DÍA DE LA MEMORIA DEL HOLOCAUSTO

FOLIOS DE LA UTOPÍA

EL MUNDO QUE NOS TOCA REDIMIR

Danilo Sánchez Lihón

¡Amado sea…

el justo sin espinas!

César Vallejo

  1. Como es y fue

En el Perú la población antes de la llegada de los europeos ascendía a 20 millones de personas, pertenecientes a una cultura prístina y matinal, construida sobre la base de la solidaridad y fraternidad humanas, cultura de fiesta del alma ligada al trabajo mancomunado, y a la celebración de la Tierra y la naturaleza como espacios sagrados. Sin embargo, en el censo de 1570 a 1575 realizado por el Virrey Francisco de Toledo, solo alcanzaban a sobrevivir apenas un millón de indígenas; para ser exactos: 1,067,696 individuos, a solo 38 años del arribo de las naves españolas a nuestras costas.

Hay una amplia bibliografía y numerosas citas principalmente de cronistas españoles, que refieren acerca de los abusos, crueldades y actos de ensañamiento cometidos en contra de la población nativa a la cual se la mataba por deporte, por jolgorio y divertimento. Y recordamos este holocausto porque sigue teniendo prolongaciones lacerantes en el capitalismo salvaje de estos días que niega incluso el derecho al agua a las poblaciones originarias y dueñas de sus tierras.

Y esto ocurre también en relación a la extracción del oro, justamente en el mismo lugar en donde antes se produjeron masacres, saqueos, traiciones y actos de barbarie, como fue y es todavía; como fue lo que ocurrió y sigue ocurriendo ahora en el departamento y provincia de Cajamarca.

 

  1. El primer magnicidio

 

Porque fue en Cajamarca, y en la plaza de dicha llacta, en el atardecer del día 16 de noviembre del año 1532, en donde se perpetró la destrucción del Imperio de los Incas, con el resultado de 10 mil naturales muertos, en apenas unos minutos de masacre.

Ni uno solo portaba armas, mientras los arcabuces, sables y caballos de los invasores producían una estampida que derruyó muros de piedra y en donde murieron personas pacíficas a quienes los convocaba únicamente el sentimiento de cariño y adhesión a sus gobernantes.

Y es que: ¿quién protagonizaba la conquista de estas tierras? La cultura occidental guerrerista, codiciosa e infame en sus objetivos, cuál era el enriquecimiento a toda costa; de garrote, alevosa y de horca y cuchillo.

Y el primer magnicidio en nuestro continente ocurre algunos meses después, cuando el 26 de julio del año 1533 ejecutan al Inca Atahualpa, quien permaneció capturado ocho meses y medio; tiempo en el cual se habían hecho amigos con todos los conquistadores con quienes departía jugando ajedrez y hasta filosofando juntos.

 

  1. Debacle del exterminio

 

A ese amigo con quien departían lo mataron sin apelaciones, y solo por el cálculo político y financiero. Esa era la moral de la cultura ajena e invasora, extraña y a la postre dañina.

Lo mataron pese a que aceptaron un rescate consistente en entregar llena la habitación en que estaba preso, y hasta donde alcanzaba a señalar su mano, una vez de oro y otra vez de plata.

De nada valió el temperamento amplio, cordial e inteligente del soberano indígena. Lo ejecutaron implacablemente y es que ante esa cultura de rapiña y frente a sus intereses no hay amigos que valgan.

Lo que hay son conveniencias y botín. Esos son los rezagos que hay que corregir, si hay algún rasgo de ese tipo que quede entre nosotros. Y si son ellos los que lo siguen perpetrando evitar que nos sigan tratando igual que en aquel entonces.

Ahora bien, ¿por qué revivimos todo esto? ¿Acaso por resentimiento, autoflagelación o recreación morbosa? No. Sino porque esta es una historia vigente, que se repite, que es dolorosa y en estos momentos está pendiente de solución, cuál es el trato desde el poder a las poblaciones indígenas.

