DESDE QUE TÚ TE FUISTE, LLORAN DE PENA LAS MARGARITAS

El primero de diciembre, cumplió un año de la muerte de la profesora María Asunción Cotillo Caballero, una docente de inicial fuera de serie.

            Y cuantas veces, sus amigos y parientes pasaban por el Jr. 28 de julio en donde vivía doña “Ashuquita”, sentían el vacío de su presencia, la sombra risueña parada en su ventana contemplando las hermosas rosas de su jardín y entonces se acordaban de aquella vieja canción española “Camino Verde” de Carmelo Larrea y U. Bertini:

                        Hoy he vuelto a pasar, por aquel camino verde

                        que en el valle se pierde, con mi triste soledad.

                        Hoy he vuelto a rezar, a la puerta de la ermita,

                        le pedí a la virgencita, que ahí te vuelva a encontrar.

            Y esa luchadora infatigable con la ignorancia, no se contentó con impartir enseñanza a sus párvulos dentro de las cuatro paredes del aula, o en la Vespertina del Colegio de La Libertad, sino que su misión sacrosanta se proyectó a la comunidad, atendiendo en el comedor popular de la Parroquia de La Soledad a la gente pobre y humilde y presidiendo por más de 50 años la Archicofradía de la Virgen del Perpetuo Socorro.

                        Por el camino verde, camino verde, que va a la ermita

                        desde que tú te fuiste, lloran de pena, las margaritas,

                        la fuente se ha secado, las azucenas están marchitas,

            º           en el camino verde, camino verde, que va a la ermita

            “Dónde estás corazón, siento tu palpitar”, la hermana mayor de diez de la familia, la segunda madre, la consejera mayor, el báculo, el bálsamo y el consuelo de los menores.

                        Hoy he vuelto a pasar por aquel camino verde

                        que por el valle se pierde, toda mi felicidad.

                        Hoy he vuelto a grabar nuestros nombres en la encina

                        he subido a la colina, y ahí me he puesto a llorar.

             Quizás con muchos no simpatizaba por la rectitud de su personalidad, pero ella sabía muy bien que para mantener una sociedad ejemplar, había que conducir el barco sobre tempestuosas aguas y lo logró porque mucha gente vio en ella a una ejemplar maestra con alma de niña entre los niños y corazón firme con los mayores que flaqueaban ante las pruebas de la vida moderna de desenfreno y dispendio.

                        Por el camino verde, camino verde, que va a la ermita

                        desde que tú te fuiste, lloran de pena las margaritas.

                        La fuente se ha secado, las azucenas están marchitas

                        en el camino verde, camino verde, que va a la ermita

                         camino…camino verde.

NOTA: Ver en esta misma edición la crónica “50 años pulsando las cuentas del rosario”.

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