LA SANTA PACIENCIA -Crónicas de mi pueblo

Descendiente de Esaú, el santo varón Job era modelo de bondad y de paciencia. Durante sus primeros años, dueño de una gran fortuna y prosperidad, hasta que el Señor puso a prueba su resignación al punto que perdió a sus pastores, sus ovejas. Se incendió su hacienda y los caldeos le robaron todos sus camellos. Poco después su esposa le abandonó y finalmente se enfermó de lepra. Pero Job -dice las escrituras- permaneció resignado, con la santa paciencia que le hizo inmortal.

Más tarde, Jop fue premiado por el Señor con nuevas riquezas, lindos hijos y una felicidad que duró hasta sus últimosm días.

Se cuenta también, por otro lado que en el cumpleaños del rey de la selva, el león, se reunieron todos los animales y degustaron el buffet tendido en una mesa a lo largo de medio Africa y bebieron mucho licor. Pero era tanto el gentío, mejor dicho el “animalío” que a media noche se acabó los tragos y fue menester que el “camachico” fuera hasta el dueño del santo y le pusiera el corriente de esta imprevisión.

-Dile que venga el tigre y que vaya a la ciudad por más licor, ordenó el león.

El tigre fue ante el soberano y le dijo: señor, yo soy el príncipe de la selva y como tal mi alcurnia no me permite estar de muchacho mandadero.

-Entonces que venga la jirafa, dijo el rey. La jirafa se acercó ante el soberano, refutando de inmediato:

-Señor, yo tengo cuello muy largo y al caminar en la noche por la espesa selva, mi cuello puede atorarse entre las ramas.

Así todos los asistentes ofrecían al rey sus disculpas hasta que al fin el único que aceptó ir a la ciudad a comprar más licor fue la tortuga. Le dieron el dinero y se olvidaron de ella.

Pasaban las horas y la fiesta se iba enfriando dando origen a un barullo ensordecedor.

-Para qué hemos enviado a esa tortuga perezosa, decían algunos.

-Tú tienes la culpa por no ir, se replicaban entre sí.

-Recién estará viniendo esa lerda…

Tanto criticaban a la pobre que tortuga que ésta salió de entre las malezas para decir solemnemente: !Si siguen rajándome…no voy¡

Así es, hasta los animales tienen su Job.

Cierta vez, una cholita andina dejó varios litros de leche en su caserita de la ciudad y cuando se disponía atravesar el dintel de la casa, una voz le detuvo:

-Hija…espérate un ratito, primero toma tu desayuno para que te vayas.

-Gracias mamita, dijo la cordillerana y sacó su cuenta: primero voy ha calentar mi cuerpo que está heladito por el madrugonazo que me he dado. Segundo, voy a recuperar mis energías perdidas y tercero, en lugar de una “machca” que como todos los días en mi choza, aquí voy a comer pan y hasta derrepente con mantequilla o mermelada !atallauuuuu¡

Ya había pasado una hora y el desayuno no llegaba. Dos horas tampoco, tres menos. Entonces tomó una determinación: mamita -le dijo a la dueña de casa- me hago tarde, mejor será que me invite el desayuno en otra oportunidad.

La dueña de casa le respondió:

-Espera un ratito, ahorita voy a comprar fósforo…

Verdaderamente Job nunca morirá, ni en las mentes ni en las manos de alguna gente.

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Difundido por una emisora el 91:03:22 y editado en el libro TIRO AL BULL, Pag. 43 y 44. Ediciones KAFE.

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