LA PASIÓN POR LOS LIBROS

Por: Néstor Espinoza

En su libro “Fahrenheit 451”, el escritor estadounidense Ray Bradbury imaginó una sociedad siniestra, donde un bombero, en lugar de apagar incendios, se dedica a quemar los libros, porque por ley está prohibido pensar. Pero ciertos amantes de los libros los memorizan para que no desaparezcan.

Algo de esto ocurre hoy cuando la tecnología digital, con sus e-books, sus celulares y su Internet, tiende a relegar o a matar al libro impreso.

Internet ha alejdo de la lectura de los libros impresos a gran parte de los niños y adolescentes. Se proyectan incluso libros electrónicos ya sólo para ser oídos.

Sin embargo, el maravilloso libro clásico, hecho a partir de la invención china del papel y del invento de la imprenta por Gutemberg y vigente hasta la fecha, no morirá. Podrán proliferar los artefactos electrónicos, pero el libro impreso siempre tendrá su lugar y espacio junto a ellos, porque es un invento básico e imprescindible, así como la modesta vela que aun en medio de tantas lámparas y linternas cada vez más sofisticadas, sigue subsistiendo. Los altares, los velorios, los apagones, dan cuenta de su necesaria presencia. O también como el jabón aun con agregados mil de color, aroma y forma, se mantiene inalterable e insuperable en su esencia y utilidad.

De otro lado, los libros electrónicos nunca van a tener la belleza y la comodidad del libro impreso, con su colorida carátula, su tamaño y forma adecuados para su manejo, su levedad de papel para pasar sus hojas con los dedos de la mano, su tinta en textos, enumeraciones e índices y sus páginas para ser leídas a la luz del día.

Cuando tengo en mis manos el libro que leo, a mí me parece una paloma de espaldas con las alas abiertas.

Los intelectuales italianos Umberto Eco (novelista) y Jean Claude Carriere (ensayista) son de similar parecer. En un interesante libro titulado “Nadie acabará con los libros”, dialogan sobre la situación del libro impreso en medio de la tecnología digital. El primero de ellos dice: “El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. Las ruedas de hoy siguen siendo las de la prehistoria. El libro electrónico no es flexible como el libro impreso. Pasémonos dos horas leyendo una novela en el ordenador y nuestros ojos se convertirán en dos pelotas de tenis”.

El escritor alemán Hermann Hesse piensa también lo mismo.

Por otra parte, el fenómeno Harry Photter, novela con millones de ejemplares vendidos, leída por millones de lectores y que ha hecho millonaria a su autora J. Rolling; las grandes ferias internacionales de libros en Colombia, México, Argentina, España, Perú con la asistencia de miles de compradores y lectores; las múltiples librerías que no han desaparecido, la proliferación de editoriales grandes y pequeñas, hablan a las claras de la buena salud del libro impreso. Y éste no desaparecerá mientras hayan editores y libreros con pasión por los libros (como Washington Gonzáles y Orlando Jara en Huaraz) y lectores apasionados a los que me sumo. Soy un hombre de lecturas, adicto. Sin leer no sería yo.

Hemos hecho estas digresiones sobre el libro impreso, para resaltar una feria de libros en Huaraz, que tuvimos la suerte de ver en nuestra reciente visita a esa ciudad. Pero esta vez en un ambiente muy aparente, digno del amor y el respeto que se les debe a los libros. Esto es en la sala de exposiciones del Centro Cultural de la Municipalidad Provincial de Huaraz, con sus estantes y

mesas bien dispuestos. Espacio logrado gracias a las gestiones de Washington Gonzáles a nombre de la Asociación Cultural de Editores y Libreros de Ancash. Feria que no puede ser por única vez, sino, como Washington sostiene y está solicitando, cuatro veces al año y por 30 días cada una. Vale.

Lima, Junio del 2019.

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