UN NOBEL PARA EL NOVEL

1.-LIBROS: CUENTOS SELECTOS 1 Y 2

Autor              Carlos Eduardo Zavaleta Rivera

Editorial          Distribuidora e Importadora Erial S.R.L.

Nº Páginas      60 el Nº 1 y 60 el Nº 2

Ediciones        En Lima

Género            Cuento

Contenido       Cuentos Selectos 1:

                           -El sueño es una flor

                          -Venganza de indios

                                   -Vestido de luto

                                   Cuentos selectos 2:

                                   -La primera mujer

                                   -Discordante

                                   -Yo salvé a Samuel

OPINIÓN CRÍTICA:

            Por la fina sensibilidad, el interés de sus temas y la destreza técnica, Carlos Eduardo Zavaleta es definitivamente un gran escritor.

                                    Ciro Alegría

            Zavaleta es un autor que escribe por razón natural y que es capaz de transmitir de manera perdurable de lo que siente y conoce.

                                   José María Arguedas

            Zavaleta es un excelente narrador que, tanto en sus novelas como en cuentos, trabajados con una gran destreza ha cubierto amplios sectores de nuestra realidad y tratando problemas sicológicos y sociales inéditos.

                                   Julio Ramón Riveyro

            A los nombres de Ciro Alegría y de José María Arguedas podemos agregar ya sin temor el nombre de Carlos Eduardo Zavaleta.

                                   Luis Jaime Cisneros

            …Aún ahora, sigue siendo Zavaleta la figura mayor del cuento peruano decididamente inscrito dentro de la nueva narrativa.

                                   Ricardo González Vigil

TEMA A DESARROLLAR:

LA PRIMERA MUJER

            (FRAGMENTO)

“Por ese tiempo en Caraz no se imprimía un solo diario, ni siquiera una hoja llena de avisos judiciales, direcciones de médicos y <demás profesionales>, habitual en los pueblos. Tampoco los periódicos limeños llegaban diariamente en las góndolas, como ahora, ni se vendían entre el gentío que esperaba a los pasajeros: nos venían en paquetes por correo, con una o dos semanas de retraso, por más que Lima estuviera a un día de viaje. Y no había radios particulares. La única radio del pueblo estaba prendida del kiosko de la plaza que enorgullecía, el kiosko de techo redondo y elevado, con peldaños de acceso, baranda circular y fijos pilares donde resonaban las noticias de la BBC de Londres y la Hora –del Tango- con Tito Morales, el Gardel peruano, el flaco llegado al pueblo para curarse de la tisis.

Todas las noches se encendía la radio por un buen rato y casi ninguno de nosotros parecía oírla: pero los domingos era otra cosa, había retreta, oíamos la banda y la radio alternadamente, y en el medio, ojerosa y tristona, la voz del flaco Morales.

La gente se quedaba hasta muy de noche dando vueltas por la plaza, las familias enteras saludándose, los hombres mirándolo todo reflexivamente, en especial a las mujeres, y desoyendo el inútil barullo que metíamos muchachos, muchachas, niños y niñas. En el pueblo había solamente tres extranjeros que saludaban y sonreían cortésmente, pero sin mezclarse con nosotros. Por un sentido circulaba la pareja de alemanes, el señor Neuburger y su esposa, y en sentido opuesto, solo, casi huérfano, el inglés señor Morris.

Aún entre los músicos de la retreta podían oírse los pasos de la pareja, secos, duros, como en una permanente marcha militar. Los zapatos de la señora Neuburger tenían tacones tan fuertes como las de su marido. Ambos golpeaban el piso con firmeza y casi al mismo tiempo. Pero no marchaban, no desfilaban; caminaban simplemente y se les podía ver por todas partes, siempre a pie, jamás sentados en restaurantes o bares. Conocían todo el pueblo y sus alrededores, las chacras y huertas, y todos nosotros los conocíamos bien aunque de lejos.

El señor Morris se paseaba calmadamente con las manos a la espalda y miraba profundamente con sus ojos azules. Cuando le hablaban respondía en un español serrano que le hacía grato entre los lugareños, un gringo cholo, amigo tanto del director del colegio como de Pedrito, el heladero de la plaza. Que también llevaba a su familia a la plaza….

FUENTE: Del libro “Cuentos selectos 2” de Carlos Eduardo Zavaleta. Pag. 3 al 4.

2.-REVISTA              Prensa Ancashina

     N°                          172  

     Año                        XXXIX (Junio-Julio 2019

     Director                  Domingo Huerta Huamán

     Gerente Gral.         Lucio Pinedo Moreno

     Jefe Pag. Cultural  José Carlos Pariasca Pérez

     N° de páginas        42

     Impreso                  Lima

CONTENIDO TEMÁTICO

            Si no fuera por las revistas como Prensa Ancashina, muchos acontecimientos de tierra adentro no se conocerían, dando lugar a la impunidad de las autoridades o simplemente olvidándose involuntariamente de los amigos y pobladores que se dejó al salir del añorado terruño.

            Prensa Ancashina llena un vacío cultural e informativo de mucho valor y en cada aparición es como si llegara el eco vivificador de los andes al mar. A veces hasta se humedece los ojos o se rasga la comisura de la boca con una sonrisa alentadora porque se sabe que tal o cual persona, aún vive abriendo surcos o buscando el progreso de los pueblos olvidados.

            Sin embargo, los que estamos inmersos en la comunicación de masas, tenemos que hablar con cierta desazón por la falta de apoyo hecho publicidad para que se cumpla el ciclo que con todo optimismo se trazan los editores de un periódico, una revista y más aún de un libro. ¿Falta sensibilidad de las empresas, de los capitales privados, o de la gente de poder económico?. Aquí radica en cierto modo la incultura de nuestra gente y el atraso de nuestros pueblos: La falta de medios de comunicación.

            Los periodistas, y en general los comunicadores sociales, han dado muestra y siguen haciéndolo, de hacer conocer la realidad nacional con entusiasmo sin importar sus propias necesidades, y choca frontalmente con que no hay auspiciadores y no puede cubrir los elevados costos que significa editar una revista o un periódico.

            Aún, a pesar de los golpes del destino, hay la esperanza de que habrán mañanas mejores.

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