EL NIÑO ES UN COFRE DE ORO

            El año pasado, vio la luz literaria, el libro “Ochenta y ocho cantares extraídos del corazón” de la maternidad de Rosa Cotrina Amado, obra que me dio el honor de prologarlo sin regateos, sabiendo que la autora tiene una brillante trayectoria como destacada educadora, declamadora de soberbia estirpe y mil veces nominada como jurado en diversos juegos florales, especialmente de las instituciones educativas de la ciudad de Huarás, siempre que han cumplidos sus aniversarios y han querido hacer conocer que también dedican un día a las bellas artes, como es la poesía, la declamación o la composición literaria.

            Esta vez, me otorga la prístina satisfacción de comentar su nuevo libro sobre un tema muy cotidiano, pero por eso mismo, muy delicado: EL NIÑO, personaje inexorablemente vivido por todos nosotros, pero al mismo tiempo tan disímil y difícil de querer conceptuarlo en pocas palabras (como en este caso) o en un libro (como es el caso de la autora), dándole un justo valor, espiritual y material.

            Rosa Cotrina Amado, tiene una ventaja. El haber sido madre y como tal conocedora del trance doloroso y a la vez placentero de dar vida a un ser y con el tiempo, ha sabido conducir sus primeros pasos vacilantes y luego formar a un ciudadano útil a la sociedad. A veces sin duda con mimos, con ternura maternal y en otras envuelta en consejos que descorren los cendales de la vida con sus amarguras, dificultades y ¿por qué no? con sus sonrisas de triunfo o sus alegrías de guerrero vencedor luego de una batalla.

            Y hace bien la autora de perennizar al primer fruto de la vida –el niño-  lleno de sonrisas y encantos, luego como adolescente insatisfecho de los primeros vaivenes del camino, más tarde hombre, realizador de sus primeros ensueños y finalmente como anciano inconforme, porque quiere volver a ser enjambre para realizar lo que no pudo en los trances juveniles. Y tiene que resignarse y repetir como Calderón de la Barca: “Los sueños, sueños son”.

            La autora de “El niño es un cofre de oro”, empieza el libro diciendo como bien ella sabe hacerlo: “Son brisas de primavera –se refiere a los niños- impregnadas de perfume, son los ángeles de amor que alegran la tierra, su candorosa risa forma el himno constante de la inocencia que se eleva al cielo de la familia…”  Luego hace disquisiciones sobre la unión del hombre y la mujer como cédulas vivas de todas las sociedades. Indivisible en su estructura moral porque impera un mandato divino: “Lo que Dios ha unido, el hombre no podrá separarlo” una forma irrebatible de consolidar estructuralmente a la familia.

            Pero Rosa Cotrina, no podía dejar de lado, un pasaje de la vida de Jesús que es síntesis y esencia del amor al párvulo: “…dejad que los niños vengan a mí”; es decir, abrir paso al futuro, no ponerle trabas a sus inquietudes, limpiar el horizonte de sus sueños, primero el niño y luego los demás problemas, de este infante depende el futuro de una familia y quizás una nación. ¡Hecho y realidad para comprender la importancia y la prioridad que deben tener las primeras enseñanzas!. Fuente de saber y crisol de alquimia, que no debe soslayar los valores humanos, teniendo como primera fuente cristalina a la madre, la verdadera escuela y hasta la universidad.

            En, El niño es un cofre de oro, la autora encuentra el momento propicio para recurrir a la oración de San Francisco de Asís, el santo de los desvalidos, hambrientos y sedientos cuando nos enseña que allí: “Donde haya odio, ponga yo amor. Donde haya ofensa, ponga perdón…Donde haya duda, ponga fe. Donde haya desesperación, ponga esperanza. Donde haya tinieblas, ponga la luz…Porque dando se recibe. Olvidando se encuentra…”

            Y bien podríamos terminar de comentar este hermoso libro de Rosa Venciana Cotrina Amado, tomando algunos trozos de su Decálogo de los niños, para que nuestros lectores tengan una idea cabal de la valía de este nuevo texto que será presentado en el I.N.C.-Ancash, a la cual no se debe faltar: “V – Si quieres vivir en paz, oye, ve y calla. VI – Honra a los mayores, respeta a todos y no te humilles ante los necios. IX – Observa y medita para conocer la verdad, no te dejes engañar, no engañes a otro…”

            Con la presencia de cada uno de nosotros en la presentación del libro, estaremos consolidando nuestro voto al buen gusto, a lo bello de las letras y al estímulo generoso de un pueblo hacia una de sus maestras más apreciadas como es Rosa Cotrina Amado.

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