UN PROYECTO DE LEY EN CIERNES

A veces no se aprovechan las oportunidades que nos brinda la vida.

Estuve con los Congresistas con ocasión del 198° aniversario de la creación del Departamento de Ancash más un público ávido de recoger iniciativas; y sin embargo no propusimos lo que desde algunas noches habíamos estado madurando para la ocasión.

En nuestros desvelados pensamientos comparábamos la importancia de un estímulo o de un premio como una justa recompensa a tus acciones a favor de la gente.

Muchas de ellas caídos al vacío, sin que nadie le de importancia.

Pero hay otras tan triviales que reciben el apoyo de inmediato y con todas las cámaras apuntando para darle sonoridad y mayor encomio.

Oh, cuántos periodistas apoyan la moción, falta espacio en los medios de comunicación para ser abordado “desde todos los ángulos” de la noticia.

Se trata nada más y nada menos del “Día del sueño”. En otra oportunidad del “Día del cebiche”, “Día del pisco sour”. “Día de la caída de la vecina”, “Día del café”, etc. etc.

¿Y por qué no fundar el “Día del premio y el estímulo?

Y en las grandes ciudades, en los villorrios más olvidados, en los pueblitos de ocho tejados, hay hombres que bregan infatigablemente por mejorar su única calle, encausar el río bravo que baja cada época de lluvias barriendo chacras, bosques y cuanto encuentra a su paso?  O de repente edifica o por lo menos mejora su escuelita fiscal que forma, silenciosa y calladamente, a los genios del pueblo? O quizás hay alguien que escribe crónicas, poemas, o cuentos y otras inquietudes para dejar testimonio de cómo eran las costumbres y la manera de pensar de los ancianos?

Y a pesar de todos los obstáculos que encuentra en su camino, los vence y pone a luz su producción.

Y pocos son los que le encuentran mérito como para hablar de “esas ridiculezas” que escribe el zonzo del pueblo.

Con esta apreciación, nunca nadie va a progresar.

De allí nuestra intención de fundar el “Día del Premio y el estímulo” que hoy por hoy está desperdigado. Con un documento oficial debidamente reglamentado, las cosas cambiarían y se daría “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

 

También te podría gustar...