COMENTARIO SOBRE EL LIBRO:

“TUMBA LÍTICO-SUBTERRÁNEA DE JANCU”

Nelly Villanueva Figueroa

El autor del interesante libro, de carácter histórico-pedagógico, es el distinguido investigador huaracino de nivel internacional, JAVIER DÁMASO COTILLO CABALLERO, más conocido en Latinoamérica como JACO, sigla proveniente de las primeras sílabas de su nombre y apellido, Javier Cotillo. Se trata de un informe testimonial sobre un hecho real e impactante, ocurrido el 1° de febrero de 1969: El descubrimiento de un vestigio arqueológico dejado por nuestros antepasados, como prueba de su existencia y quehacer cultural, en nuestro territorio.

Por ser un estudio directo y vivencial, no tiene bibliografía ni referencias externas; pero su contenido revela, amplio conocimiento del autor sobre la Cultura Recuay, fundamento de las interpretaciones que hace de los elementos encontrados.

La Cultura Recuay se estableció a lo largo del Callejón de Huaylas, entre los 200 y 600 años d.c., caracterizándose por edificaciones subterráneas, litoescultura y cerámica particular, con asa puente y asa estribo, motivos geométricos y figurativos, representaciones antropomorfas, zoomorfas y estilizadas.

Un prolegómeno precede al prólogo y a la introducción: La Resolución de Reconocimiento de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ancash, como “Personalidad Meritoria de la Cultura” y por tanto, voz autorizada para sustentar la veracidad del escrito y la autenticidad del patrimonio hallado que hizo entrega, en su integridad, al Museo Arqueológico de Ancash.

El prólogo está a cargo de la estudiosa de la Cultura Recuay, Denisse Katherine Herrera Rondán, quien afirma que el libro pasará a la historia, como un insustituible material de investigación. En efecto, la obra es una entrega material e intelectual que prueba el desarrollo de una cultura propia en nuestro suelo. Por la trascendencia nacional y por el aporte significativo del hallazgo, la obra está dedicada a nuestra Patria.

El mismo autor presenta el libro, con una alegoría a través de velas: “Buscando la luz de nuestra historia…”, para hacernos entender que no importa estar sumido en la oscuridad de la visión, cuando se mantiene la mirada clara del corazón, para develar los misterios de la sabiduría ancestral, resguardados, admirablemente, pese al transcurso del tiempo y a los efectos de los fenómenos naturales.

A lo largo de tres capítulos, JACO presenta su testimonio, con palabras, fotografías y grabados. En cada capítulo se inserta un pensamiento.

El Primer Capítulo, denominado Generalidades, comienza con esta reflexión: “Quien no tiene historia no tiene presente, quien no tiene presente, no tiene futuro.” Es una invocación a recuperar nuestra identidad ligada a los WARAS que se asoman al presente, para ayudarnos a construir nuestro futuro.

En esta parte, Javier Caballero nos explica por qué el nombre de “tumba” y de “líder, la ubicación geográfica de Jancu, a 12 Km, al Este de la ciudad de Huaraz, como también la ubicación cartográfica y cronológica de la tumba. Con mucha emoción, el autor cuenta qué le llevó a Jancu y cómo se comprometió con la comunidad y luego con el Comité de Gestión, presidido por el señor Juvencio Rosario Bustamante, a construir una escuela, para evitar que los niños estén expuestos a recorrer largas distancias y sufrir inclemencias, al acudir a escuelas, fuera del lugar. Empezaron este trabajo auspicioso, acomodando una casa abandonada; con tablas y adobes hicieron las carpetas, con piedra oscura la pizarra y con piedras calizas al fuego, las tizas. La meta era atender a alumnos de todas las edades: niños y adultos.

Pensaron construir la escuela, en el terreno de 450 m2, donado por la Sra. Herminia Lina viuda de Mendoza. La solidaridad andina siempre estuvo presente, con la voluntad de acotar 20 centavos cada uno y no 20 soles, como creía el profesor. Posiblemente este apostolado de maestro voluntario, nuestros milenarios abuelos, le premiaron y le entregaron la misión de descifrar sus mensajes para la posteridad.

Sin embargo que no es una obra literaria, sino histórica, la estética no está ausente, como en estas expresiones:

El silbato rasgó los cerros, reproduciendo su eco”

“Cinco ángeles hurtaron de mis labios una gran sonrisa”

“Por la noche, los padres de familia dejaban el arado, el pico y herramientas, para pulsar el lápiz y dibujar una letra temblorosa que se disimulaba entre la escasa luz que proyectaban los lamparines de kerosene y mechas.”

