EL PRIMER VAGIDO DE LA LENGUA CASTELLANA

Danilo Sánchez Lihón

 

  1. La lengua de Cervantes

 

Ahora, cuando viajo a un país donde no se habla nuestra lengua, ya estando en él, trato de hablar el más perfecto castellano que pueda, con calma y pronunciando bien las palabras en cualquier lugar donde me encuentre y tratando de resolver cualquier problema.

Y el resultado que consigo es que siempre me va bien; porque, en primer lugar, siempre encuentro personas que escuchan atentas la buena pronunciación del español, igual como cuando nos sorprende un acorde musical, o una melodía que resulta grata al oído.

Y, en segundo lugar, lo hablo confiado de que alguien, casi al instante, de donde sea, aparece alguna persona que habla la lengua de Cervantes. Porque, gracias a Dios, es una lengua que cada día se extiende y amplía más su cobertura en el mundo.

Este hecho lo descubrí caminando un anochecer por Los Campos Elíseos en París, cuando al pasar por una tienda me provocaron las frutas que allí estaban expuestas y ordenadas en unos cajones vistosos, de colores muy vivos, donde lucían las uvas, las manzanas, las peras y duraznos, como muchos otros productos de temporada que nos ofrecen y prodigan las plantas, todos ellos muy apetitosos.

 

  1. Se sorprendió gratamente

 

Siempre he creído que lo único que conservamos del Paraíso Terrenal, de aquella morada que les asignaron a nuestros primeros padres, como fueron Adán y Eva, son las frutas; por lo frescas, sanas y deliciosas, todas ellas hechas de ambrosía, constituyendo verdaderos manjares de los dioses.

Pero, retomando lo que yo venía contando, al detenerme en aquella tienda que he referido, entré y no sé si haciéndome el gracioso, o porque me sentía feliz, de manera espontánea e inocente, hablando sonriente en la más clara y resonante lengua de Castilla, pregunté si alguien podía atenderme, pero en idioma español.

Detrás de un mostrador vi a una señora de aspecto oriental, china, japonesa o coreana, no lo sé, quien se sorprendió gratamente de oírme. Dejó de hacer lo que estaba haciendo y me hizo una seña de que esperara un momento. Y entró por una puerta pequeña.

Pronto volvió a salir de la mano con una niña preciosa que lo primero que me dijo tímidamente con palabras de un español entrecortado es que estudiaba nuestro idioma, y a quien su mamá le estaba encomendando practicarlo en ese instante conmigo.

 

  1. Digna y suprema

 

Al despedirme me expresó que a ella le había encantado despacharme la fruta que yo esa noche quería comprar.

Aquella vez me sentí dichoso. Ya en la calle mordí un durazno y me fui comiendo y canturreando, hasta mi hotel.

Había descubierto ese día algo que hasta ahora me funciona a maravilla, y en todas partes, con lo que he deducido que a la gente le gusta oír el tono y la cadencia de la lengua española.

Y tanto es así que ahora que voy a algún país de otra lengua no me preocupo en absoluto con el idioma, salvo hablar claro, fuerte y sonriente el idioma de mis ancestros hispánicos.

Sabiendo, además, que en cualquier situación aparecerá alguien, a quien le encante oírlo hablar.

¡Y practicarlo! Y esto creo que ocurre porque reconocen al español como una lengua elevada, digna y hasta suprema. De alguna manera sabia y ¡divina!

 

  1. Hablar con Dios

 

Y lo es:

Al respecto, se cuenta que Carlos V de España, quien procedía de la Casa de los Habsburgo, nacido en el año de 1500 en el Monasterio de Yuste, en Gante, Austria, tuvo que también asumir el trono de la corona española.

