NACE JOSÉ DE SAN MARTÍN, EL LIBERTADOR

FOLIOS DE LA UTOPÍA

 

LIMPIDEZ Y NOBLEZA DE UN HOMBRE

 

 

Danilo Sánchez Lihón

 

  1. Ejemplo moral

 

Hoy día 25 de febrero, del año 1778, nace en Yapeyú, Argentina, en José de San Martín y Matorras. Quien en algún momento tuvo en sus manos todo el poder de la América del Sur, y fue suficientemente magnánimo para delegarlo, desembarazarse de él y poner por encima de cualquier interés subalterno lo que consideró favorable para el destino de los pueblos y naciones.

Tuvo todas las oportunidades para hacerse de bienes, de trofeos y de prebendas a lo cual son muy tentados los gobernantes actuales. Pero su alma munificente hizo que no le prestase ninguna importancia a los bienes materiales y más bien atesoró valores que son los bienes verdaderos.

Pudo detentar mucha riqueza, porque en sus manos estaban las arcas de los dos virreinatos más fastuosos, grandes y soberbios de la América del Sur, ya rendidos a sus pies, como fueron los virreinatos del Río de la Plata y el Virreinato del Perú, que gracias a la visión de su espíritu y a la energía de su corazón él logró liberar.

Particularmente conmueve, por el ejemplo moral que nos dio su actitud después del encuentro que sostuviera con Simón Bolívar en Guayaquil, que pudo devenir en una pugna, pero él prefirió el retiro y la renuncia a todo.

 

2.- La grandeza de un hombre

 

El evento ocurrió el 26 de julio del año 1822 en Guayaquil. Sin esperar más, al día siguiente, el 27 de julio, en mitad del banquete que le ofrecía Bolívar y en estricto privado abandonó ese lugar sin permanecer un día más, cuando en ese tiempo hacer esos viajes significaba mucha logística y tener en cuenta muchas previsiones.

El detalle es que, de ese encuentro, que fue sin testigos él nunca reveló nada, no comentó en absoluto el más mínimo rasgo; ni siquiera con el más cercano de sus colaboradores. No sembró cizaña para nada.

Más bien a su regreso al Perú, calladamente, el 20 de septiembre de 1922, abandonó nuestro país. Salió de Lima dejando a su ejército, solo acompañado de una pequeña escolta y un ayudante; montado a caballo se dirigió a Ancón y abordó el bergantín “Belgrano”, rumbo a Valparaíso.

A esa humildad me refería. A ese carácter austero hacía alusión; sin ninguna concupiscencia por el poder. A esa capacidad de renuncia, incluyendo a no ser obstáculo para nada. Sin mirar conveniencias, cálculos pequeños ni mezquindades, que nos señala la inmensidad y la grandeza de un hombre.

 

  1. El alto mérito

 

Asimismo, cabe recalcar que, pese a que tenía las arcas abiertas, en su vida él no cogió una sola moneda que no hubiera ganado de manera clara, honesta y hasta valerosa, arriesgando la vida.

No detentó ningún puesto que no fuera para cumplir deberes insoslayables. Pudo aferrarse a cargos, a títulos, a reconocimientos. No aceptó los poderes dictatoriales que le ofreció el Perú. Todo lo dejó porque estaba destinado para lo excelso, y no para minucias ni bagatelas.

Después de haber roto las cadenas de la opresión de dos de los tres virreinatos más opulentos del universo, situados en América del Sur, tiene el alto mérito de haber vivido sobriamente.

Y murió pobre en una casa alquilada, en Boulogne Sur Mer, en Francia, el 17 de agosto de 1850. Porque para sí mismo no pretendió construir ni adquirir ni siquiera una cabaña, menos una residencia. No alcanzó a tener para él ni siquiera una casa propia, en ningún lado.

Al Perú le cabe el honor de haberle hecho llegar puntualmente la pensión que le asignara nuestro país, por los altos servicios prestados a la Nación, entre otros el de haber sido su libertador.

 

  1. El rojo sangre

 

A él le cupo diseñar nuestra primera bandera nacional. Y los colores que él escogió aún permanecen y permanecerán por siempre en nuestro emblema patrio, siendo aquello que lo inspiró el vuelo de unas aves que se perfilaron nítidas en su sueño mientras acampaba en la bahía de Paracas, eligiendo dos colores que caracterizarían a toda una nación el rojo y blanco que desde entonces tienen su sello indeleble que no deja de tener un contenido místico.

