EL VALOR DE LO QUE SOMOS

A MODO DE CONFIDENCIA Y REFLEXIÓN

 

Danilo Sánchez Lihón

 

Hay ganas de volver,

de amar,

de no ausentarse.

César Vallejo

 

Soy extranjero en este mundo,

viandante que ha recorrido

en vano la tierra, del orto al ocaso,

en busca de su suelo natal,

sin haber visto a alguien que lo conozca

o de él haya oído hablar.

Gibran Jalil

 

  1. Las cumbres lejanas

 

Para ser en el mundo afiancemos nuestra identidad, esa línea honda y suprema del perfil nítido de los cerros, que como una corona rodean nuestros pueblos nativos, cuando amanece.

Identidad del mundo andino que es adobe que acoge, con puertas y balcones de brazos abiertos, aleros y tejados que dan la bienvenida y abrigan.

Que es hilo de colores que se trenza y amarran en cualquier horqueta, como en el cuello de ovejas, chivillos y vicuñas de las majadas. Identidad que son ríos cristalinos que bajan de las montañas. Y es el pozo de agua, el liquen de sus bordes y la libélula que revolotea anunciando carta, o de que alguien llega.

Identidad que es reconocer que estamos hechos de piedra, de cielo y de la luz que surge de los abrojos y hasta de los abismos

Que es la flor del alhelí prendida en tu trenza, niña mía del alma. Que es reconocer el aroma de las flores de las colinas. Que es mirar los techos y las cumbres lejanas.

 

  1. Amigo del alma

 

En donde yo quisiera rescatar como mensaje para la juventud de ahora que, en vez de huir a los guetos de cualquier lugar del mundo, decirles que tenemos aquí una tierra de promisión, como son nuestras serranías en donde hay tanto por hacer. Espacios muchos de ellos deshabitados y por poblar; en donde poner una cuota de valor y sacrificio para redimir a nuestro querido país.

Pero, además, a quienes se van y a quienes nos quedamos decirles: hagamos las cosas bien. Seamos sensatos. Este es un país maravilloso. Hagamos las cosas bien, que cada quien cumpla su tarea con esmero y entusiasmo, con sentido de servicio a los demás.

Que depongamos odios, rencores y que antepongamos el bien, ante todo. Que el bien sea nuestra esencia, y el trato de intercambio. Que el bien sea lo que nos distinga, lo que nos defina e identifique. El bien, ese infante de nuestras moradas, calles y plazas. El bien, ese amigo del alma.

 

  1. El capulí tierno

 

Y en cuanto podamos regresemos al encanto de nuestros pueblos entrañables. Donde la placita muestra su pecho valeroso en lo alto de la colina. Y las calles se hunden en los bajíos o se elevan hacia las cumbres.

Donde el sol se posa ensimismado en el balaustre del balcón. Y el tiempo antiguo y nuevo se columpian absortos en la baranda de la escalera de nuestros pueblos recónditos. Hacia allí vayamos

Donde son tranquilas las voces íntimas y entrañables de los seres queridos que se afanan encendiendo el fogón, contentos porque hemos vuelto. Y hay un destello de luz en sus pupilas.

Donde yacen extendidos para aliviar y proteger los ocres tejados bajo la luz del sol. Como yacen extendidos en la mesa de la casa nativa el pan, la leche y la miel. Y los higos maduros con queso, las humitas y los choclos humeantes, las habas verdes. ¡Y el capulí tierno y en flor!

 

  1. integración de aportes

 

Donde reconozco que ¡esta es mi plena y cabal heredad! Donde reconozco que este es el mundo que tengo que defender.

Que es ante esto y por esto que no nos dejaremos avasallar. Ni por la molicie ni por la dominación que impera desde afuera, ni por los modelos que nos endilgan los medios de comunicación. Que más bien hagamos que ellos contengan y difundan lo nuestro.

Dado que el mundo actual no tiene por qué estar hecho ni basado en el predominio de un modelo hegemónico, sino en la integración de aportes venidos de diversas latitudes.

Como el hombre del ande, que se alegra y es solidario, generoso y humano, superando miserias que le han impuesto la infamia del abusivo, la rabia y el odio del procaz y malvado.

Infamia, primero del conquistador. Luego del patrón, del gamonal y encomendero.

 

  1. De pie y avanzar

 

Luego de un país invasor, títere de la codicia propia y extranjera. Y después de los agentes de la explotación en aras del capital.

Pero, aun así, somos, ¡existimos! Y, por ser la situación de ese modo, ¡no renunciemos a lo que nos define e identifica, sino revaloricemos lo nuestro.

¡Amémonos y sintámonos orgullosos de lo que somos! Y avancemos más en tareas y aspectos de organización.

Si no, ¿por qué se hacían invencibles los ejércitos incas? Porque detrás de los runas de piedra que caían se levantaban otros más agigantados y más fortalecidos.

Aquí, entre nosotros, debe ocurrir lo mismo o algo parecido. Cuando alguien se va de los nuestros otros que estaban detrás casi imperceptibles, se han de poner de pie y avanzar con mayor firmeza a ocupar esos puestos, y a trabajar con más ahínco.

 

  1. Lo complejo  y lo íntimo

 

Claro, aceptémoslo así; porque también eso es cierto: Apenas somos una gota de agua en un mar inmenso. Pero ese mar nunca será el mismo sin esa gota de agua fidedigna en su seno o en su entraña.

Por eso mismo, obliguémonos a afirmar la vida aquí y ahora, rescatando el valor de lo que somos. Y de lo cotidiano, porque es hermoso y porque el hombre deposita lo mejor de sí mismo en los actos simples, modestos y callados. Plenos de fortaleza, de vigor de lo que es nuestro. ¡Sin apropiarnos de nada que sea ajeno, con la ecuanimidad de reconocernos todos hermanos!

Por eso mismo, defendamos que el hombre nunca deje de ser único, individual e intransferible, oponiéndonos a un mundo que intenta hacernos homogeneizados, convertidos en una masa de consumo sin lo auténtico, lo complejo y lo íntimo.

 

  1. Hacia el porvenir

 

Y en donde propongámonos hacer una literatura con la cual regresen los hermanos que se han ido lejos; proclamando y alentando desde aquí una nueva, fresca y pura corriente literaria que resalte lo entrañable, en oposición a aquella literatura “light” y de la globalización.

Donde ahondemos más en la búsqueda de lo que somos, en nuestros orígenes, en nuestros antepasados, en el ancestro lleno de esplendor del cual somos herederos, arraigando más en lo propio, afincando en lo que nos es genuino y particular.

Porque si hiciéramos lo contrario, si rompiéramos con nuestras raíces seremos una pobre brizna despreciada hasta por el viento.

Resistamos el dominio cultural esparcido por todo tipo de medios. Seamos auténticos. Porque es eso lo que nos hace valer como cultura, como país y comunidad en el mundo y hacia el porvenir.—

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