EL ARTE DE ESCRIBIR

FOLIOS

DE LA

UTOPÍA

 

TATUAJES

EN LA ENTRAÑA

DE LA VIDA

 

 

Danilo Sánchez Lihón

 

 

Nuestros ojos buscan la mirada

en que saldremos eternos.

Javier Sologuren

 

 

  1. Base

y cimiento

 

En estos meses de vacaciones me invitan diversas instituciones culturales interesadas en formar promotores de lectura, a fin de desarrollar contenidos respecto a cómo poner en marcha un Plan Lector.

Les explico a los participantes que la base y el cimiento para formar conductas favorables al libro y la lectura en niños y jóvenes es activar las competencias comunicacionales, de las cuales la lectura forma parte.

Que no podemos pretender desarrollar aisladamente la lectura sino dentro del circuito de los otros campos que animan, dinamizan y le dan sentido a la lectura. Que mutuamente se apoyan y otorgan a la persona que incursiona en dicha exploración, confianza y autoestima.

Las competencias comunicacionales son cuatro: En expresión oral, y como fenómeno de comprensión:

  1. Saber escuchar. Y como fenómeno de expresión: b. Saber decir. Y en expresión escrita, como fenómeno de comprensión: c. Saber leer. Y, como fenómeno de expresión: d. Saber escribir.

 

 

  1. Ser

escritor

 

Las dificultades más grandes casi siempre las encuentro en convencer a quienes se forman como promotores culturales, respecto a que todos tenemos la disposición y las habilidades para escribir textos y que los promotores van a tener más éxito con los participantes en sus talleres cuando les lean textos propios.

Les explico que aquello que más restringe la libertad de expresión no es tanto las tiranías externas, o las veladas políticas de comunicación en contra de ella.

Tampoco son las empresas periodísticas o cualesquiera otros tipos de entidades que consciente o inconscientemente prohíban u obstaculicen nuestro amplio ejercicio de decir nuestra palabra y hacer escuchar nuestra voz.

Sino que más bien, lo que más nos limita es nuestra propia inhibición para escribir y plasmar en la hoja de papel o en la pantalla electrónica lo que sentimos y pensamos.

Es por eso que buena parte de nuestro curso se orienta a desarrollar el arte de escribir. Y también publicar, porque cada integrante del curso tiene que ser editor de su propio material, bajo el principio de que todo profesional tiene que tener facilidad tanto para escribir como también para ser un editor pleno y perspicaz.

 

  1. Reflejo

y enigma

 

En esta parte del taller digo a los alumnos algunas claves sobre el arte de escribir, que en esta oportunidad también quiero anotarlas aquí:

Escribir es hacer el amor en el cuerpo y la entraña íntima e infinita del papel en blanco, que a la vez es lecho nupcial y alfombra mágica; es connubio de dimensiones estelares y sentidos trascendentes.

Aquel acto de amor para que procree y tenga fruto ha de ser tan íntegro, dramático y agobiante, como es la unión de los cuerpos de hombre y mujer que mezclan sus corrientes y arroyos cristalinos y a la vez turbulentos.

Cuerpos y almas rendidos y entregados plenamente en el vínculo que da a luz un nuevo ser fresco y radiante, que en el caso de la literatura es una estructura de palabras que constituye reflejo y enigma.

Fundado siempre a partir de aquel arrebato, el mismo que da lugar a una criatura vivaz y legítima, la obra literaria, efecto de aquel acto de entrega, único como el primero en que se creaba el cosmos y la vida en el planeta tierra.

 

  1. Se escribe

desvelados

 

Se escribe en el seno o el centro del mundo como si trazáramos tatuajes misteriosos para siempre indelebles.

Y se escribe desencadenando todos los códigos genéticos que llevamos dentro, invadidos de todas nuestras voces, con el pulso acelerado, palpitando estupefactos.

Con el ritmo de la respiración acezando en nuestros pechos, convulsos y febriles, víctimas y causantes de todos los cataclismos, diluvios y paroxismos en trance de orgasmo, de danza y de fiesta.

Se escribe con la vida henchida, enarbolando todas sus velas, íntegra y disparada como una flecha hacia un hito y fin supremos.

Pero, también se escribe cargando a cuestas la vida hecha trizas, rota a jirones y hecha pedazos, tal y como vivimos la realidad, el día a día y hora tras hora.

Se escribe desvelado por tal o cual asunto, por el cómo deberían ser las cosas para hacerse verdaderas

 

  1. Estado

de muerte

 

Se escribe con los sueños más despiertos, comprometida hasta el máximo el alma, como cuando se concibe y procrea un hijo, como cuando se urde y se construye el ser que es uno mismo y el ser que somos todos.

¡Sólo se escribe bien con la sangre y el pulso en vilo! De uno mismo trazando un arco de alianza con la sangre y el pulso de los otros; ¡mezcladas en una sangre y en unos pulsos nuevos y mutuos!

De allí que el acto de escribir se parezca tanto al acto de hacer el amor, de modo simple y a la vez minucioso y complejo, siguiendo el trámite legal como a la vez echando una mano al amor furtivo, real o imaginario.

Queda demostrado así, que se escribe en un estado de vida, en la mayor exaltación, y al mismo tiempo en un estado de muerte furibunda.

Sintiendo que todo empieza y todo acaba a cada instante; que estamos diciendo las palabras que inauguran las cosas y las últimas que alcanza a pronunciar nuestra boca exhausta.

 

  1. Que el corazón

se expanda

 

Donde todo nace en este preciso momento, dando vida a unos personajes que sobrevivirán a las catástrofes y donde todo naufraga; y con ello nuestra pobre vida en un vértigo de espanto y éxtasis.

Donde el lenguaje al mismo tiempo que se nutre del súbito presente es ceniza que restalla del pasado y es intensa llamarada que se proyecta al futuro.

Dejar el alma en la página en blanco que a partir de entonces estará poblada de seres extraordinarios. Dejar nuestra simiente, el aliento de nuestros pulmones, y las lágrimas de nuestras pupilas desveladas. Porque escribir debe ser un desgarramiento, una pasión, un frenesí. Así como queremos que un jugador de fútbol deje el alma en la cancha de juego, igual en la página en blanco hacer que todo nuestro ser se juegue entero, se proyecte y traspase la línea del gol, o muera.

En el acto de la escritura creadora hay que dejar que el corazón se expanda totalmente. En él no debe haber límites para la alegría ni para la pena. Solo cabe dejar que todo mane, que todo aflore y se extienda; que todo reboce y se inunde el mundo con nuestro sentido y sentimiento. Que abarque el mar, la tierra y las estrellas.

 

  1. Escribir

es un exorcismo

 

Nuestra escritura entonces ha de ser tatuajes de la noche en el papel en blanco de la amanecida, tinta indeleble y aliento inacabable.

Para ello hay que encontrar en el tráfago de lo cotidiano instantes eternos; rasgos, detalles, emblemas que valgan el precio de los diamantes y banderas que erigir en el horizonte.

Porque con la escritura habremos dejado unas huellas de nuestros pasos cuando transitamos conmovidos y asombrados por el mundo.

Con la escritura mucho de lo nuestro quedará por mucho tiempo, quizá para siempre.

Porque solo con ella es que pudimos horadar y hacer una muesca de vida en ese árbol frondoso que es lo eterno.

¡No morir al escribir! Más bien: ¡vivir en ella!, de tal modo que se arriesgue todo, pero sin morir de veras, ni mucho menos claudicar.

Porque escribir es un exorcismo en contra de la muerte. ¡Y de eso se trata, de abolir la muerte! Por eso, ¡no morir jamás, esa es la consigna!

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