INDIOS DESCUBRIDORES DE EUROPA (*)

Crónica de: Olimpio Cotillo

Desde un pueblito desconocido, casi conviviente con el zorzal y los cóndores, vino por primera vez a Huaraz, Vicente Tahua.
Desde Punta Callán, cumbre más alta al Oeste de Huaraz, el niño no se imaginaba cómo era esta capital de Ancash, con casas de techos rojos, calles, avenidas, templos espléndidos, plazuelas y en fin una gran ciudad en comparación a su pueblo de chozas aisladas donde para conversar con los vecinos más próximos, se tenía que gritar de cerro a cerro.

La primera noche de la llegada de Vicente se juntó con otros pilluelos malvados con quienes jugó hasta cansarse. Entrada la media noche pidió a Vicente que apagara la luz eléctrica.
El niño muy comedido, comenzó a soplar el foco, como acostumbraba apagar su candil en su modesta choza (allá en su tierra). Al ver la escena, los muchachos comenzaron a ensañarse. ¡Mejor súbete a la silla si no puedes apagar desde el suelo!, le ordenó el mayor.
Vicente se subió a la silla y desde allí soplaba con tanta fuerza que sus ojos querían desorbitarse. ¡Más fuerte…! ¡Más fuerte…! Le gritaban en coro los muchachos, en medio de risas incontenibles. En eso, alguien pulsó el interruptor apagando la bomba. Vicente respiró profundo como quien dice ¡Por fin, lo apagué! Bajó de la silla y el foco volvió a encenderse sin que el niño encontrara una explicación.
-¡No sé qué clase de mecha tiene esta vela!, dijo inocentemente, mientras que los otros muchachos seguían riéndose con los estómagos adoloridos y las mandíbulas que se querían caer.
Vicente tomaba todo el aire posible en sus pulmones y sopla que te sopla…
Hasta que cansados de tanta broma, pulsaron el interruptor aunque la risa continuaba hasta casi el amanecer.
Eso pasó en pleno siglo XX. Lo sostenido por el filósofo francés Juan Jacobo Rouseau, estaba vigente: “El hombre nace bueno, la sociedad lo corrompe”

Si esto pasaba en nuestros tiempos, imaginémonos cómo sería hace medio milenio atrás, donde la inocencia lindaba con el candor y los conocimientos eran escasos y solo lo poseía la elite.
Ya el miércoles pasado, hicimos una muy somera comparación de las dos culturas durante el Descubrimiento de América por Colón. Quién sabe si satisficimos a algunos. Lo cierto es que cualquier explicación por radio, resulta corta para desmenuzar el impacto, la emoción y su secuela posterior. La llegada de los españoles a tierras vírgenes transformó todo lo que hasta entonces era el summum del conocimiento.
En líneas apretadas, también es menester dar un pálido reflejo del otro ángulo de la conquista. ¿Qué pasó con los seis nativos que fueron llevados a España por Colón? Ellos pertenecían a la isla Quisqueya y Guanahaní. Todos hombres. Según los autores, debido a que Colón quería evitar la tentación de la carne de sus navegantes.
Los taparrabos y torsos desnudos de los aborígenes, fueron cambiados por vestidos a la usanza española con chalecos y abrigos y sus pies desnudos fueron calzados con botas de marino. Obligados a subir al navío La Niña junto a racimos de bananos, cocos, guacamayos y cuanto producto exótico pudieron cargar con rumbo a España.
Los seis nativos partieron el 16 de Enero de 1493 y tras un recorrido con vientos huracanados y lluvias torrenciales, los aborígenes, lejos de sus playas, sus mujeres y sus hijos, apartados de todo lo que amaban, arribaron al Puerto de Palos el 15 de Marzo de 1493.
Fueron recibidos con gran ansiedad por sus majestades católicos y todo el pueblo español y la salva de cañones de los barcos vecinos aumentaron la inquietud de los extraños visitantes. Entre los españoles todo era alegría lindante con el frenesí a excepción de los seis nativos americanos que no salían de su asombro y quien sabe del miedo ante tanta algazara de rostros blancos, barbudos y de un lenguaje extraño”.
Felizmente ellos habían sido seleccionados personalmente por Colón entre los más altos, fornidos, inteligentes y podían fácilmente comprender lo que estaba sucediendo.
En aquellos momentos, primero asistieron a misa junto al pueblo español, luego fueron llevados por el mismo Colón al Convento de la Rávida. Al día siguiente fueron llevados a la iglesia de San Jorge y a la casa de Martín Alñondo Pinzón donde uno de los nativos casi se vuelve loco al ver por primera vez un caballo.
Aunque no comprendieron bien la narración de Colón a los Reyes Católicos sobre su hazaña fueron obligados a olvidar sus costumbres “paganas” y el 6 de Mayo de 1493 fueron bautizados en po9mposa ceremonia.
Al Casique más importante le pusieon el nombre de Fernando de Aragón; al segundo en importancia le llamaron Juan de Castilla y a los cuatro restantes recibieron nombres de abolengo.
Al nativo Juan de Castilla, le nombraron “Mayordimo del palacio real y fue tratado “casi como0 hijo”. Sin embargo, Juan de Castilla, murió a los dos años sin enfermedad aparente, pero sí de nostalgia por su lejano terruño.
Los otros cinco indiosruvieron mejor suerte, pues retornaron a la América en el segundo viaje de Colón en setiembre de 1493 sin que hayan podido acostumbrarse a la vida sedentaria “por más que los azotaron y maltrataron para lograr este fin”, según dicen los historiadores.
Cuando llegaron a su tierra de retorno, los indios les dieron tabaco y unas hohas de hierva (sin duda era coca) para espantar los malos espíritus.
Luego se despojaron de sus prendas de vestir occidentales y se echaron a correr libremente entre ríos y cocoteros.
Ellos ¿acaso no descubrieron Europa…?
Y nunca lo supieron…
Qué distante, qué nebuloso para nuestros días que por razones mezquinas no hayamos recordado en Huaraz estos hechos, estos pasajes de la Historia Universal!.
Pero sí estaremos prestos a realizar romerías, misas y desfiles cuando alguien cumple años o es el aniversario de “perico de los palotes…”

¡Qué tristeza…qué incultura…qué afán de olvido…!!!

(*) Del libro: Tiro al bull de OCC. Pags. 82 al 84. Ediciones KAFE.

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