50 AÑOS PULSANDO LAS CUENTAS DEL ROSARIO

Olimpio Cotillo C.

            Cuando el hombre busca afanosamente su destino y se pierde en lo insondable de los misterios, cuando su incapacidad por comprender su origen no tiene explicación y linda con lo absurdo, entonces, vencido, recurre a crear a un ser superior, omnipotente y lejano, ese es Dios, al que se busca afanoso su origen sin fin. Está en todas partes, pero no se le ve.

            Cuando uno se zambulle a otros misterios más simples, no por ello conocido, la de encontrar su propio origen, la de encontrar el hilo de su SER. Cuando uno se pregunta afanoso en momentos de soledad ¿de dónde vengo? ¿dónde he estado?; yo que

gusto, palpo, huelo, veo y como tal vivo. Entonces se recurre como el filósofo para decir “pienso, luego existo”.

            Estas elucubraciones misteriosas hacen que la gente se busque en gremios, para elevar oraciones y de hinojos ante un crucifijo a una imagen del Hacedor de todas las cosas, a EL que es su bálsamo, a EL que es su consuelo, le pide, le implora.

            En los atardeceres, cuando el sol. Ya maduro, alista sus rayos para dormirse tras el horizonte, comienzan las oraciones con voces agudas y graves en un rincón del templo o en lo más privado de la casa:

            San Blas…(dice la voz que hace rezar)

            Ora pro nobis…(responden en coro)

         San Hilarión…

            Ora pro nobis

            San Camino…

            Ora pro nobis

         Y alguna anciana cansada, somnolienta, a cada nombre de los santos, no sabe lo que responde:

            San Jorge…

            “mishi” nobis (como el gato)

            San Lucas…

            “ucush” nobis (como el ratón)

            Las penitentes, siguen inmutables con sus invocaciones “por los afligidos”, por los  caminantes,  por las almas benditas del purgatorio, por las necesidades corporales y espirituales, por los niños, por los jóvenes, por las vocaciones sacerdotales, por los agonizantes.

            Pensar que todo esto y mucho más se ha pedido durante cincuenta años, no es cosa de broma. El espinazo se encrespa de solo imaginarlo.

            Y aún falta el santo Rosario que durante cincuenta años se ha pulsado sus cuentas. Cincuenta años de los que tienen recuerdo para juntarse como gotas de rocío y formar el riachuelo y más tarde aumentar las olas del mar, que es la fe.

            Cincuenta años, es decir las Bodas de Oro de la Archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que con mansedumbre y beatitud, sus socias suplican al Perpetuo Socorro por los afligidos, navegantes y astronautas…

(*) Del libro Tiro al Bull de OCC, pag. 75 – 76. Ediciones KAFE. Crónica leída por una emisora local el 01:Jul. 1992 y publicado en la Página Dominical 755 el 09:12:2018.

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