MI TIERRA…ES MI TIERRA (*)

(*) NOTA DE REDACCIÓN: El próximo 25 de julio, la ciudad de Huaraz está conmemorando su 162 aniversario de creación política, por lo que el autor de este poema, quiere testimoniar su saludo y su admiración a su tierra querida: Huaraz.

 

                                      Por: Olimpio Cotillo C.

 

         Les confieso en alta voz y con el alma desnudo,

mi tierra… es mi tierra. Con todos sus males encima:

sismos, aluviones, huaycos, huracanes y hasta sequías.

No me importa, les confieso.

Allá los que le abandonan, cuando más les necesita,

allá los que niegan a su madre porque la leche se secó,

o al árbol que ya no da frutos o la chacra es estéril.

 

Mi Huaraz, es mi Huaraz, tierra bendita

de gotas y torrentes azules en sus nevados,

de picaflores juguetones y festivos

que se emborrachan de néctar o

de gorriones y jilgueros que trinan primaverales versos,

de eras preñadas  de mieses

y asuanas celosas que fermentan chicha

para calmar la sed del labrador.

 

Amo, de verdad amo,

los barrios de mi Huaraz; a los antiguos y a los modernos,

a las señoriales avenidas y a las estrechas calles

a su floresta donde descanso madurando los pensamientos

a sus reposadas bancas donde madura mi admiración,

a sus niñas bellas de angelicales rostros,

a su pisar menudo y a su garbo de vicuña.

 

Y cuanto más pasan los años, amo a Huaraz,

Porque me dio una madre de mágicas manos,

un padre de sabios pensamientos y ágil pluma;

ambos sabían juntar a sus diez polluelos para arrullarlos,

aconsejarlos y formarlos en crisol de hombres buenos.

 

Del salvador Pucaventana, el 41, pasamos a los campamentos del 70,

pero indoblegables, resignados a rehacer la vida,

a abrir nuevos surcos, con nuevas tacllas y mejores semillas,

a sobreponernos ante el dolor,

y enseñar a los demás, que mientras vivos, hay mañanas mejores.

 

Llevando la cruz o enarbolando la bandera,

sigo amando a mi Huaraz,

porque sé, que el Señor de La Soledad está con todos nosotros,

porque estoy seguro, que mamá Belenita, vela mis sueños.

Amo a mi Huaraz y pido a Dios su grandeza…

Amo a sus ríos: Santa, Auqui y Paria y a los otros más arriba

y a los otros más abajo. Con los que regué mis sementeras

y a los otros donde me bañé en sus remansos.

 

Amo sus puquiales: Ogcopampa, Casa Santa, Puquiocalle…

A su floresta de vivos colores, a sus bosques

y a los capulíes de esmeraldinos frutos y melocotoneros abridores,

a los gorriones y santarositas, a las torcazas y perdices

a los zorzales “curas” y en fin a los que me enseñaron a expresar plegarias

para que vuelvan las lluvias y cesen los temblores.

 

Amo a mi Huaraz:

Por su cuchicanca, cuy pilatado y puchero atocinado

por sus bizcochos redondos tamaño la luna llena,

sus alfajores, milhojas y también sus sabrosos cachitos…

Y no me olvido del tzchichi, molletes, cuarteados,

y las primorosas guaguas y llamas, tableadas por mamá.

 

Amo a Luzuriaga por su genio indómito y lealtad a San Martín

A Pedro Pablo Atusparia y Uchcu Pedro,

a Ladislao Meza y al “Brujo de los Andes”

a sus mujeres generosas y a sus hombres valerosos,

a los que lucharon por darnos una Patria Libre y soberana,

a quienes nos dejaron el enigmático Pumacayán, el ingenioso Janku,

Wilcahuaín e Ichic Wilcahuaín,

Huaullac, Kanapún, Balcón de Judas

y otros escondidos tras la floresta.

 

Amo a su luz de cada mañana y al albor de todos los días

a la lluvia cantarina a los truenos y relámpagos.

Y en fin al maravilloso mundo que Dios nos regaló.

 

¡Te amo, Huaraz maravilloso…!

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