POEMAS DE ROSA MORALES GARCÍA A CESAR VALLEJO (*)

CARTA A CESAR VALLEJO

 

Préstame tus piernas:

¡César vallejo!

Para llegar lejos.

Préstame tus piedras

para ser camino,

pues de Continentes,

río subterráneo del amor

que siempre desplegaste

 

Préstame tu voz,

para pintar las paredes

con tu ternura,

el agua clara de tus ojos,

el revólver

que nunca usaste

para construir

el planeta que tú querías.

 

Hazme un libro,

pon tu espíritu

n mi mano.

¡Todos los niños de Mundo

uníos!

para descongelas los pies

de la alegría

de los niños del altiplano.

 

Yo diviso

mi querido César,

la marcha de los Republicanos

en las Españas

de nuestros pueblos,

llevan enarbolando

ayunados todos,

tu oración trenzada,

tu pañuelo de acero

tu profecía después

de nuestras muertes,

tu utopía llena de fe,

que dispara versos

sangrantes de cielo vivo.

 

Después de tanta noche

cruenta y larga (dilecto Amauta)

los rayos de tu presencia

cultivaremos

Tu escuela Heráldica.

los signos de tus semillas.

La puerta a esta cumbre

serán tus libros, tus meditaciones,

el vino de gloria

que avizoraste,

y seremos tus brazos

iluminando esta lucha

con el sol contundente

de su poesía.

 

Préstame tu MASA (Urgentemente)

¡César vallejo!

un abrazo fraterno, agradecido,

de tu discípula y colega

que también arma al hombre

y a la tierra.

 

INMORTAL HERMANO

 

César

No estás

pero nos hablas

con el acento pronunciado en tus batallas

con el idioma de amor entre eucaliptos,

jilgueros y retamas

con unas palabras que levitan

como piedras de revelaciones

con un ritmo de río y de pecho

cardiaco andino

 

No estás

pero caminas

de frontera a frontera

donde combaten los índices, pulgares

y meñiques del universo,

de escuela a escuela, donde se cultiva

el hombre de cada sueño

de París a Santiago detrás del vuelo

de la bandera victoriosa.

 

No estás

pero brindas con el corazón

en la copa de todos

los hombres

por la salud de los niños

que volvieron a ser niños

por la brasa que esculpió en tu frente

el puño de los obreros

por la boca que canta primaveras

debajo de los inviernos

por el pan de tu paladar

que puso los tiernos ojos de tu madre.

 

No estás

pero amas

la caligrafía de los pies alegres

el vino que golpea en la puerta de los pobres

el silbido de las vicuñas

que miden

el peligro

la nieve que descansa

sobre las casas

donde se cobijan camaradas.

 

No estás

Pero no te has ido

del predilecto espacio de las bibliotecas

de las escuelas, de las ferias alegres

de las conferencias que alumbran

gremios y sindicatos

del sermón sincero que galopa

por montañas y linderos

del hábito de Francisco

de las sandalias de Marx

del martillo de José

del arado de los Discípulos

que traducen todos tus idiomas.

 

César

No estás

Pero nos sigues escribiendo

cada lectura nueva de tu obra

ilumina la dirección de nuestros pasos

la dirección de nuevos besos y anrazos

la construcción de tu organismo

donde estarás de espíritu

palpitando.

 

***

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