PAPÁ ASTRÓLOGO

PAPÁ ASTRÓLOGO

Papá era un trome. Así a secas, sin eufemismos ni taxativas. Era un trome de principio a fin.

Con la mano derecha nos ofrecía el pan y con la izquierda el consejo.

Muy de temprano le pedía a mamá Consuelo que hiciera un suculento desayuno y un no menos suculento almuerzo. Mamá al ver peligrar el presupuesto del mes, argumehntaba que mejor era contratar a unos peones para que hicieran la tarea. Entonces el viejo le hacía entrar en razón diciéndole que lo que buscaba en nosotros era que aprendiéramos a trabajar y que cualquier gasto era poco para enseñar la lección. !La educación no tiene precio!, le decía.

Al canto del quinto gallo nos despertaba a los varones, aún menudos y retacos y nos hacía cargar la reata, las hachas, el machete y nos poníamos a caminar rumbo a la “chacra de allá” para tumbar los eucaliptos a fin de que mamá en época de lluvia no sufriera por falta de leña seca.

Rogelio, antes del antepenúltimo hermano, era el mono trepador; haciendo argollas en la soga en un santiamén ya estaba en la copa del frondoso árbol. Al poco rato, ya Rogelio estaba de bajada deslizándose por la misma soga.

Mamá y nuestras hermanas a las 7 de la mañana ya estaban con el desayuno fragancioso y se quedaban perplejas de ver por lo menos tres maderos tirados a lo largo y ancho de la chacra.

Vaya…el desayuno no era por gusto…

Igual sucedía con el almuerzo. Antes del medio día ya encontraban los troncos trizados de a metro para ser cargados durante la tarde a nuestra casa del Jr. Ayacucho 403.

Papá era un hábil astrólogo además de excelente maestro y orador de fino pico. Quechuista de basto repertorio al extremo de haberlo bautizado a Miguel Grau como “Quilla Caglla” o sea rostro de luna llena.

Durante su periplo como maestro, me llevó ante mis súplicas a su puesto en Llacllín. Apenas tenía 6 años de edad y eso le preocupaba a él y a mamá Conchi.

Por percances con la acémila, nos anochecimos en el camino y tuvimos que pernoctar junto a la vera de una chocita muy humilde. Luego de descargar nuestras vituallas, papá llamó a la choza y luego de identificarse, pidió a la dueña para que nos prepare un plato de avena con chocolate, pues nosotros teníamos la materia prima. La mujer se negó. Papá pidió prestado una olla, muy de mala gana le alcanzó, al tiempo que se rasgaba la cabeza y a cada cosa que le solicitaba, respondía: No’e leña…Agua no’e…Póspura no’e.

Lo cierto es que horas más tarde ya estábamos tomando el alimento para recuperar las energías perdidas en el largo caminar.

Entonces papá decía: Cuando hemos pedido agua, leña y fósforos, nos ha respondido a todo que “no hay”, pero mira, hoy que les hemos dado la comida !Cómo se lo devoran! En efecto, la mujer y sus niños que se habían despertado, gozaban con el alimento que le habíamos alcanzado.

Tendimos al suelo nuestros aperos y pellones y nos imaginábamos que estábamos sobre el colchón más mullido de la tierra…

Hijo -me dijo papá- hasta que tengas sueño vamos observar el firmamento. Mira, qué grande y misterioso es. En ese momento salía la luna llena para dibujar la silueta de los cerros, de los árboles y nuestros rostros. Nuestra mente -seguía diciendo papá- es tan pequeña que no alcanza a comprender.

Allá en el infinito, en ese mundo sideral que nos rodea, así ha sido todo el tiempo y muchos hombres se han preguntado una y mil veces con igual o tal vez con más intensidad. Copérnico, Galileo y hoy tú y yo.

Unos han sabido más que otros. Mira, el padre de mi padre y más antes todavía, lo llamaban a ese grupo de estrellas “Las Siete Cabrillas”, a ese otro “El arado”, a tu izquierda y casi perdido en el horizonte está “La Cruz del Sur”. A ese grupo de estrellas se les llama “Constelación” y a aquel otro “Vía láctea”. Ese otro se llama constelación “Osa Mayor” y Allí está la “Osa Menor”.

Entonces recordé con frescura infantil una noche como pocas, cuando mamá entonó desde su lecho un huaynito:

                           La luna es mi madre

                            el sol es mi padre

                            y las estrellitas

                            son mis hermanitas…

Pasados los años me pongo a pensar, cómo es que está escrito en el cielo la Cruz del Sur para creer en Dios. El Arado para trabajar sin descanso. Las Cabrillas para agruparnos y unirnos como hermanos.

Y casi siempre sueño dormir en los brazos de la Osa Mayor hasta que crezca la Osa Menor.

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Del libro: Tiro al Bull.- Difundido por Radio Ancash el 19 Ago. 1992. Pag. 76-O:C:C:-Ediciones KAFE.

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