Crónicas de mi pueblo- PRIMER DÍA DE CLASES

En el devenir de la vida, cada cual forja su propio eslabón y cada vez busca que sea más fuerte, más sólido, porque al menor descuido la cadena se rompe para aparecer en el más allá. Bien podríamos decir, que es el corsi y ricorsi de nuestro paso por este mundo enmarañado, de lucha continua por la supervivencia.

En nuestro trance educativo es igual o parecido.

Para iniciar la primaria se nos teje en la mente un mundo incierto, lleno de sorpresas. Para iniciar secundaria, igual, nuevas caras, otros compañeros, nuevas amistades. Para la universidad o superior, lucha titánica por ingresar. Allí no queda la cosa. Al concluir la profesión, hay que enfrentarse también por conseguir trabajo.

Cuando un niño inicia su primaria, presenta diferentes escenas el primer día. Hay quienes exigen, nuevo uniforme, lindos cuadernos, con dibujitos, un lápiz bailarín y una pelotita saltarina. Otros se ponen a llorar y se niegan a ingresar a la escuela. Es el temor que les aflige a enfrentarse a un mundo incierto, desconocido y quizás hostil. De nada valen los halagos, los ofrecimientos, los mimos. El niño prefiere el cálido regazo de mamá o la falda amorosa de abuelita.

Los otros grados, ya matreros en la contienda, gallitos erguidos escapados del corral, quimbozos, altaneros, de piernas cruzadas en las esquinas o de una fumada furtiva en algún recoveco. “Ciriador”, pandillero, festivo; todo para llamar la atención de la amiguita o la predilecta de clases.

Y no faltará una Ashuca, una Tere, una Elvira que nos hará cantar el primer día en tono de la marcha del río Quai:

                                            Se acabó las vacaciones…

                                            Nuevamente a trabajar…

Iniciarán las clases, con buenos maestros, otros regulares y quién sabe malos que van sólo a cumplir sus horas o reclamar lo que nunca han dado.

Y retumbará en nuestras mentes los buenos recuerdos:

                                            Se acabó las vacaciones…

                                            Nuevamente a trabajar.

Con el lápiz, la pluma, el azadón, el bisturí, el matraz, el alambique; cualquier herramienta, pero que no descansen nuestras manos, que se aviven nuestras inteligencias y que no tropiecen nuestros pasos:

                                            Se acabó las vacaciones…

                                             Nuevamente a trabajar…

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