CRONICAS BAHIANAS EN TIEMPO REAL…SAN ROQUE NOS PROTEJA

Por. Enrique Tinoco

                   (Desde el Brasil. Especial para Tiro al Bull)

El once de agosto se celebra el día de San Roque, en este caso Roque de Montpellier (1295 – 1327), patrono de los cirujanos, protector de los inválidos y, en algunas regiones, protector del ganado contra enfermedades contagiosas; según la tradición peregrinaba Europa dedicándose, principalmente, a la cura de los infectados por la peste, parece ser que fue preso acusado de espía, sin revelar su identidad habría muerto tras largo periodo de reclusión; su devoción se origina durante la peste de 1477, cuando se fundó en Venecia una cofradía con su nombre (Confraternità o Scuole di San Rocco), que se dedicaba al hospedaje de enfermos de peste, fomentando la devoción del santo y construyendo capillas y más centros de acogida por toda Italia. Fue canonizado en 1584, siendo el 16 de agosto dedicado a él.

En esta terra brasilis, las naciones africanas esclavizadas, mantuvieron su religión y para contornar la represión adoptaron para sus orixas la identidad de los santos católicos, proceso conocido como sincretismo. Según la cultura Iorubá en esta época, agosto, se celebra Obaluaiê, sincretizado con San Roque.

Obaluaiê, es hijo de Nanã y Oxalá, habiendo nacido lleno de heridas y marcas por todo el cuerpo como señal del error cometido al engendrarlo, pues Nanã sedujo Oxalá sabiendo que era marido de Iemajá; Nanã, viéndolo así, lo abandonó a la orilla del mar para que al subir la marea lo llevase, Iemanjá lo encontró, casi muerto y mordido por los cangrejos, tuvo mucha pena y lo llevó con ella hasta que se curó, pero las marcas de las heridas no desparecieron, por lo cual él siempre se cubrió con paja de la cabeza a los pies; aprendió con Iemanjá y Oxalá como curar graves enfermedades; así creció, siempre cubierto de pajas, taciturno, serio y hasta malhumorado; cuenta la tradición que al pasar por una aldea pidió comida y agua, pero los habitantes, con miedo de su aspecto, no solo no atendieron su pedido sino que lo expulsaron, ocurrió que el sol calentó y quemo los plantíos, las mujeres quedaron estériles, los niños tuvieron viruela y los hombres diversas enfermedades, creyendo que esto tenía como origen la maldición del viajero, lo buscaron, pidieron perdón y socorro, entonces, usando los enseñamientos de Iemanjá y Oxalá, socorrió la aldea, que lo adoptó y le rindió culto; siguiendo su peregrinación llegó a su tierra natal, donde se celebraba una fiesta a la cual, con vergüenza de su aspecto, no entró, limitándose a espiar por unas grietas en la pared, ocasión en que Iansã, diosa de los vientos lo vio y, con sus vientos levantó las pajas, dejando al descubierto el bello hombre que había, sin cicatrices ni marcas; danzaron toda la noche y, a partir de ahí se unieron contra el poder de la muerte, de las enfermedades y de los espíritus de los muertos, evitando las desgracias entre los hombres. Este es el orixá que los afro brasileiros sincretizaron con San Roque (es oportuno anotar que papeles semejantes son atribuidos a al orixá Omolú e, inclusive a Tempo, así como, en varios casos el sincretismo es con San Lázaro…pero eso sería motivo de un abordaje más amplio, que no esta crónica). Ayer tuve el privilegio de asistir a una fiesta en su homenaje.

No sé si Obaluaiê/San Roque puede protegernos de las plagas de este proceso de crisis institucional, pasible de ser acompañado “en tiempo real”, casi al minuto de la ocurrencia de los hechos.

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