EJEMPLOS DE HOMBRES

Médico, Enrique Encinas Franco

Danilo Sánchez Lihón

Un hombre pasa con un pan al hombro

¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo

¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano

¿Hablar luego de Sócrates al médico?

César Vallejo

1. Maestro ejemplar

 Enrique Encinas Franco se graduó de médico en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, quien naciera en Puno el 21 de marzo de 1895 y falleciera en Lima el año 1971, dedicado a la psiquiatría clínica.

Enrique toda su vida fue médico y maestro ejemplar, tanto así que siendo joven mereció que su profesor, el sabio Hermilio Valdizán le dedicara a él, siendo su alumno, su tesis doctoral titulada: La alienación mental en el antiguo Perú.

De niño, fue alumno de su hermano José Antonio Encinas, el maestro más egregio que ha tenido la educación en nuestro país, y lo fue en la legendaria Escuela 881 que su hermano mayor dirigiera, y que ha pasado a ser la escuela que más aureola mítica tiene entre nosotros.

A Enrique, su hermano José Antonio, lo alentó en los estudios y en su desarrollo intelectual, incluso desde Europa le enviaba libro tras libro, y a quien ayudó económicamente para que viajara a perfeccionarse durante nueve años en Alemania.

2. Se enjugaba los ojos

 Enrique Encinas fue amigo personal de José Carlos Mariátegui y estuvo al lado de él en su lecho de muerte. Para luego, pese a sus escasos recursos, ayudar económicamente a la esposa del Amauta, la dignísima Anita Chiape de Mariátegui –y sin que ella lo supiera–, a fin de que se mantenga abierta la Librería Minerva después de fallecido el Amauta. Fue médico de cabecera y amigo entrañable de José María Arguedas

Se han escrito trabajos donde se destaca su nobleza, sus aciertos científicos y su magisterio visionario. Brillantes profesionales como Javier Mariátegui, José Avendaño, Enrique Fernández, Olga Palacios, Jorge Díaz Encinas, Ricardo Arbulú, Alejandro Peralta, Emilio Pardo del Valle, Armando Guevara, José Luis Ayala, y muchos otros, han dedicado enjundiosas, sentidas y hermosas páginas resaltando una y otra de sus virtudes.

Era de una generosidad sin límites. A su muerte, y en sus funerales, una mujer lloraba por aquel hombre bueno que hacía diez años pagaba el alquiler de la casa en que vivía. Y un estudiante se enjugaba los ojos revelando que a él le solventaba sus estudios. Otra señora comunicaba que él corría con los gastos de una niña enferma.

3. Música y danzas

 Sus cheques, con el pago mensual por su labor de Profesor Principal y jefe del Departamento de Psiquiatría, los devolvía a la Universidad Cayetano Heredia, a fin de que ésta lo destinara a cualquier noble propósito para apoyar así su desarrollo.

Su desvelo era proteger a familias necesitadas. Y todo ello sin tener mayores ingresos, pues, como todos los amigos que lo conocieron, afirman que vivía como un monje trapense, y su conducta fue cristalina y en todo sentido recta e intachable.

Enrique Encinas Franco, visionario en el campo de le Medicina fue el profesional que tuvo más tiempo bajo su análisis partes importantes del cerebro de Lenin cuando trabajaba en el Instituto Vogt, en Alemania.

Instituyó en 1958 el Festival de Música y Danzas Andinas en la Villa de Acora, en Puno. Y año tras año viaja para estar presente y premiar a los conjuntos que se presentan, con la única exigencia de ser auténticos: en sus instrumentos, en su vestimenta y en la música; eventos que se realizaron hasta el año de la muerte de su propulsor, acaecida en 1971.

 4. Entre cerros y quebradas

 En 1969 se propuso construir un centro de capacitación laboral en la comunidad de Santa Rosa de Yanaque, comprensión del distrito de Acora, del departamento de Puno.

