UN HOGAR LLAMADO UNIVERSO

Como en el tiempo de don Tiburcio no había aún televisor, ni nada con que distraerse, durante las noches, don Tiburcio y su querida esposa, se dedicaron a tener hijos.

Las malas lenguas del lugar no creían lo que veían cuando los domingos la pareja iba a la misa. Parecía que don Tiburcio era el director de una escuela. Los chicos llenaban la calle y el ambiente festivo y bullicioso.

Cuando los amigos iban en busca de uno de los hijos de doña Filomena –así se llamaba la esposa de don Tiburcio- le preguntaban como es natural por el nombre:

-Buenos días doña Fillu.

-Buenos días, niño…¿Qué deseas?

-¿Está Jorge?

-¿Jorge?…espera un momentito.

Doña Filomena iba detrás de su puerta…y allí tenía la nómina de sus hijos y la numeración de cada uno de ellos.

-¡21!…te buscannnn.

Era cosa sería, ni la mamá los conocía por sus nombres, sino por sus numeraciones.

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