AHORA…LAMANSE EL UNO AL OTRO

CUENTOS DE MI TIERRA

AHORA…LAMANSE EL UNO AL OTRO (*)

Hay diversidad de sueños dependiendo del estado anímico en que uno se encuentra.

Hay sueños simplemente desdeñables como la que menciona Calderón de la Barca: Los sueños, sueños son.

Hay otros en que uno se despierta con una carcajada que llena el dormitorio y la “vecina” de al lado pregunta llena de incertidumbre: ¿Y ahora…qué maldad haz cometido?

O aquel otro sueño en que uno está mancornado, perplejo, sin saber cómo safarse de su miedo y su temor. Es decir de la pesadilla. Momentos cruciales en que se grita por auxilio, !socorro!; para salir de este trance y siempre la “vecina” de al lado a uno lo despierta: ¿Qué soñabas? – Que tú me machucabas…

También hay los sueños oníricos, propio de los jóvenes. Y hay los sueños retrospectivos o los futuristas en que se viaja por senderos desconocidos y después de algún tiempo uno lo relaciona: !Pero por aquí estuve en sueños¡

Pero hay un sueño tan hermoso que narra nuestro famoso escritor José María Arguedas en su libro AGUA donde al final del tomo se encuentra con maravilloso estilo “El Sueño del Pongo”, basado -según el autor- en una narración recibida de un campesino cusqueño

Era el pongo, es decir el sirviente- un hombrecillo pequeño, de cuerpo miserable y ropas raídas que tenía que trabajar en la Casa Hacienda donde el gran señor, el patrón, al verlo no pudo contener la risa ¿Eres hombre o qué? le preguntó delante de todos los campesinos.

El pongo se humilló y no supo qué responder

Para burlarse el patrón le dijo: a ver, camina como perro, ladra como perro, ponte en dos patas. Y todos se burlaban del pobre adefesio.

Un buen día el sirviente con mucho temor y bastante reverencia se atrevió a dirigirle la palabra:

-Gran Señor, dame tu licencia para hablarte…

-¿Qué…tú eres quien ha hablado u otro?

-Yo señor, respondió el pongo.

Sin salir de su asombro le dio la palabra:

-Habla, te escucho…

-Señor mío, soñé que habíamos muerto los dos.

-¿Conmigo?…sigue…

-Soñé que habíamos estado muertos y como tal desnudos delante de nuestro padre san Francisco. Al vernos desnudos nos examinó para saber qué clase de corazón teníamos y lo que valíamos. Usted, hombre rico y poderoso fue el más examinado.

Así tenía que ser, intervino el patrón

-En cambio yo no se ni lo que valgo. Rapidito no más me miró nuestro padre san Francisco.

-Así tenía que ser, aseveró el patrón.

-Entonces -siguió diciendo el sirviente. nuestro padre san Francisco, llamó al ángel más brillante y más hermoso y le ordenó que le embadurnara a Ud. con miel todo su cuerpo.

-Ajá, así tenía que ser pues…

-Así lo hizo el ángel…luego nuestro señor san Francisco, llamó al ángel más opaco, feo y viejo y le ordenó a que me cubriera el cuerpo con excremento humano. Y así lo hizo. Yo comencé a apestar por todo el cielo.

-!Puf…atatao cholo cochino…!

Los campesinos que escuchaban la narración escupieron al suelo de repugnancia.

Una vez que usted mi señor estaba cubierto de miel y yo de heces, nuestro padre san Francisco nos llamó nuevamente a su delante y luego de examinarnos, no sé hasta qué honduras, dijo solemnemente:

-Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora !Lámanse el uno al otro! despacio…por mucho tiempo…

El viejo ángel rejuveneció al mismo tiempo y se puso a vigilar que la voluntad de san Francisco se cumpliera al pie de la letra.

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(*) El título y la adaptación es de la redacción. El cuento “El sueño del Pongo” del libro AGUA, pertenece al escritor José María Arguedas.

Difundido por Radio Ancash el 91:01:29 y editado en el libro TIRO AL BULL de OCC. Pag. 31- Ediciones KAFE.

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