El segundo capítulo, denominado Evidencias, comienza con este pensamiento: “Cuando las cosas están a la vista, no son necesarios los ojos.” Con prolija minuciosidad, el autor nos presenta el inventario. Tanto literal como gráfico, de los elementos encontrados:

* 3 osamentas, correspondientes al líder y a los guerreros del sol y de la luna.

* Una lámina de oro, como penacho en la cabeza del líder, símbolo de poder; fatalmente, esta lámina está desaparecida hasta ahora.

* 15 ceramios ornamentales, tricolor.

* 2 ceramios utilitarios, de arcilla simple, probablemente u candelabro y una hornacina, encontrados en la escalinata.

* 2 piezas líticas de macana, al pie de los esqueletos de los guerreros.

Lo admirable es el orden y la agrupación de tres, cuya explicación sería la siguiente:

* 3 ceramios tipo retratos, correspondientes a 3 personajes: Líder al centro, flanqueado por los guerreros del sol y de la luna, identificados después, con los colores, rojo ladrillo, amarillo y blanco hueso, respectivamente.

* 3 ceramios representativos de la infancia del líder y de sus servidores.

* 3 ceramios representativos de la adultez de los personajes.

* 3 ceramios representativos de la muerte del líder.

* 3 ceramios relativos a la etapa posterior a la muerte del líder.

Toda esta descripción detallada, corroborada por los ciudadanos presentes, se complementa con la narración de la entrada triunfal de los pobladores de Jancu, al barrio de la Soledad, el 20 de febrero de 1969, portando sus tesoros, para su posterior exposición en la Biblioteca de la Municipalidad Provincial de Huaraz.

En el Tercer Capítulo se realiza el Análisis de las Evidencias, tanto individualmente como en conjunto.

Este acápite está introducido con esta recomendación: “El conocimiento científico no debe ser complejo, debe tener la sencillez y claridad de la naturaleza”, gran lección para los maestros y especialistas que no deben oscurecer sus enseñanzas.

En este capítulo, JACO, apelando a su memoria, imaginación y sobre todo a sus conocimientos que deben haberle demandado mucho tiempo, paciencia y constancia, nos da explicaciones sobre la entrada tapada con una laja, entrada en forma cilíndrica, resistente a la fuerza gravitacional. Habla también sobre la escalinata, el pasadizo camuflado con otra laja, el atrio, las hornacinas, las cuadrículas y demás estructuras.

Javier Cotillo hace interpretaciones de los ceramios, cuyos dibujos hablan con un lenguaje no lingüístico, entendible con un esfuerzo de concentración y acercamiento afectivo.

Como sabemos, de acuerdo a la cosmovisión andina, la vida continúa después de la muerte. Cuando el líder emprende el viaje al más allá, va acompañado de sus servidores. Por eso, el líder se convierte en ave y está en actitud de volar. A los costados, están las cabezas de sus guerreros, representados por felinos que han trasmutado de otros ceramios. Muerto el líder, probablemente ocurrió un eclipse de sol. Por esta razón el artista andino representa el asombro y la posición rígida de la zarigüeya o muca. Los ceramios globulares al costado, botellas silbadoras que producen sonidos lastimeros, representan dos reacciones del pueblo ante lo inesperado y pavoroso: Una parte pide clemencia y ofrece el sacrificio de una niña para aplacar la ira de los dioses (Las garras del felino están sobre la cabeza de una niña desnuda para ser devorada. La otra parte se muestra indiferente, sin involucrarse en el problema. (Cabeza volteada del zorro).

Las demás interpretaciones debe encontrarlas el lector que adquiera este valioso libro. El comentario que se hace, sólo es una motivación para despertar la curiosidad. Lo que no se puede dejar de mostrar es la figura mimetizada de ave y felino al mismo tiempo, dependiendo del enfoque de percepción y del código de anillos: Dos para el ave y uno para el felino. La agudeza de observación del autor nos lleva a ver en las figuras geométricas, a base de triángulos rectángulos, las estaciones del año y las fases lunares, como también a descubrir en el rombo, la cabeza de serpiente.

En un afán de salvaguardar la herencia cultural, JACO hace la réplica de la estructura de JANCU, en una maqueta, desde la entrada hasta el interior del espacio principal, haciendo notar la forma de culebra estilizada que envuelve a la tumba, en señal de protección.

Con apoyo del artista plástico Ricardo Pérez Paredes, nos entrega ideografías y dibujos de los personajes redivivos. Por ejemplo, la pintura suprarrealista sobre el apocalipsis del mundo Recuay y la reproducción imaginativa de la vestimenta del líder y de los guerreros.

