CRÓNICAS LOS PANDURO DEL PUEBLO (*)

Así como los hay los grandes de futbol, del boxeo, de la literatura; los grandes de la ciencia y del arte, también los hay del cine.

Quién no recuerda al inmortal Charles Chaplin del cine mudo y casi coetáneo a él, a la formada por Abott y Castello, más conocidos como “el gordo y el flaco”.

Para los latinoamericanos, es un orgullo recordar a nuestro clásico “Cantinflas” que aún nos hace reír apenas asoma a la pantalla.

Así como “El gordo y el flaco” se nos ha grabado en la mente, así había aquí luego del sismo del 70, una pareja de esposos. El varón se apellidaba Panduro. Era un hombre tan flaco como el alfiler. En cambio la esposa era una gorda de tez rubicunda que cuando caminaba por la calle, era un barrilito andando.

Cuentan las malas lenguas que la esposa cada vez que tenía sed de amor, agarraba al esposo de la nica diciéndole desesperada: “Venga usted acá…que cuando hay hambre no hay PANDURO…”

Así parecido nos tienen a los del pueblo los parlamentarios y los de la cúpula gubernamental, aquellos que decían eran defensores del pueblo y la democracia, pero que en sí no era sino la defensa de sus intereses y privilegios. Somos los PANDURO que a cualquier momento nos engullen. No les importa que su piel rebalse y estén gorditos, mientras que los del llano estén como un alfiler y todavía con la correa recontra ajustada. Por eso no me explico si así es la democracia y sus consecuencias.

Pero ellos nos engullen, no porque tienen hambre sino por voracidad. Lo ancho es para ellos y lo angosto y a cuenta gotas para los obreros, estudiantes y campesinos.

 

(*) Del libro “Tiro al Bull” de OCC. Esta crónica se leyó por una emisora local el 22 de Dibre. de 1991. Ediciones KAFE

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