PUEBLOS MÁGICOS Y RECÓNDITOS

Danilo Sánchez Lihón

 

Quién de hinojos como yo

con gran fervor implora

confundir nuestro destino

con los lazos irrompibles

del cariño y del amor.

Canción escolar

 

  1. Las campanas con sus repiques

 

Los pueblos andinos, mágicos y misteriosos, constituyen un tesoro y un arca preciosa.

Defendamos su fisonomía propia, su personalidad amenazada y su conmovedora identidad.

He aquí su plaza: la altitud perfecta de sus techumbres, el volado exacto de sus aleros.

He aquí la inmensa armonía de sus balcones y sus paredes arrobadas en el alba, sumidas y ensimismadas bajo la sombra de los arcos de piedra, unidas de cal y canto.

He aquí las torres ladeadas de sus iglesias, ya con el brillo del sol en sus paredes de adobe. Oblongas por el estuco blanco que las campanas con sus dobles y repiques han desmoronado en sus vértices.

 

  1. El sol y la luna

 

Caminemos por esta calle de portones añejos y ventanas ojerosas y que lucen hacia adentro patios empedrados.

Los corredores bajo los aleros son de ladrillos bermejos y hacia abajo en el centro entretejidos de exangües piedras del río.

Redondas y pulidas porque han rodado desde las cumbres hasta las orillas cercanas del río de donde han sido recogidas de allí el rumor que guardan en sus entrañas.

Son de una hermosura sin par las casas sobre sus cimientos de piedra, con árboles de distintas penumbras, aromas y colores; sombreados los muros y las veredas tendidas corren extasiadas a su vera.

Por eso, aquí se posan y vislumbran el sol y la luna con plena certidumbre, evidencia y magnificencia.

 

  1. Una bandera hecha jirones

 

Desde estas baldosas, bajo el dintel y sobre el umbral gastado de estas puertas, salieron al alba para no regresar.

Lo hicieron quienes decidieron con pleno convencimiento salir a defender su tierra atacada por un enemigo codicioso y voraz en una guerra infausta.

Fueron a ofrendar sus vidas luchando por defender esta heredad y sus ideales bajo el emblema de una bandera que hizo que el viento y no ella se rasgara hecha jirones.

Sus tejados han sido levemente removidos por el furor amoroso de las aves que los cimbran y ladean.

Y por las lluvias inclementes, ahítas por caer y fecundar la tierra.

 

  1. Tras las ventanas

 

Los balcones se prenden a las paredes como nidos que imitan los pechos albos de una adolescente, turgentes y expectantes, cual dos palomas extasiadas.

Los zaguanes están hechos de laja labrada.

¿Oyes las guitarras que aquí gimieron de amor y sus notas han quedado desveladas en sus trastes y nervaduras?

¿Y, cómo ingresan allí y puntean sus acordes las mandolinas que hacen sumergirse el alma en la más lacerante lejanía?

¿Y, la niña silenciosa que asoma por el corredor de arriba? ¿Por dónde camina, juega o se esconde?

 

  1. Así siento

 

He aquí las piedras de sus calles por donde han pasado tantas procesiones y desfiles, como también lentos ataúdes camino al cementerio.

Las calles retorcidas, junto a las acequias, no son así porque sus fundadores no supieran templar un cordel ni trazar una huella rectilínea.

Se han cimbrado, o han quedado así porque han querido seguir el curso de los gritos de triunfo, como de los lamentos y despedidas.

Y del agua que corre por la orilla. Y para domeñar el viento, no dejando que su furor o frialdad arrase o se cuele por las ventanas.

Tampoco puedo apartar de mis ojos el perfil de las malvas en el muro de adobe y en tus tejas de arcilla.

 

  1. Moras y capulíes

 

Tras las ventanas quedan las miradas transparentes de las mujeres que escucharon las serenatas.

Ellas no han muerto, sino que aquí viven para siempre.

Nadie se ha ido y todas están pendientes de las notas que surgirán después de aquellas que ya flecharon sus corazones.

Todas ellas están palpitantes tras el arrobamiento de estos postigos.

En tanto, entremos y veamos los balaustres de los corredores, del escalón y hasta la mueblería de la sala, el comedor y la cocina.

Desde el interior de las tapias de los muros viejos y torcidos invaden con su olor los huertos llenos y cargados de duraznos, limoneros y granadillas.

En el suelo unas tiernas moras y capulíes que han madurado en las ramas, yacen suspendidos.

 

  1. Por ser cómo eres

 

Es porque los pájaros que aquí retozan en amoríos, arrebatos y furores, asustados los han dejado caer a medio picotear y a la deriva.

Son estos hierbajos del muro quienes podrán contar mejor la historia y hacerle frente a todo olvido.

No, no los arranquemos, afinemos más bien los oídos confiados, reverentes y ungidos a escuchar sus testimonios y confidencias.

Y tampoco no los defraudemos yéndonos tan lejos sin regresar hasta ahora.

Sin volver un día entrando por esa puerta y quedándonos extasiados escuchando las voces de la infancia y los quereres que se dieron y que fueron los más puros.

Y por ser así como eres siento cómo el mundo se arrodilla a tus pies, para adorarte, ¡oh tierra mía!

 

FUENTE: Blog de NALO Alvarado Balarezo: “Chiquián y sus Amigos”

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