ARGUEDAS EN CHIMBOTE, TESTIMONIO DEL PREÁMBULO DE SU ÚLTIMA OBRA

Autor: José Gutiérrez Blas.

Escena de la obra: Chimbote.

            Solamente un caballero a carta cabal, un hombre de bien y un escritor y periodista de fina pluma, pudo cincelar tan profundamente un pasaje de la vida de otro coloso escritor, como José María Arguedas Altamirano. Se trata de JOSÉ GUTIÉRREZ BLAS, a quien conocí en Chimbote en la década de los 60 del siglo XX cuando ambos desempeñábamos labores en la docencia y en el periodismo. Chimbote por entonces, era una ciudad naciente, con calles aún llenas de terral y en sus cinturones, aún se veían casitas de esteras y vida precaria.

Y quizá, de alguna manera, contribuimos a que floreciera, pues todos los habitantes de tierra adentro anclados en esa parte de la costa peruana, teníamos la intención más sana y el propósito más firme de transformarlo no solo como ciudad, sino como el mejor en educación, deportes, labores intelectuales, productivo, etc.; y poco a poco se veía que se lograba.

            De allí que, con gran acierto y desde el mismo ángulo de nuestra retina, Arnaldo (NALO) Alvarado Balarezo, bien hace en abrir su blog “Chiquián y sus Amigos” con la fotografía de tres grandes de las letras peruanas: José Carlos Mariátegui (Sociólogo por excelencia), César Vallejo (Poeta de fino estro) y José María Arguedas (Escritor de la más fina estirpe). Los tres, cultores del indigenismo.

            Precisamente, José Gutiérrez Blas, no deja pasar la oportunidad de perennizar la estancia de José María en Chimbote, pues el año pasado cumplió cien años de su nacimiento (2011), ciudad a la que había arribado atraído por sus problemas. Para entonces, ya había escrito sus libros en forma vertiginosa y ascendente: Agua, Runa Yupay, Yawar Fiesta, Diamantes y pedernales,  Los ríos profundos, El Sexto, La agonía de Rasu-Ñiti, Amor mundo y todos los cuentos, Todas las sangres y Zorro de arriba y zorro de abajo, este último en edición póstuma y motivo de este comentario gracias a su autor, José Gutiérrez Blas.

            El testimonio patético de cómo llegó José María a Chimbote, se desentraña, cuando después de mucho cavilar, José Gutiérrez encuentra el hilo de la madeja por boca del hermano mayor del amauta andahuaylino, Arístides Arguedas Altamirano profesor del Colegio “San Pedro” de Chimbote con quien era colega en el Colegio. Un día –dice José en su testimonio – Arístides se confiesa y le dice que él le había recomendado para que le sirva de cicerone por todo Chimbote y sus diversas vivencias, desde el boom de la pesca y la siderúrgica que sirven de imán para que los habitantes de la sierra se vuelquen en bandadas en búsqueda de nuevos horizontes.

            José María, encontró en Chimbote un tema propicio para su nueva novela “El zorro de arriba, el zorro de abajo” (Los de arriba, ricos; los de abajo, pobres) con personajes, pasajes, peripecias, pobreza, hambruna y también riqueza desmedida de los involucrados en la pesca en aquellos años de florecimiento y bonanza, para unos, y de pobreza para los más.

            José Gutiérrez, termina la obra, admirando una vez más a quien lo buscó como cicerone al más grande indigenista de todos los tiempos y dice: ¡Eres el Nobel del corazón de los Andes; sí, del Perú profundo¡”  y motivos no le faltan. 

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