COMENTARIO 1: SER MAESTRO EN EL PERU

FOLIOS DE LA UTOPÍA

Y EL BIEN DE SERLO

Danilo Sánchez Lihón

 

  1. Se estrellan en los vidrios

Siendo auténtico maestro de aula, y designado ahora a ocupar esa función administrativa, José Portugal Catacora, tuvo que hacerse cargo del siempre amargo y enojoso proceso de evaluación de maestros en un concurso público para ocupar plazas de nombramiento. Se presentaron 4000 maestros para apenas 100 plazas disponibles. Muchos aprobaron, pero no pudieron hacerse acreedores a ningún puesto de trabajo.

Cuando regresaba a su oficina después de almorzar había una manifestación frente al local que él dirigía, acto de protesta en el cual los lemas eran improperios lesivos y ofensivos hacia su persona:

José Portugal

aquí te arrojamos

lo que tanto te gusta:

una peseta y un real.

Y tiraban esa clase de monedas a las ventanas de su oficina, las mismas que se estrellaban en los vidrios y rebotaban a los pies de los mismos manifestantes, quienes las recogían y volvían a arrojar.

 

  1. Los había arengado

Él se sumó a la masa de los que protestaban, y a la gritería general. Y cada vez se fue animando más en la manifestación, hasta que en un determinado momento era el que más vociferaba en contra suya, que se suponía que estaba adentro en su oficina. Y él mismo tiraba las monedas que podía recoger.

Resultó siendo el centro, alrededor del cual la gente se unía para protestar y hacer más enfático su reclamo. Hasta que en un momento incluso se puso adelante y alentaba con los brazos a gritar:

José Portugal Catacora

con mi plata, tu garganta

de vendido, se atraganta

y tu barriga se atora.

Y expresiones como: “director incapaz”, “Servil del gobierno de turno”. “¡Afuera ineficaz!

Era el que más gritaba. Finalmente, después de desgañitarse un rato hizo señas de que ya regresaba.

Y se escabulló para dar la vuelta y pasar a su oficina. Se había desahogado. Sintió alivio.

Se sintió relajado y contento de la tensión en que lo sumían esos días hechos como este.

 

  1. Ingresa la comisión

Pero pronto los profesores, golpeando puertas y ventanas, exigieron hablar con el director, buscando desesperadamente por las calles y por todos lados, y hasta el último minuto, a ese profesor alto y cenceño que los había liderado por un momento y arengado tan bien.

Con él se sentían bien representados y en quien reconocían una natural pasta de líder.

¡Caramba! Pero, ¿dónde se ha metido? ¿Dónde está el profe aquel? No aparecía por ningún lado, pero tampoco podían esperar más.

– El director ya los espera. Pasen. –Dijo la secretaria. Y pasaron. Pero aún en ese tramo mirando afuera, para ver si llegaba aquel colega que tanto los había alentado.

Ingresa la comisión y cuál no sería su asombro y sorpresa al reconocer y encontrar en el director al líder que hacía un momento los había estado incitando y arengado.

Y le preguntaron anonadados y boquiabiertos:

 

  1. Criterios desde adentro

– Disculpe, señor, ¿no es usted el mismo que ha estado afuera en la manifestación arengándonos?

– Sí, claro. Soy yo. ¡El mismo!

– Y si usted es el director, contra quien nosotros estamos protestando, ¿por qué usted nos alentaba tanto allá afuera? –Se atrevió a interrogarle uno de ellos.

– En primer lugar, no lo hacía por burlarme, sino porque ustedes tienen razón. Porque creo en que todo lo que ustedes están reclamando, y en el motivo de su protesta.

– ¿Así? ¿Entonces?

– Lo hacía de todo corazón y con la plenitud de mi conciencia. Con respeto y honestidad de que lo que piden está bien.

– Pero, ¿cómo entender esto?

– Sí afuera gritaba y tenía razón, ahora quiero que escuchen y se percatarse de cuáles son los criterios desde aquí adentro.

– ¿Sí?

 

  1. Así de noble es ser maestro

– Desde afuera los apoyo. Así como quisiera que ustedes, por lo menos, me escuchen y comprendan, conociendo los problemas desde dentro. Porque hay dos fundamentos: Hay una verdad desde afuera y hay otra verdad desde adentro.

– ¿Usted es el maestro autor de Los niños del altiplano? –Dijo otro profesor, lleno de asombro. En ese libro he basado mi tesis.

– Sí, yo soy el autor. Y a cada uno de ustedes les voy a obsequiar un ejemplar. Pero, como les estaba diciendo hay dos maneras de mirar la realidad: Hay axiomas desde afuera y hay postulados desde adentro. En los criterios de afuera como maestro los apoyo. Ahora quiero que ustedes analicen conmigo y ojalá que me apoyen en la otra versión, cuál es la visión desde adentro.

Y les explicó la verdad de las cosas desde las limitaciones del presupuesto, desde las directivas y normas, y desde lo que es ser gobierno.

Los profesores entendieron el problema, aceptaron las explicaciones y salieron tranquilos, explicaron a sus compañeros. Y días después el profesor José Portugal Catacora fue invitado a un agasajo de desagravio y de reconocimiento a su labor. Así de noble es el maestro en el Perú. Y así es de contradictoria nuestra realidad.

 

  1. Intuir aquella esperanza

En el año 1992 tuve el honor de ser vocero y portador del homenaje en vida que un grupo de especialistas en literatura infantil, interpretando el sentir del magisterio peruano, rendimos al maestro.

Decidimos homenajear al profesor José Portugal Catacora otorgándole una medalla y Diploma al Mérito de reconocimiento a su labor promotora de la creación literaria de los niños del Perú.

Este fue un acto público muy concurrido realizado en el amplio auditorio del Club Ancash, actividad que estuvo a cargo del Instituto del Libro y la Lectura del Perú y en el marco del Proyecto Internacional “Te regalo un sueño”, PIALI, con sede en México. En aquella oportunidad en su discurso de agradecimiento expresó:

“Alguien ha dicho con sutil y profunda ironía que el niño es la verdad con la cara sucia, la sabiduría con el pelo desgreñado y la esperanza del futuro con una rana en el bolsillo. ¿Sabemos algo de esa verdad? ¿Poseemos algo de esa sabiduría? ¿Somos capaces de intuir aquella esperanza?

 

  1. Beber de su manantial

Y continuó diciendo:

“Cuando alguien escribe la historia del niño, podremos ver cuán injusto ha sido el hombre con el niño de todos los tiempos y de todos los pueblos del mundo. Y entonces, y solo entonces, podremos comprender el origen de los tremendos males que aquejan a la humanidad de nuestro tiempo”.

Hablaba indudablemente de sí mismo, porque ¡cuán injusto fue el mundo contra él cuando fue niño!

Pero él mismo es el ejemplo del Ave Fénix que revierte lo adverso en feliz y propicio.

Y se levanta en un impulso supremo. Y se eleva por los aires en vuelo infinito, cuando se está tocado por un designio grandioso qué cumplir.

Como él lo cumplió para bien de nuestra educación y del maestro a partir de cuya existencia y desempeño tienen a un referente al cual acercarse y beber de su manantial.

Y hasta quizá esté en el alma prístina de un verdadero maestro como lo fue y lo es José Portugal Catacora. la esencia y la fortaleza de lo que significa ser un niño.—

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