NACE MARIO FLORIÁN

FOLIOS DE LA UTOPÍA 

POETA Y AMAUTA

 

 

Danilo Sánchez Lihón

 

  1. Soy pastorcito

 

El poeta Mario Florián nació el 5 de octubre del año 1917 en Nanshá, provincia de Contumazá, en Cajamarca; en un lugar agreste, de puna, sin agua potable ni luz eléctrica, un paraje de jalca en plena cordillera andina, donde el viento, el frío y la nevasca azotan inclementes.

Donde no hay una escuela cercana, ni libros ni mucho menos bibliotecas, donde no se enfoca un tema de cultura, ni intelectual, ni mucho menos, ni se escriben textos literarios. Él de niño descalzo y rotoso pastoreaba ovejas, vacas y cabras.

Sin embargo, quienes viven en chozas en lugares solitarios, en comunión con el viento, los cerros, las nubes y la lejanía, aprecian la naturaleza con su rica flora y fauna; y saben leer en el libro prodigioso de la vida que se ofrece abierto, espléndido y por doquier.

Por eso, es ella la que sobresale intensamente en la obra poética de Mario Florián; uno de cuyos primeros méritos es haberse identificado y consustanciado con su mundo circundante.

Porque ocurre frecuentemente en la mayoría de intelectuales que nacen, crecen, viven y hasta mueren en ese mismo lugar, pero sin identificarse ni comulgar con su medio circundante, sino que, al contrario: buscan ambientes artificiales por el prejuicio de que consideran que nacieron para ser otros, desestimando y menospreciando aquello que signa su origen y procedencia:

 

  1. Con poncho bicolor

 

YO SOY UN PASTORCITO

En este campo verde,

donde retoza el sol,

pastoreo mis lindas

ovejas de blancor.

Yo soy un pastorcito,

yo soy un buen pastor.

Hago salir de mi honda

pedrusco volador.

Al pie de mi rebaño,

silbando una canción,

a la majada vuelvo

con poncho bicolor.

Y a la majada llego

cuando declina el sol,

silbando, modulando

mi pastoril canción:

–Yo soy un pastorcito,

pero, con mi honda, yo

hago correr al puma,

al zorro y al halcón…!

 

  1. Espiga que habla

 

Es raro entonces, y hasta excepcional, que un poeta reivindique su lar nativo, mucho más si es humilde, y se ocupe de su geografía, se posesione y goce con ella.

Porque nos olvidamos conscientemente del entorno que nos rodea, lo rechazamos encandilándonos por mundos que especulamos como superiores. O nos sumimos en miedos, cobardías y frustraciones.

Volvemos las espaldas al paisaje, al hombre y a su don de vida, de ofrecer y servir. Florián en cambio es un poeta de la naturaleza, la revive y anima, la recrea a su manera, está en comunión con ella, en consubstanciación con la flor, el fruto y el ser humano. así:

CANCIÓN VEGETAL

De las espigas,

la más soñante

te traeré,

y en la kantuta

de tus dos trenzas

la prenderé.

 

  1. Tú sollozarás

 

Y, ante los ojos

de cielo y aire,

palomitay,

fingirás una

planta de trigo

florida ya.

Sumaq espiga,

de aroma de oro

inundará

tu cabellera

y tu sonrisa

y tu soñar.

Espiga que habla,

musicalmente,

te contará

cómo sollozo,

y, entonces, tú

sollozarás…

 

  1. Azul cosecha

 

 

Hace de los animales su propia fantástica Arca de Noé, un zoológico de ternura, donde sus metáforas e imágenes más recurrentes son la paloma, la perdiz, el venado, el conejo, la vizcacha.

Como también otros fenómenos de gran esplendor: el rocío, la lluvia, los celajes; y, en suma, la presencia telúrica, como el sentimiento y la virtud de los hombres y mujeres al compenetrarse con la tierra:

Sembré la chacra

del trigal mío

por cosechar

sólo una espiga

que te perfume

y que te adorne

hasta expirar.

Y ya elegida

la espiga de oro,

nada de nada

me importa ya

que sobre todos

los llenos trigos

caiga el helar…

 

  1. Entre abrojos y tempestades

 

Espiga dulce,

la dulce espiga

de tu cantar,

espiga dulce

la de tu paso,

espiga dulce

la del trigal…

Serás, paloma,

la chakra de oro,

la azul cosecha

que tendré yo,

cuando te sieguen

mis puras hoces

de corazón…

Y es que solo el ande puede mostrar estas flores de sublime belleza; impecables, leves y tenues en su preciosura, que crecen al borde de los abismos, solitarias e inalcanzables.

Que no se dejan ver en la caída de los precipicios de espanto, con sus colores azules, naranjas y amarillos intensos, de dos o tres pétalos, que se yerguen y sobreviven entre los abrojos y las tempestades.

 

  1. La voz de la naturaleza

 

Esta y otras tantas presencias entona y modula en su canto. También aquella hermosura bravía, oscura y hasta tenebrosa del ande, que Mario Florián ha sabido captar y mostrar en sus poemas.

NIEBLA

¿Por qué enamorada

de la hermosura del cerro…?

Trasciende a música de arpa

tu sueño.

 

Ya llegas, flor de quebradas.

Ya subes. Ya das al cerro

una afección incendiada

de invierno.

Él mismo ha expresado:

“Hombres y mujeres trabajaban (en el ande) al son de cantos. El don de la poesía lo he recibido de la clase ágrafa rural. Y mis poemas iniciales pretendían ser la voz de la naturaleza misma”.

Es Mario Florián poeta de gran fuerza telúrica, quien rescata valores ancestrales de nuestra cultura andina, como la ternura, la solidaridad y el sentido sagrado de la naturaleza, siendo además de poeta representativo el gran amauta del Perú eterno.—

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