ESCUCHÉ VOCES CELESTIALES

                                                         CRÓNICAS DE MI PUEBLO

En Tingua cuando algo salía mal o había una espera prolongada, he escuchado invocar con voz sonora: «Por los clavos de Charcapo».

«Charcapo», un personaje casi «mitológico» pero de carne y hueso, menudo pero trabajador, silencioso pero madrugador. !Por los clavos de Charcapo¡

Y cuando -disculpen ustedes- pensaba que ya la suerte estaba echada con respecto al «bell canto», al exquisito gusto por la música clásica, eh aquí que se hizo la luz para mis ojos; lo celestial para mis cuitas.

Aveces uno juzga mal y lo peor por las apariencias. No es así; la apariencia no es buena consejera, ni tampoco el apresuramiento.

Pensé, por decirlo así, que a nuestra gente sólo le gustaba la música loca, el sonido estridente, lo vacío y casi siniestro.

Pensé por unos instantes que nuestra juventud había perdido la sensibilidad más ignota de su ser.

Pensé aquella noche en que acudí con mi familia al templo Pro Catedral del Señor de La Coledad, que mucha gente llamaría a Beetovhen…Beto ven; o que si se entonaba «Aleluya», dirían «alicuya».

Pero nada de eso. Estaba equivocado de cabo a fin. El pueblo huarasino se mostró ser un pueblo culto y de los mejores oyentes.

Cuando se presentaron los 30 integrantes del Coro Nacional el pueblo demostró expectativa, avidez por desentrañar la verdad.

Cansado de los engaños y dudoso de lo que veía, poco a poco se convenció que era cierto. Estaba frente al Coro Nacional.

Fregó sus ojos, no era un grupo venido de Comas, ni del Agustino. Eran las soprano, barítono, tenor y los contralto. Todos dueños de una personalidad afietada. Eran unos verdaderos profesionales.

Comenzaron cantándonos villancicos y poco a poco se introdujeron a la música zamba del tiempo de los grilletes y las cadenas. De la música negra…del movimiento del cucú o del temblor del «encuentro de dos mundos», pasaron a mecer en su cuna a Niño Manuelito y finalmente remataron con una música nuestra al entonar magistralmente «San Cristobal» del huarasino Rosario Shuán y arreglo del maestro Baut Maguiña.

Fue aquí que el público no se aguantó más en sus asientos, se puso de pies y aplaudió a más no poder, en tanro que los cantantes doblaban medio torso de agradecimiento y el Director del Coro, el Maestro tacneño Andrés Santa María Gonzáles, supo desde ese momento que Huarás le estaba aplaudiendo a rabiar por largos y tendidos minutos.

Y para los místicos, también se imaginaron que los santos e imágenes dejaban por unos instantes sus poses de dolor y bajaban de sus urnas a aplaudir por ese regalo maravilloso, por esas voces angelicales.

Y dejando de lado la parquedad de nuestros conceptos, tenemos que reconocer el esfuerzo del Instituto Nacional de Cultura (I.N.C.)- Filial Ancash y a su Director César Aguirre Chang Fuí.

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Del libro: TIRO AL BULL, Hs. 11 Nov. 1992- O.C.C., Ediciones KAFE, Pag. 88-89.

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