PENA DE MUERTE

Olimpio Cotillo

La pena de muerte es un tema controversial y suscita polémica.

Los unos sostienen que Dios da la vida y como tal, sólo Él puede quitarla. Invocan el amor al prójimo y al perdón por las faltas cometidas.

Los otros demandan la pena capital como último recurso ante crímenes horrendos, violación de niñas y niños; asesinatos, secuestros y muchos reincidentes.

Pero, quienes practicaban la pena capital para mantener una sociedad sana de cuerpo y alma, eran los griegos, quienes arrojaban a los defectuosos desde el monte Olimpo. Así preservaron la raza y la belleza humana en su más pura excepción.

Y sin ir muy lejos, la casa también se limpia para vivir sanamente y se hace extensivo a nivel de ciudad. Una casa sucia, es sinónimo de dejadez y mal gusto. Igual sucede con una ciudad. Los visitantes nunca más vuelven al haber encontrado ese timbre de asquerosidad y basura.

Por deducción lógica, se tiene que “limpiar” la sociedad de sus lacras y delincuentes. Se tiene que cuidar al vecindario y no convivir con gente delincuente que además de delinquir, son un mal ejemplo y levadura fresca para las nuevas generaciones.

En nuestra Patria, ninguna medida disuasiva es “remedio para los males”. El delincuente se ríe y en las cárceles (que son una universidad del delito), se perfecciona y reincide con maestría y manos de seda. Y el mal avanza en una proporción geométrica y la sociedad enfermiza, languidece. Las fuerzas que combaten los males, o bien llegan al sacrificio o conviven con la delincuencia y así el mal se convierte en cáncer, incurable.

La pena de muerte es necesaria…de grado o fuerza…

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