 

  1. Yo soy testigo de todo esto

 

El exterminio de las poblaciones indígenas en América Latina, calculado en 80 millones de personas que murieron víctimas de las perversas atrocidades que se hacía en los trabajos forzados, pero también como fiesta y algarabía de la gente que asistía a esos espectáculos a ver a nativos ser devorados por perros de presa, en Lima fue muy concurrido el Parque del Olivar, en San Isidro.

He aquí una cita del padre Bartolomé de las Casas, que refiere de estos hechos con la aseveración de que él los ha visto, de los cuales da testimonio y no que los haya escuchado decir o referir narrados por terceros. Y su testimonio es este:

Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y los destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana… Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas.

 

  1. Zozobraban por el sobrepeso

 

Claro que, para aquella debacle del exterminio de nuestra población, se sumaron, a la actitud despiadada de aniquilamiento, las enfermedades infecciosas que trajeron los invasores.

Las epidemias fueron traídas por los europeos producto de la suciedad reinante en la cual ellos allá, en el viejo continente, vivían, en esos países. Y que no era el caso de las poblaciones nativas aquí acostumbradas a la higiene y a la pulcritud.

Enfermedades como la viruela, la influenza, el sarampión y el tifus que hicieron un estrago devastador, se sumaron a aquella acción destructiva de aniquilamiento y que terminaron diezmando a la población nativa.

Todo esto hay que recordarlo y enseñarlo, porque al final los pobres a veces no sabemos a causa de qué seguimos siendo pobres.

Y hay que hacer magisterio respecto a la codicia de los rapaces, ahora llamados países ricos cuando siempre fueron indigentes y míseros, desde donde nos siguen viniendo directivas de saqueo, razón de su propia autodestrucción.

  1. Dubitativos herederos

 

Como ocurría en tiempos de la colonia que los barcos partían de aquí repletos de oro y zozobraban por el sobrepeso y las tormentas del Caribe y del océano Atlántico.

Pero ellos mismos refieren, porque salían en convoy, que preferían que el barco se hundiera con el lastre de sus propias vidas antes que arrojar al mar una sola pieza de oro, la más ínfima que fuera, para evitar el sobrepeso fatal; tal era para ellos la seducción del vil metal.

Y sucumbían en el frenesí de la apetencia. Sus propias existencias no valían nada frente al oro, la plata y las piedras preciosas. ¡Han naufragado en los océanos galeotes íntegros, repletos de esas que consideraban fortunas, pero que al final no eran sino cacharros!

Pero no solo se persiguió y destruyó aquí la vida, sino que se trató por todos los medios de destruir nuestras creencias, costumbres y hasta las imágenes de nuestros sueños.

Para eso se organizó una cohorte organizada de funcionarios en donde se incluían a los más preparados, conocida como los Destructores de Idolatrías.

 

  1. Un mundo justo

 

Pero en el fondo nos salvamos, porque nos escondieron los vientres de las madres indígenas en las cuales ellos habían procreado y nos engendraron a nosotros que somos hijos de los conquistadores, pero en vientres amorosos de los cuales somos todavía dubitativos herederos.

¿Qué nos toca hacer ahora? Fundar una consistente identidad. Nos toca conocernos, saber quiénes somos, qué nos aqueja, dónde nos duele; Sintonizar con nosotros mismos; saber qué es lo que nos ocurre.

¡Y dónde reconocernos! ¡Y cómo encontrarnos ahora! Yo doy un alcance: en el mundo andino. Allí, en donde, en una permanente contienda, hemos resistido y hemos triunfado. Y en donde debemos pasar a tener la iniciativa.

Reemplazando el lenguaje agresivo, mordaz y desesperanzador, por el lenguaje de la esperanza, de vigor y generosidad

Reforzar nuestra autoestima que es trascendental. Porque los hombres que se auto valoran son capaces de emprender grandes hazañas.

