A la muerte de un amigo:

LOS DOS PEONCITOS

¡Y pensar que cuando éramos jovencitos quinceañeros, vivimos intensamente nuestros primaverales años de juventud!.
¡Y pensar que hoy en que recuerdo, mi amigo del alma…mi wing derecho, mi acólito, está reposando en una caja mortuoria!.
No se sabe qué pensar. O es sueño o es prueba del cruel destino que nos pone a la vista estos pasajes de la vida entre el dolor y la muerte.
Hernán, con quien jugábamos fútbol en el Pedregal en un terreno inclinado y lleno de piedras en que cuanto más limpiábamos la cancha, más piedras salían…
En aquel entonces teníamos tiempo para jugar, estudiar, ayudar en casa a mamá, para escribir nuestras primeras experiencias literarias incipientes, e incluso había tiempo para hablar de nuestros amores platónicos, porque la “julanita” nos había regalado una miradita cuando íbamos a la fontana de aguas cristalina a cargar el líquido tan útil y necesario en el hogar.
Ese mi amigo Hernán, se me adelantó en irse con la parca…
Fue entonces que revisé en mi álbum de cromos mental, ¿qué importante hicimos en esta vida?
Y se me vino a la mente un hecho singular.
Estábamos de vacaciones y se presentó la oportunidad de trabajar como peones en la apertura de zanjas para enterrar los radiales para Radio Huaraz en los terrenos que hoy ocupa el Mercadillo de El Pedregal. No bien nos enteramos, “sobre el pucho” nos pusimos de acuerdo para trabajar. El jornal para entonces era fabuloso, dos soles cincuenta por cada zanja de 50 metros lineales y un metro cincuenta de profundidad
Hablamos con el encargado de contratar a los peones y por de pronto nos comprometimos abrir dos zanjas cada uno. Al ver nuestras “pintas” de trabajadores nos ofreció darnos los terrenos más suaves mientras que a los veteranos les daba las partes más duras del terreno.
Así fue, nos presentamos con nuestros picos y lampas y nos llevó hacia la parte baja de donde habían extraído tierra a fin de preparar adobes para el Museo Regional que en principio designaron un área en El Pedregal.
¿Cincuenta metros? Para mí es “papaíta” en una hora es “pan comido”. Y empezamos con tal furor y en menos de media hora, ya habíamos abierto diez metros de zanja, pero para nuestra mala suerte cada vez que avanzábamos, la tierra suelta se desmoronaba y lo desaparecía la zanja recién abierta. Estuvimos en este plan casi dos días y el capataz encargado de vigilarnos comentaba “estos lerdos”, no avanzan tan pequeña cosa.
Entonces le dijimos: Oiga, si usted abre un metro de zanja, le juro que le doy los cinco soles que me iba a pagar, más de vendaje, mi almuerzo y mi poncho de lana de vicuña…para que en eso se despierte.
De buena gana nos reímos, mientras que el susodicho, se fue mascullando lisuras.
Lo cierto es que antes de fin de semana entregamos la obra a “satisfacción de las partes” con los radiales (alambres de cobre) enterrados y empatados a la antena central.
Ese día permanecimos hasta que prendieran los trasmisores de onda corta y onda larga de “Radio Huaraz”, la primera emisora de Ancash y cuando bajábamos por el Jr. Francisco Solano con pico y lampa al hombro, en todos los hogares sintonizaban “Radio Huaraz” y era “Pastorita Huaracina” la que inauguraba los diales de los receptores.
Nancho y yo con nuestras lampas y picos bajábamos por todo el trayecto, orgullosos de haber contribuido con un “peñón” de nuestro sudor y el esfuerzo de nuestras herramientas al progreso de nuestra ciudad. ¡Qué alegría…qué dicha! Sentíamos. Y cuando nos mirábamos a los ojos, estos se humedecían de contento.
Cuando en repetidas veces fuimos a cobrar nuestro jornal, siempre el encargado se negaba a recibirnos o nos ofrecía pagarnos el sábado que nunca llegó. Al final tuvimos que conformarnos escuchando la primera emisora de nuestra Tierra en sus diversos programas y más aún, cuando el administrador y primer periodista radial de Huaraz tomaba el micro, don Renán Carranza Zaravia, hombre que hizo mucho por su tierra, pero a quien muy pocos lo recordamos.
Radio Huaraz, dejó de emitirse hace varios años y hoy tú, amigo Nancho te adelantas dejando una tristeza infinita en mi corazón. Me estoy quedando solitario y mi desconsuelo es que cuando yo muera ¿quién me llevará en sus hombros allí donde estás tú?.
Huaraz, Marzo 7 del 2018

También te podría gustar...