Y lo expreso así porque he visto volar a las parihuanas en bandada al amanecer, desplegadas sus alas en la inmensidad del firmamento, en el camino a Incahuasi, en Parinacochas, en el departamento de Ayacucho, que para mí mismo fue una visión onírica, viaje que emprendí después de capacitar a maestros en Coracora, y a fin de conocer el nevado del Sarasara y siquiera mirar desde el llano, y lo más cerca posible, su cumbre nevada.

Lugar donde fue encontrado el cuerpo inmarcesible entre la nieve de la niña denominada desde entonces Sarita, después de varios siglos de ser entregada en sacrificio a ese Apu en los tiempos del incanato. Las parihuanas rojiblancas que volaban hacia esa cumbre eran en realidad Sarita en el blanco de su pureza y en el rojo sangre de su sacrificio.

 

  1. Luce izada y flamea

 

El vuelo de las parihuanas me acompañó en el viaje desde Chumpi hasta llegar a orillas de la laguna de Incahuasi para luego ellas subir hacia la cumbre. Tenía como fondo un cielo límpido, sin una sola nube, y engarzado en él al lucero arrebolado del alba.

Y la luna creciente en la alborada, hecho que ha quedado en mi alma para siempre imborrable y que para mí constituye una experiencia sobrenatural en relación a nuestra bandera, teniendo a la vera del camino los maizales en flor.

Y lo relaciono a cómo don José de San Martín concibió la enseña del Perú al quedarse dormido a la vera de la playa en Paracas, luego del desembarco de la Expedición Libertadora. Para ver de nuevo, pero ya en la dimensión de los sueños lo que había visto en la realidad.

Y que era el vuelo de las parihuanas rojiblancas. Teniendo como fondo el cielo abierto, pero ya no del mundo físico sino de la quimera y la ilusión de una nueva nación que recién se fundaba y el de las utopías por venir, que es donde luce izada y flamea más que nunca toda bandera verdadera.

 

  1. Aves en vuelo

 

A lo que sumo, humildemente, haber visto yo mismo vivos esos colores volando hacia la cumbre del nevado Sarasara de Incahuasi, donde una niña sacrificada representa, en el blanco de la bandera, su invicta pureza. Y en el rojo de sangre su sacrificio en aras de lo sagrado.

Por eso, aprecio mucho que la bandera del Perú tenga en su fondo los elementos que tiene. Y que parten y se funden desde el momento y el lugar en donde fuera concebida, como es la inmensidad del mar y el rumor de las olas.

Y es así, puesto que a la vera del océano fue que don José San Martín se quedara dormido y la imaginara. Recogía en su diseño primigenio la imagen de esas aves mitológicas, como son las parihuanas. Y no de una sino de una bandada de ellas.

Teniendo como escenario la bóveda sideral, porque son aves en vuelo, aunque no del cielo real sino del imaginario, que para mí es tanto o mucho más importante que el mundo superficial de los enseres y las cosas con que nos tropezamos cada día.

 

  1. Limpidez del alma

 

Siendo que sus colores simbolizan en el rojo de la sangre de nuestros sacrificios, la pasión de nuestras creencias, como el fuego inextinguible del amor de nuestras vidas en aras de algo superior.

Como en el color blanco está contenida la paz, la pureza inmarcesible del alma, la transparencia para afrontar cualquier reto de la vida, siempre valerosos y plenos de candor.

Si es todo así valoremos mucho que nuestra bandera sea el sueño de un hombre que puso, por delante de todo, la limpidez del alma, de su conciencia y la plenitud de su bondad humana acrisolada, como la virtud mayor de su espíritu que desde nuestra bandera nos infunde e ilumina.

La bandera peruana contiene así no solo nuestra inmensa realidad, sino leyenda, rito y mito, de tal modo que cuando la veamos flamear en los mástiles posibles e imposibles, veamos también en ella el vuelo de las parihuanas volando hacia toda cumbre, también posible e imposible, en todo anchuroso amanecer.

Y veamos también en ella el alma de este ser noble, generoso que erigió como la virtud mayor de su espíritu el ser un hombre honrado como fue el general don José de San Martín.

También te podría gustar...