CINCO DÍAS EN LAS ANCAS DE ROCINANTE

Roel, había terminado muy niño la primaria, así es que el padre, muy dueño de sí determinó que se traslade a Huaraz a seguir la secundaria. La idea fue compartida con su esposa que aunque con el dolor de su corazón, aceptó la idea.

            El problema estaba a que si Roel aceptaría separarse de su madre por quien daba su vida.

            Cuando todo estuvo preparado, el padre tomó la decisión de comunicarle a Roelito su deseo de labrarse un mejor porvenir.

-Roelito, tu mamá y yo hemos decidido que viajes a Huaraz a seguir estudios secundarios en el mejor y único colegio del departamento de Ancash. Se llama Colegio de La Libertad.

            El niño de apenas 11 años de edad, en ese momento no comprendió bien lo que escuchaba, pero luego de unos segundos, comprendió la tragedia ¿Separarme de mamá, de mis animalitos, mis amigos, de mi caballo Rocinante. Corretear por el campo, recoger las hermosas flores, ordeñar todas las mañanas a la vaca “Barroza”, eso…!nunca¡

            Y su decisión lo rubricó con un sonoro llanto.

-No quiero ir a Huaraz…no quiero…no quiero he dichooooo…

            Los padres comprendieron el rechazo del niño, pero trataron de convencerle con mil mimos que poco a poco iba endureciéndose con más autoridad.

            Pero la mamá aparentaba estar decidida a separarse de Roelito, aunque en el fondo de su corazón lloraba amargamente.

            Inexorablemente llegó el día de la partida hacia Huaraz, ciudad desconocida y misteriosa.

            Papá y mamá habían dispuesto que la Juliana sería la “ama seca” de Roelito, que partirían hacia Huaraz cinco mulas llevando las vituallas y todo lo necesario para que permanezca cómodo y no le falte nada. Suficiente dinero para que compre el uniforme y los útiles escolares y lo más importante, que no le deje que llore por ningún motivo.

            Designaron a Rudecindo para que retorne las acémilas una vez que se instalaran en la ciudad de Huaraz.

            Y Roelito seguía llorando: No quiero, no quiero ir a Huaraz…

-No vas a ir solo, tu papá te va a acompañar, le consolaba su dulce madre Además la Juliana te atenderá, no te va a dejar.

-¿Por nada del mundo?

-Por nada del mundo además, tú vas a ser su jefe…

-¿Su jefe?

-¡Su jefe!

            La despedida que trágica, solo los cascos de los caballos y mulas repiquetearon en el piso empedrado. Muchos curiosos salieron a sus puertas para ver que Roelito se iba a estudiar su secundaria en el Colegio de La Libertad de Huaraz.

-¡Al Colegio de La Libertaddddd!?

-Sí oy…es que su apá tiene plata sheshitooo…

            Fatigosos y sudorosos habían cabalgado hasta que se anochecieron en el camino. Los arrieros habían improvisado unas carpas y Juliana había calentado el jamón y había preparado una frugual sopa. Cenaron alumbrados por un débil candil aunque Roelito no quiso probar bocado alguno, estaba inapetente y a cada rato lloraba extrañando a su madre, a su mundo andino…

                                                           ***

            Roelito, no pudo conciliar el sueño, por ratos contemplando las estrellas, en ocasiones escuchando el aterrador graznido de los búhos o sintiendo el desmoronamiento de los cerros en las profundidades de la noche. Entre sueños sintió a la madrugada el relincho de un caballo. Se despertó y vio que su padre ensillaba a su “Vayo” para retornar a su Huacaybamba a cumplir sus obligaciones pecuarias.

            De súbito el niño se paró en su improvisado lecho y a gritos se prendió de su padre que no supo cómo reaccionar.

-No te vayas papáaaaa…No te vayas papá…

-No me voy hijo, le consoló llenándole de besos.

            Y pensar que tenían que estar tres días en las ancas del “Rocinante” viajando de sol a sol para llegar a esa enigmática ciudad donde estudiaría secundaria para ser mejor que el “Ruperto” que era un simple chacarero, o como el Tiburcio que se dedicaba a vender droga a salto de mata.

            De todos modos, al tercer día, Roel al despertar a la madrugada, no encontró a su padre que había regresado a Huacaybamba sin que su niño se diera cuenta.

                                                           ***

            Juliana fue su paño de lágrimas, su consuelo, su confidente. En su tibio regazo y en silencio, Roel confesaba sus quebrantos, su dolor al haber dejado a su madre.

            Al cuarto día, se dio cuenta que había dejado lejos, muy lejos a su añorada Huacaybamba, selva calurosa de misterios escondidos y bosques impenetrables, para haber pasado por la cordillera de Cahuish, Chavín, San Marcos, Pomachaca, Rahuapampa, Aczo, Chingas, Llamellín, Huacaybamba, Arancay, Huacrachuco y más adentro y casi al final, Tantamayo 

            Su padre era terrateniente, “casi hacendado” de Huacaybamba que logró estudiar solo hasta el segundo de secundaria y dejó los estudios a la muerte de su padre para hacerse cargo de las tierras y el ganado.

-Yo no quiero que mis hijos sean igual que yo, decía en sus íntimas conversaciones, por eso enviaba a Roel a estudiar a Huaraz.

                                                           ***

            Cansada de estar horas enteras en las ancas de Rocinante, Juliana y su séquito llegaron a Huaraz. Roel recuperó energías al ver una ciudad inmensa, con luz eléctrica, calles estrechas pero hermosas y bien empedradas. Autos que se desplazaban a diferentes lugares y bastante gente que iba de un lugar a otro. Tiendas comerciales y bastantes panaderías que vendían apetitosos dulces y bizcochos y también caramelos de limón, coco y otros agradables sabores.

            Y cuando fue llevado a ser matriculado al Colegio en la Alameda Grau, qué inmenso, con tres patios y muchos salones y espacios para jugar y corretear con cientos de alumnos. Y decían sus primeros amigos que también había otro colegio grande solo para niñas llamado “Santa Rosa de Viterbo”.

            Poco a poco, Roel se iba olvidando de su pueblito y sin darse cuenta, su corazón sentía igual o más cariño por Huaraz, la ciudad donde conoció a grandes amigos.

            Cuando llegaba vacaciones de medio año, “volaba” a su Huacaybamba querido a pesar de las peripecias del camino, pero era simpático esos viajes que parecían aventuras porque con sus compañeros y las chicas del Santa Rosa, iban en caravana animosa llena de bullicio y competencias de “quién llega primero”.

            Rocinante, parecía participar de las competencias y siempre encabezaba las caravanas. Cuando llegaban a su pueblo, la gente los recibía como a héroes y siempre preguntaban si aprobaban los cursos.

-Todo azulitos, decían algunos.

-Tengo un feriado en inglés.

            Y otros se sonrojaban porque eran candidatos a abandonar sus estudios porque sus libretas de notas estaban lleno de “feriados”.—

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