EL VALOR DE LAS NUEVAS MEDALLAS Y TROFEOS

Los huaracinos cargados de años y acostumbrados a escalar cuestas, recuerdan con nitidez meridiana, un pasaje de honor sucedido en estas ríspidas tierras.

Sin entrar en muchos detalles, les cuento que el Director de un diario local fundado hace más de un siglo, pero que dejó de circular cuando tenía 78 años, tuvo como primer Director al periodista Navarro, venido de suelos iqueños.

No se sabe por qué, publicó en primera plana y a grandes caracteres que “Julano de tal es un ladrón”…

Para muchos era una noticia bomba, porque el aludido era un caballero a carta cabal y de una sólida moral incapaz de apoderarse de lo ajeno.

Los bandos de críticos se dividió, unos a favor y otros en contra de la noticia.

Llegó un domingo y como era costumbre a medio día, se volcaron al templo a escuchar misa. El aludido “Julano”, antes que termine el acto religioso, salió al atrio y esperó pacientemente a que el periodista, salga.

En efecto, apareció rodeado de sus admiradores y de pronto, “Julano” se interpuso en su camino y con voz potente preguntó al periodista: ¿Con que yo soy un ladrón…?

Sacó del cinto un revólver, descargó tres certeros tiros y luego desapareció en medio de la gritería del público.

Hasta hace poco, así se lavaba el honor con sangre y coraje.

Hoy en día, las cosas han cambiado. Al delincuente, al zamarro siete suelas, al ladrón y asaltante, al atracador, al falsificador de documentos, al blindador de delincuentes por más que le digan “zamba canuta”, o bien se ríen de sus proezas o se ensimisman creyendo que es una medalla que cuelga en sus pechos…o un trofeo más para sus vitrinas…Total les llega a la punta del zapato, ni se ennegrece ni se sonroja…

Y siguen en el cargo, rodeado por sus admiradores: “Yo no renunciaré…porque soy ahijado del todo poderoso de la región…es su alegato.

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