Para llevar a cabo su proyecto, reunió a sus amigos del Instituto Puneño de Cultura. Y he aquí lo que les dijo:

“Soy médico, y por eso sé que quizás me iré dentro de poco tiempo –lo dijo la noche del 12 de agosto de 1969–. Por eso es que he arreglado mis papeles y he pensado pedirles a quienes considero mis amigos más calificados en el Instituto Puneño de Cultura, que me ayuden a realizar algo que he pensado hacer en Yanaque.

“Allí –subrayó con emotiva evocación– pasé los primeros y más felices años de mi vida, jugando entre cerros y quebradas, junto al lago, con los niños aymaras, quienes han sido los mejores amigos que he tenido en mi vida.

“Allá, en Yanaque, transcurrió mi infancia, y por eso, de Yanaque y de su gente, guardo los recuerdos más gratos y más intensos.

5. Qué

mejor

 “Al volver a visitar Yanaque después de 40 años, lo he hallado idéntico a como lo vi desde niño.

“Advertí que los niños no toman leche, ni sus padres comen carne; el pueblo está desnutrido, es decir, padecen hambre.

“Como casi no he ejercido mi profesión desde un consultorio, no tengo más bienes que una casa en la avenida Petit Thouars 1867, y el dinero depositado en el banco…

“No me he casado ni tengo herederos, de tal manera que puedo disponer de lo mío. ¡Y qué mejor que dedicarlo a este proyecto!

En ese instante extrajo de su cartapacio el plano en que aparecía la futura escuela, una granja agropecuaria y una posta médica.

“Deseo –continuó–, que, con la denominación de Complejo Médico Social Matilde viuda de Encinas, se establezca esta obra, porque mi madre fue maestra.

6. Humanizar el mundo

Quiero que esta pequeña obra sirva para que un día no lejano, los niños de Yanaque puedan tomar leche pura en las mañanas, que aprendan las primeras letras y que toda la gente que vive allí pueda comer carne y verduras con un trabajo digno.”

Con esas palabras terminó su discurso. Se lo veía emocionado, conmovido. Y Aurora, su hermana, da de él este testimonio:

Pocos como él eran capaces de brindar tal grado de amor y solidaridad a los más humildes y desprotegidos: al aymara, al niño, al desheredado, en fin; tanto que se le acercaban como a un padre en demanda de comprensión y de apoyo. Y él actuaba, callado y silencioso porque lo único que le interesaba era estar de acuerdo con su conciencia y humanizar de alguna manera el mundo en el que le había tocado vivir.

Enrique Encinas Franco, hombre probo, de tan excelsa devoción por su pueblo, no alcanzó a concluir esta obra, porque murió el 29 de setiembre de 1971, sin alcanzar a formular su testamento.

Sin embargo, sus hermanos y sobrinos, legítimos herederos de sus bienes y ahorros, unánimemente renunciaron a todo beneficio personal y dedicaron sus esfuerzos a concluir el complejo.

7. El bien cumplido.

Consistía en un centro educativo, en una posta médica, un centro de capacitación laboral y una pequeña granja para la crianza de animales que ofrecieran leche y huevos a los niños y ancianos de esa región.

Hemos querido dedicar estas páginas a la memoria y evocación de Enrique Encinas Franco, porque su vida es un ejemplo de desprendimiento y benevolencia; de altruismo y de servicio a los demás. Sin ninguna fascinación por el dinero, ni por las riquezas materiales. eligiendo más bien la paz de su conciencia y la enorme satisfacción del bien cumplido.

Y escribimos todo esto primero como un acto de homenaje, pero también para resaltar un mensaje urgente, a fin de advertir a niños y jóvenes que son numerosos los ejemplos de personas que antes que ser dominadas por la concupiscencia de acumular dinero, incluso delinquiendo, que más bien se despojaron de sus bienes y lo dieron todo por los demás.

¡A ellos cabe honrarlos! Y decirles, niños y jóvenes, que hay hombres y mujeres a quienes la historia no los podrá olvidar, recordándolos con gratitud, porque tuvieron la grandeza del desprendimiento para favorecer, antes que así mismos, al bien común. A ellos todo nuestro homenaje y gratitud.

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