Al hacerlo unió en su persona la Corona de Castilla y Aragón junto con la de ser Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Quien era, desde joven, ya un políglota. A él es a quien se atribuye haber dicho esta sentencia que la escribo a mi modo y con mis propias palabras, únicamente tratando de trasmitir el contenido de lo dicho. Así, al referirse a los idiomas, expresó que:

“Para hablar con los mozos de la cuadra que alistan mi caballo y mis perros, es funcional el idioma alemán. Para hablar con mis contadores y tesoreros, utilizo el inglés. Para hablar con los embajadores y diplomáticos me valgo del francés. Para hablar con las mujeres me viene bien el idioma florido y suculento idioma italiano. Para orar y hablar con Dios, me es imprescindible el idioma español.”

 

  1. Cultura de asombro

 

Y esto que parece una chanza en realidad no lo es. Se lo puede incluso documentar ahora, porque se pueden mostrar pruebas de que el idioma castellano nació en las ermitas, en las capillas y santuarios de quienes oran a Dios.

Los primeros labios que se movieron articulando sus sílabas, frases y oraciones fue de parte de quienes rezan en los altares de quienes ruegan, suplican y adoran; de quienes invocan, imploran y se encomienda a lo supremo. Nació desde el fondo de las plegarias que nos unen a la divinidad.

De allí que conste el primer registro, el primer temblor o aleteo de este idioma, ubicado en un libro de oraciones, con lo cual se desprende que este idioma, que en este preciso momento millones de personas lo están hablando, primero fue el balbuceo confidencial de un monje que hablaba con Dios.

Y que no deja de ser un milagro de la heurística el que se haya podido descubrir y localizar este primer vestigio de la lengua, y gracias a la labor hermenéutica de sabios e investigadores como lo tiene España, que es una cultura de asombro, y que consta en un libro de oraciones que data del siglo X de nuestra era.

 

  1. Registro memorable

 

He aquí las palabras de Dámaso Alonso, quien nos presenta esta noticia, explicándola del siguiente modo:

“…entre las glosas del monasterio de San Millán de la Cogolla, atribuidas al siglo X, hay un trozo que se “puede” decir casi tiene ya estructura literaria. El monje estaba anotando un sermón de San Agustín.

En las palabras finales le ha apretado la devoción dentro del pecho. La última frase latina (dos líneas y media) la ha traducido íntegra. Sin duda le ha parecido seca: la ha amplificado (hasta doce líneas cortas), añadiendo lo que le salía del alma.

He aquí este venerable trozo (publicado por Gómez Moreno y por Menéndez Pidal), que es, por hoy, el primer texto, no podemos decir que, de la lengua castellana, pues hay algún matiz dialectal, pero sí el primero de lengua española:

Y he aquí, a continuación, el texto referido por Dámaso Alonso, tal como está escrito en el devocionario, pero también traducido al castellano actual. Dice:

 

  1. Gloria y esplendor

 

Cono ayutorio de nuestro dueño Christo, dueño Salbatore, qual dueño yet ena honore e qual dueño tienet ela mandacione, cono Patre, cono Spiritu Sancto, enos siéculos de los siéculos. Fácanos Deus omnipotes tal serbicio fere que denante ela sua face gaudiosos seyamus. Amen.

Esto es que, traducido al castellano de hoy, sería así:

Con la ayuda de nuestro Señor don Cristo, don Salvador, señor que está en el honor y señor que tiene el mando con el Padre, con el Espíritu Santo, en los siglos de los siglos. Háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz gozosos seamos. Amén.

Este el primer vagido de la lengua castellana, felizmente escrito en un libro del ámbito místico, de devoción y espiritualidad, vinculado a la fe, que es desde donde nace el gran caudal, río, mar u océano de la lengua de Castilla, aquella en la cual ahora depositamos tanto sentimiento, emoción, como justificada esperanza.

Esa es la razón por la cual sorprenda tan buenamente escucharla en cualquier lugar del mundo, debiendo cada día de nuestra parte acicalarla, expandirla y llenarla, en lo posible, de gloria y esplendor con nuestros actos, porque el lenguaje son actos y hechos de la realidad que la afean o bien la enaltecen.

 

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