¿DÓNDE ESTÁS SOLIDARIDAD?

En esta ocasión, hablar de solidaridad, no me refiero al movimiento político peruano que últimamente está dando mucho que hablar al destaparse como depositario de dineros mal habidos y por ser reducto de congresistas “disueltos”, en su mayoría de negro pasado.

            No, no me refiero a ellos, sino al sentimiento humano solidario, al gesto de hermandad entre los hombres, a la actitud de un conglomerado que busca intereses comunes. Me refiero a esa fuerza moral de ayudar sin recibir nada a cambio. Al gesto de tender los brazos cuando el amigo, el vecino, el familiar y en fin todo necesitado está en desgracia.

            Solidaridad, término sociológico que une con lazos indestructibles a los hombres de buena voluntad que van hacia una meta final de bienestar entre todos salvando mil obstáculos o sufriendo mil rigores de la vida.

            Al genio indómito que pone a prueba los peores dolores y hace beber los peores acíbares, pero que al final se sale triunfante; se sacude del polvo de la inercia y el egoísmo del que, a veces se disfraza la piedad y la compasión.

            ¿Dónde estás solidaridad? Últimamente muy pocos lo cultivan y si lo hacen es contraviniendo la esencia misma de su significado.

            En Navidad, generalmente los aprendices de políticos, se aprestan a ofrecer los  juguetes más baratos o dar chocolatadas a los niños pobres a semejanza de las plañideras que venden las fingidas lágrimas a cambio de votos.

            Eso no es solidaridad ni generosidad…ni en la isla de Karamanduca.   

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