Luego de estos tres capítulos, encontramos diez Conclusiones que sintetizan toda la exposición anterior. Para demostración, incluimos sólo dos:

Los calificativos de mausoleo, sepulcro, sepultura, arquitectura, nicho y cámara no son aplicables para la Tumba de Jancu, pues el vestigio es una tumba, es subterránea, es de piedra y está en Jancu; por estas razones su denominación es “Tumba Lítico-subterránea de Jancu.”

Se ha denominado “Líder” al personaje principal sepultado en la tumba; este “adjetivo genérico” reemplaza con propiedad los errores de llamarlo señor, curaca, cacique, sinchi o mayta.

Finalmente, el autor adjunta Anexos: el inventario original, publicaciones de la época y diversos documentos, como fuentes de veracidad de todo lo dicho.

Han transcurrido 49 años del descubrimiento y creemos que no termina la aventura, porque falta profundizar los estudios y difundirlos, sobre todo difundirlos. JACO deja la semilla y contagia su entusiasmo. Si obra como él mismo dice, es un insumo perfectible. Hace falta relacionarla con la educación y con el turismo, pasar de la práctica de campo a la teoría social, para valorar mejor nuestro patrimonio y extender sus posibilidades y perspectivas y así, cumplir cabalmente con el objetivo del autor: Dar una morada afectiva y local a lo que significa Jancu, para los huaracinos en particular y para los peruanos en general. JACO expresa su deseo de ser un colibrí, que volando. Volando, una a todos, en un solo corazón de amor.

Es necesario, también, ver la fisonomía actual de los pobladores de Jancu y ubicar a este Centro Poblado, dentro de una visión integral de nuestra historia antigua.

En cuanto a la forma, destacamos el azul del cielo huaracino, para la carátula del libro y la publicación elegante en papel cuché. Sólo henos encontrado algunas faltas ortográficas que las atribuyo a errores de impresión y no al autor, que, desde un inicio de la redacción, demuestra conocimiento de la semántica y gramática castellana.

Toca ahora hablar del AUTOR: JAVIER DÁMASO COTILLO CABALLERO, un hombre extraordinario, nacido en Huaraz en 1941, excelente declamador. Muchos lo recuerdan declamando su propia prosa poética “El Día que robaron el Sol” Profesor de Primaria y Catedrático, ha dedicado toda su vida a la educación.

En las contratapas están sus méritos, a los que agrego estos datos no consignados:

Ha recibido la Palmas Magisteriales, a manera de reivindicación, ya que las rechazó durante el Gobierno Dictatorial de Fujimori, demostrando coraje, liderazgo y grandeza humana.

De personalidad múltiple: Escritor, poeta, cuentista, historiador y arqueólogo. Su vida es un paradigma para todos, sobre todo para los jóvenes.

En el 2005, la Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología y Cultura del Congreso, lo reconoció como AMAUTA. En el 2012, la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ancash, lo reconoció como “Patrimonio Cultural Vivo de Ancash”.

Es uno de los fundadores de SUAL, Sociedad Universitaria de Artistas y Poetas, de la cual fue su primer Presidente.

Su vocación social se inició en la Universidad Villarreal, donde promovió la creación de la Escuela Cultural Peruana, con internado para 160 niños de la calle, comedor, 3 aulas y biblioteca, con el único requisito de querer estudiar. Esa vocación social se volcó en Jancu como hemos visto. 47 padres de familia, por turno, le atendían con la alimentación, por ser Profesor Voluntario, es decir, sin remuneración.

Entre otras, es productor de las siguientes OBRAS:

* Novela “Don Cantalicio”, premiada en 1996, por la Facultad de Literatura de la Universidad de Guadalajara-Méjico. La obra, dedicada a su padre, recoge costumbres y anécdotas de la defensa de Tacna y Arica.

* Ensayo “Nuevo Esbozo para la Orientación Vocacional” que, en 1995, mereció el Premio Horacio, de la Derrama Magisterial.

* Poemario “Páginas en Blanco” en “castechua”. Fue distinguido en Chiquián, como “Amauta del Perú Eterno”, maestro con amor a los niños, coherente ente lo que dice y lo que hace.

* Relato “El Origen del Cajón”

* Cuentos como “Zumba … Mi Trompito Lindo”, “El Osito Tatuta”, “Columpiando Sonrisas” y otros que enseñan el valor del honor, de la dignidad, de la capacidad de salir adelante por uno mismo, con trabajo, constancia y fe.

* Ha sido antologado por Escritores Latinoamericanos en Méjico, por sus conmovedoras composiciones, “La Revelación de Nené” y “Vallejo tiene Frío”.

Estamos ante un hombre fuera de serie, muy conocido en nuestro continente y para orgullo nuestro, huaracino. Para él, todo nuestro cariño y nuestro aliento permanente.

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