Y reconocer que siempre estará pendiente en el alma humana por órdenes vitales ineludibles el anhelo de un mundo justo, solidario y mejor.—

 

CRÓNICA DE UN VIAJE AL EXTRAMUNDO

CON CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

 

 Y un día llegamos a ese mundo, el mismo que había albergado el nacimiento de un hombre convertido en mito por su grandeza, habíamos hecho un largo viaje solo para saber más de su vida, recorrer los lugares que él había recorrido alguna vez, andar sobre sus pasos imperecederos, fuimos al encuentro de Vallejo y en cuanto llegamos, ya éramos parte de su sangre, parte de su alma, pues todo aquel que tiene afanes contra la miseria y la injusticia, tiene algo de Vallejo.

Bajamos a prisa de la nave, volamos como pájaros por el universo, dejamos los cuerpos reposando para el retorno, nos hicimos solo espíritu como mandaban las reglas del nuevo mundo. Cayeron algunas lágrimas y se perennizaron en el cielo.

No se sabía con certeza si ese lugar existía, nadie salvo quienes habían logrado llegar a él, se tejieron hipótesis muchas veces, se creyó que era un invento de las edades antiguas, y ciertamente era inimaginable que, en épocas como esta, pudiera existir, o sobrevivir un lugar como Santiago de Chuco. Nadie sabía de aquel lugar, nosotros sí, estábamos allí, aletargados cada diez metros. Pues todo suceso bueno en la vida, no podía siquiera aproximarse a este.

Pasamos algunos siglos, adaptándonos a las maravillas del mundo Chuco, a su cielo diáfano, y sus calles hechas artesanalmente, a esta vida extraordinaria, entre fogatas cálidas, entre poetas espontáneos que podían emerger de cualquier rincón, bailando con entrega generosa, con el regocijo de vivir en un lugar de estructura etérea. Santiago de Chuco existía, enclavado en el cielo, existía.

Llegar no había sido tan difícil, pero marcharse parecía imposible cuando se dio el aviso del retorno, nos abordó la sensación de estar terminando un sueño que antes parecía eterno, nos volvimos entonces almas tristes, y como cuando llegamos, cayeron lágrimas, pero ahora muchas más, para incrustarse en el firmamento, y confirmar que cada luz brillante en el cielo de Santiago de Chuco es una lágrima derramada por quien llega a sus entrañas, y por quien se va. Érase una vez Santiago de Chuco, en un viaje de ensueño. O quizá solo una utopía de los mortales.

HELMUT JERI PABON

 

*****

 

30 DE ENERO

EN CONMEMORACIÓN DE LA MUERTE DE GANDHI

 

DÍA DE LA NO VIOLENCIA Y LA PAZ

 

FOLIOS DE LA UTOPÍA

 

HAY QUE ERIGIR PUENTES

 

Danilo Sánchez Lihón

 

Nunca ha habido

una buena guerra,

ni una mala paz.

Benjamín Franklin

 

  1. Al lado mío

 

Para hacer posible la paz no se trata de levantar muros ni encerrarnos tras cercas sino hay que erigir puentes.

Y no me refiero tanto a la paz para aliviar las guerras, que son esporádicas, lejanas y peregrinas.

Me refiero más bien a la paz sencilla, cotidiana y de todos los días. Aludo a la paz casera con el vecino, el colega del trabajo, en el hogar entre esposos, como entre padres e hijos.

La paz con el presente, el pasado y el futuro pendientes de una relación cordial con ellos.

Concordia con lo que está al frente, detrás y a mi alrededor.

Paz con el cielo y el mundo bajo las plantas de nuestros pies; con la vid que tengo dentro y al lado mío.

 

  1. Llegar al mar

 

¡Paz con la naturaleza!

Aunque incluso utilizamos los ríos como cercos y fronteras, ubicando al otro lado de la orilla a los que consideramos enemigos.

Pero para exorcizar toda separación hay que tender puentes. Contra las diferencias y contra todos los sufrimientos.

Porque los puentes nos llevan de una a otra orilla; como de lo conocido a lo desconocido e ignoto a fin de al menos escudriñarlo.

