LA RONCA

Cada vez que sus amigos se burlaban de él, agachaba la cabeza y prefería quedarse callado para que su esposa no se enterase de lo que contestaba haciéndose el “macho”.

Le decían que su esposa era “San Miguel”, porque lo tenía aplastado como al demonio. También le decían “acelerador”, porque la doña lo tenía pisado.

En vísperas de Navidad, sin que él lo quisiera, lo comprometieron a “levantar el codo” entre los muchachos de la “promo”. Entonces, él se cargó de coraje y le dijo a su “doña” de la manera más refinada:

-Mi amor, hoy salgo con los muchachos a tomar unosssss tra…g..o…sssssss…¿No teee…eno…jasss…verdad?

Al poco raro sonó la sirena de una ambulancia llevando al pobre “machazo” muy cerca a la muerte. Estaba totalmente magullado y no había costilla sana en su cuerpo…

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