UNA NIÑA PRECOZ

Una madre que siempre arrullaba a sus hijas, un día le cantó a una de ellas:

 

Arroz con leche,

me quiero casar

con una señorita

de Portugal.

que sepa bailar,

que sepa jugar

que sepa abrir la puerta

de San Nicolás,

con esta sí…

Y de este juego, parecía que todo había quedado en una demostración amorosa de la madre.

Una tarde de arrebol, llegó de visita una de las tías de las niñas y encontró a la mayorcita de dos años jugando en la cama con saltos, vueltas cual atleta consumada.

-Hola, Karinita, le dijo la visitante.

-Hola tía, respondió la niña.

-¿Ya has cenado?

-Sí.

-¿Qué cosa has comido?, preguntó la tía.

-¡Me quiero casar!, fue la respuesta contundente de la niña.

La tía no salió de su asombro y no sabía cómo festejarlo, pues la niña había comido “arroz con leche”.

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