Porque las dos orillas de un río nunca se juntan ni siquiera al llegar al mar.

Son la misma esencia pero que nunca se unen salvo con los puentes.

Por eso, lo que más ama el río son los puentes. ¡Y qué importantes que son ellos!

 

  1. Llegan o se van

 

Pero hay formas y clases distintas y variadas de puentes:

Los hay de fierro con figuras moldeadas en sus balaustres, aunque existen otros de cemento y concreto armado, y con cables que se alzan hacia lo alto.

¡Y los más bellos fueron hechos de piedra en los lejanos tiempos!

Se extienden sobre ríos hondos y caudalosos. O sobre lagos sonámbulos, ¡como vigías desvelados e insomnes!

Vistos desde la base hacia lo alto se lo siente etéreos y celestes.

Y mirados desde el aire son lazos que juntan dos cuerpos sobre un tajo abierto.

Mirados desde cerca son bálsamo sobre una herida palpitante y abismal que apenas alivian, superan y finalmente ayudan a atenuar los caminos que llegan o se van.

 

  1. Tienden lazos

 

¡Pero son tan bellos sus arcos detrás de las colinas y de la neblina que los envuelve!

¡Y del rocío de la alborada que los exornan en el amanecer de un día propicio!

Hay puentes que unen parajes, islas, continentes. Hay puentes vistosos y otros escondidos.

Como hay miradas puentes, que inician una nueva historia, que juntan destinos que venían por rumbos diferentes. Son miradas puentes.

Hay gestos, expresiones, actitudes que son puentes porque tienden lazos, vínculos y conjunciones.

Hay tantas formas y clases de puentes evidentes e invisibles.

 

  1. Entre una y otra orilla

 

Pero ninguno que no sea hermoso por su significado. Eso sí, hay unos livianos y otros fuertes; unos horizontales y otros curvos.

Y a veces los puentes no se hacen visibles. Son anhelos y pura ilusión; son trazos que uno imagina cuando nada nos une y todo nos separa.

Pero ellos, pese a ser así, sin cuerpo, también nos salvan.

Y hay tantas maneras de ser puentes. El asa de este pocillo en que sorbo el café que me abriga y trata de ponerme contento, es un puente.

Las palabras son en realidad, todas ellas, grandes puentes.

¡Cuán distinto sería si en vez de callar hubiéramos dicho la palabra precisa que tendía un puente entre una y otra orilla!

 

  1. En lo cotidiano

 

¡Cuán distinta sería la vida si hubiéramos tendido los puentes que eran oportunos y exactos!

La paz hay que anhelarla y luchar por ella para que se imponga no sólo en donde hay guerras o conflictos bélicos.

Porque es importante la paz allí donde están erizados los ejércitos. Y la manera de hacerlo es tendiendo puentes.

Pero también es fundamental en el ámbito cotidiano, al interior de cada casa o de una familia. La paz en un centro laboral, vecindad u organización social.

Y mucho más aún en donde hay una aparente paz, una paz de cementerios, y en donde nuestras relaciones están quebradas.

Porque hay desconfianza y hemos elegido ya la perspectiva de la desavenencia, la pugna y el conflicto.

 

  1. Atesorarla como un diamante

 

Por eso hay que tender puentes.

Y entre las palabras puentes hay una que es fundamental, y ella es hermano. Como otra es abrazo.

¿Y qué mejor puente en realidad que abrazarse?

Y entre los puentes más bellos lo es una mano tendida hacia otra mano. ¡Y aún más la mano para sujetar al hermano que caía!

Como hay un puente que hasta ahora nos asusta y que une cielo y tierra, y ella es la muerte.

Hay que verla más bien como puente, grave y difícil es cierto, ¡pero al fin puente! Y puente de paz.

Porque en el fondo la paz no solo hay que sentirla y pensarla sino imaginarla y atesorarla como un diamante, como el bien supremo en el alma y en el universo.—

También te podría gustar...