COMENTARIO EN RECUADRO

MAESTROS ¡ENSEÑAD A RESPETAR LA VIDA!

Danilo Sánchez Lihón

El Perú es una maravilla universal. Así, somos el tercer país con mayor biodiversidad del mundo y poseemos alrededor del 10% de las plantas vasculares registradas, más de 25 mil especies. Son nuestras más de 1.850 especies de aves, nuestros 508 mamíferos, 408 anfibios y más de 4.000 especies de mariposas, además de un número considerable de muchas otras especies.
En nuestro territorio la vida aflora espontánea y generosa, se expande y canta en celebración de lo creado, sea en el mar, los lagos, los ríos; o en los suelos y en el aire. Desde cualquier rincón, grieta o resquebrajadura surge y brota incontenible el temblor de lo que tiene aliento y latido.
Sin embargo, lo digo con espanto, de niño entre mis compañeros un arma constante en nuestras manos ha sido una honda o huaraca, hecha de jebe con una lengüeta de cuero. Y a todo lo que era vida, con frecuencia la más mínima y asombrosa; la apuntábamos y disparábamos, casi siempre con una piedra filuda. ¡En contra de la vida que convertimos en blanco o bull de nuestras tropelías!
– ¡Y qué héroes nos sentíamos si matábamos algo!
Y me estremezco ahora de habernos ufanado de destrozar el pecho de un pajarillo en su propio nido, o de hacer pedazos a una lagartija que asomaba su cabecita alucinada entre las hojas de una penca; o a un sapo que salía a tomar el sol sobre una piedra en el arroyuelo. Y apresábamos saltamontes, libélulas, y secuestrábamos mariposas.
No me consuela saber que la conciencia ecológica no existía en aquel tiempo y sea una moral que se hace nítida en los tiempos recientes, porque antes todo lo que se movía y era la vida, inmediatamente nos hacía reaccionar y coger nuestra honda que a veces la llevábamos colgada a nuestro cuello, o cruzaba en bandolera nuestro pecho. Y matábamos solo para probar nuestra puntería.
¡Que eso jamás ya ocurra ni se dé rienda suelta a estos atavismos nefastos! Desterremos estas armas de nuestras vidas. Amemos y respetemos la naturaleza. Complazcámonos de cuando cantan las aves con sus trinos, de la vivacidad de la lagartija que explora, y de la maravilla de una rana soleándose en una piedra que sobresale en el manantial.
Seamos un pueblo que ama y aprecia la naturaleza. Y la defiende. ¡Maestros, padres de familia, autoridades, desterremos esas armas aparentemente nimias! Y mostremos la vida hasta en lo más breve como el excelso milagro y prodigio de la creación.

También te podría gustar...