MAESTRO I

Por: Emma Díaz Mallqui

(Cada estrofa tiene distinta fuente de inspiración, 2010, CEBA- Jangas)

 

Tú no estudiaste para ser Maestro

y siempre estás enseñando.

Si las piedras pudieran aprender

Seguro que las estarías educando.

 

Enseñar, qué fácil misión de dar

y qué poco de recibir.

Si tú no estuvieras en las aulas

yo no tendría a quien enseñar.

 

Si siempre te espero ¿por qué te vas?

Listo para darte lo que necesitas saber;

pues a las clases, el paseo prefieres…

para el estómago te esfuerzas y

mantienes tu mente en ayunas.

 

Más vale que vuelvas a nacer,

para de nuevo hacer,

lo que tendrías que haber

en su momento aprendido.

 

Tú que me escuchas…¿qué

necesitas para de frente caminar,

sin como el cangrejo regresar?

Si, el autoestima levantar,

eso es lo que debemos dar.

 

Amor es lo que necesitamos

cultivar, aquellos maestros

que después de tanto estudiar,

qué difícil nos es enseñar.

 

¡Qué rubor, qué fantasía!

hasta el tono de voz te cambia

cuando estás cerca de la juventud

¡Qué ansia, qué dolor! Cuando tienen

sed y qué dulce cuando logras saciarlos.

 

Pero cuando tienen sed de saber,

donde estarás, porque en las aulas

no estás. Te reclaman. Te buscan,

ellos preguntan ¿dónde estás?

desvestido de maestro estarás

porque con tus alumnos no estás.

 

Qué tarea tan difícil la de ser maestro,

el que no nace para maestro

ni que se esfuerce por enseñar,

pues lo que ni esfuerzo dar,

está el estudiante sin aprender.

 

Y tú respondes: “Pero si yo no…”

Pues sí, tú…tú le has enseñado

sin hablar ni escribir,

tan solo siendo como eres.

 

Vergüenza debemos tener,

colocarnos frente a los alumnos,

que a las aulas van a aprender

y nada tengamos que ejercer.

 

Hay estudiantes que claman,

gritan, reprochan y dicen ¿Por qué

los antivalores en ejercicio están

y los valores pisoteados se dan?

más vale el fraude, la mentira

la pereza, el juego, el compadrazgo;

pero la justicia, la verdad,

el esfuerzo, el estudio ¡Para qué?.

Si más fácil es darles lo que

a la mano está, y qué difícil es

lograr lo que escondido está.

 

Pues debemos de saber, lo que

vale no se ve y se ve lo que no vale

y, tú incauto. Eso lo tomás, pensando

que vale más de lo que se supone que es.

Qué difícil es entender,

este mundo al revés,

Tan solo quiero repetir:

 

Maestro…sigue andando

en tu vocación de educar;

pues aunque no te estés preparado,

estarás siempre enseñando.—

(*) Del libro: El grito del dolor, Pag. 32 al 36, de Emma Díaz Mallqui. Ediciones  Bibliofilia.

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