NUNCA PARA DESPUÉS

Cortesía: Walter Zúñiga Figueroa

(Título original: Saber Vivir es no estar solo)

                            I PARTE

         Hace muchísimos años, un joven recién casado estaba sentado en un sofá un día caluroso y húmedo bebiendo jugo helado, durante una visita a su padre.

            Mientras conversaba sobre la vida, el matrimonio, las responsabilidades y las obligaciones de las personas adultas, el padre se volvía pensativamente los cubos de hielo desde su vaso y lanzó una mirada clara sobre lo que hacía su hijo.

            “Nunca olvides a tus amigos”, le aconsejó, “serán más importantes en la medida en que vayas envejeciendo”.

            Independientemente de cuanto ames a tu familia y los hijos que por ventura vayas a tener, tú siempre necesitarás de tus amigos.

            Recuerda ocasionalmente salir con ellos, realiza actividades.

            ¡Qué extraño consejo!, pensó el joven. “Acabo de ingresar al mundo de los casados, soy adulto y con seguridad, mi esposa y la familia que iniciaremos serán todo lo que necesito para dar sentido a mi vida”.

            Con todo, él obedeció a su papá; mantuvo contacto con sus amigos y anualmente aumentaba el número de ellos.

            Con el pasar de los años, él fue comprendiendo que su padre sabía lo que hablaba.

            En la medida en que el tiempo y la naturaleza realizan sus designios y misterios en el hombre, los amigos resultaron baluarte de su vida.

            Pasados los 50 años de vida, he aquí lo que aprendió:

            El tiempo pasa,

            la vida continúa,        

            La distancia separa,

            los niños crecen

            Los hijos dejan de ser niños y se independizan.

            Y a los padres se les parte el corazón, pero los hijos se van separando de los padres.

            Los empleos van y vienen.

            Las ilusiones, los deseos, la atracción, el sexo se debilitan.

            Las personas no hacen lo que deberían hacer.

            El corazón se rompe.

            Los abuelos y padres mueren.

            Los colegas olvidan los favores.

            Las carreras terminan.

            Más, los verdaderos amigos siempre están ahí, no importa a cuánto tiempo o a cuántos kilómetros se encuentren

            Un amigo nunca está más distante que el alcance de una necesidad, haciendo barra por ti, interviniendo a tu favor, esperándote con los brazos abiertos o bendiciendo tu vida…

(Continuará)

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