MATANDO LAS BUENAS INTENCIONES

Siempre que surge una voz de esperanza, un propósito altruista, una luz al final del túnel, hay quienes, o bien por incapacidad o por envidia, tratan de socavarla, eclipsarla y darle la contra.

            Y luego nos quejamos como el cocodrilo de que el país es atrasado y tercermundista y que no hay quien lo salve.

            Y ese quejón es parte de la caravana que debe ir en la misma dirección, que debe empujar el coche sin ponerle piedras en el camino. Ese es el inquilino trafa, el que come el fiambre de todos sin poner la suya.

            Pensándolo bien, hay gente a quien debemos hacerlo ceniza y enterrarlo en una fosa tan profunda que llegue hasta el núcleo de la tierra. Solo así estaríamos seguros de que con el tiempo se extinguiría esta raza indeseable por antipatria.

            Alguien en su sano juicio ha dicho que el Perú nunca ha sido pobre, lo que pasa es que siempre han existido los sabidos, los ladrones y las ratas.

            Ahora que el barco se hunde, ahora que se acaba el período de cosecha, hay renuncia masiva para irse a otras tiendas a vender bilis, odio y malas mañas.

            ¡Qué triste es decirlo! Son, están, buscando la forma de infiltrarse para destruir lo poco que queda. Son los potros de bárbaros atilas.

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