos plazas de lugares donde no había “carga de alumnos”, y también logró alimentos para los damnificados, agua para las familias, luz para los hogares, etc. en coordinación con las autoridades de los demás sectores.

Si tuviéramos que seguir hablando de la labor cumplida por Florencio Cotillo, tendríamos que escribir una novela…

 

Hoy sus restos descansan en la paz del Señor…

Tuvo méritos y premios más que suficientes que testimoniaron su trabajo, estos provenían de autoridades, padres de familia y alumnos gratos, que encontraron en él, el bálsamo de consuelo, el paternal consejo de un amigo o la ayuda desinteresada de quien les tendió la mano en el momento preciso de necesidad.

Testimonio claro es sin duda, las Palmas Magisteriales que ostentó humildemente, junto a sus otros dos hermanos que también merecieron igual presea.

De allí que Florencio Cotillo Caballero vino a este mundo, no como un ave de paso, sino a cumplir una misión, y los cumplió con creces.

Hoy sus restos descansan en la paz del Señor…

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