AQUEL NIÑO DEL PESEBRE

Danilo Sánchez Lihón

1. Lirios del campo

 Jesús de Nazaret no solo es Hijo de Dios, como lo somos todos nosotros, sino que es un maestro de fe y un redentor del alma humana, pasmada, silente e inescrutable; pero también es un magnífico poeta del lenguaje, de la palabra que conmueve, hechiza y revela.

¡Qué belleza y esencia tienen cada una de sus frases y vocablos, de sus giros, sintaxis y asociaciones! Quien nos ha dicho cada sentencia con la palabra precisa y en relación a la trascendencia del significado que quería exponer, con ritmo, melodía y la cadencia pertinente en función del oyente, prueba de su excelsitud, como cuando diserta.

Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pues yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

 2. Hijo tuyo

            Pero, no solo eso, sino que es quien nos ha contado aquellas historias dichas en parábolas maravillosas e inesperadas, en fondo y forma; solo explicables y posibles en un ser providencial, prueba del abismo y de los trasmundos de los cuales proviene.

Como la parábola que nos cuenta de un hijo que puso su mira, con el espíritu licencioso que ya lo dominaba, en la fortuna que poseía su padre. La codició y pidió la parte de la herencia que le correspondía; ¡y solo por tener el padre que tenía!

Reclamada su dote la despilfarró en menos de dos años, período en el cual ni se dio cuenta de cómo vivía. ¡Ni lo que tenía y no tenía!, para después ya gastado su peculio disputar la comida con los puercos.

Y año tras año repetir las palabras de perdón, sin tener ánimo ni la suficiente fortaleza para emprender el camino de regreso a los brazos paternos al lar nativo, contentándose en repetir el ruego del perdón aprendido:

“Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros…”

 3. He aquí

Para después ser reconocido como magnánimo y pródigo, y esto por la inmensa capacidad de arrepentimiento y de pedir perdón, que es lo que trata de explicar esta parábola y que no la entendíamos y ni siquiera de por qué Cristo la llamó la Parábola del Hijo pródigo.

Como otra historia es la de una oveja perdida; que, para encontrarla el pastor, en noche tenebrosa, deja todo el rebaño a fin de buscarla a ella sola, ¡y que es solo una! Y la encuentra. Siendo estallante su gozo. ¿Dejar todo por una? ¡Qué majestuosidad, deslumbramiento y hermosura!

O ese otro apólogo, claro como el agua mansa, pero a la vez como la otra: honda, fantasmal y totalizadora, cuando cuenta:

He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.

 4. ¡Cómo que no!

 Jesús de Nazaret también era un ser sociable, gregario y de tener amigos; quien no faltaba a las fiestas, a las reuniones de familia, y que gustaba compartirlo todo con su comunidad. Era un ser humano cabal, completo, hecho y derecho.

– ¡Era un buen cholo! –Se entusiasma en decir, con sus propias expresiones, un conocido y paisano mío.

Y otro, más exagerado todavía, ya en este afán de humanizarlo por completo para sentirlo más cerca de su vida, proclama:

– Y le gustaba tomar sus traguitos.

– Pero eso no está en la Biblia. –Replica otro que es puritano.–. Ni en los Evangelios. Tampoco inventemos en atribuirle lo que a nosotros nos conviene. –Le reprocha.

– ¡Cómo que no! –Replica–. ¡Está en la Biblia! Porque haber: ¿cuál es el primer milagro que él hace? ¿Acaso no es convertir tinajas de agua en vino? ¿Y ha de hacerlo si es que no siente que hace falta? ¡A él le gustaba echarse sus copitas!

5.- Dejad que los niños

 Y supo arengar y enfrentarse al poder.

Y tuvo un verbo flamígero, cuando lo quería así; aclarando las cosas, hablando sin ambages ni tapujos, como al conminar, delante de la ventana del Sanedrín, a quienes estaban dentro.

Diciéndoles:

¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como epulcros blanqueados, bien arreglados por fuera, pero llenos por dentro de huesos de muertos y de toda clase de impureza.

Así son ustedes: por fuera aparentan ser gente honrada, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad… ¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo van a escapar del castigo del infierno?

Y dice aquel ser, defendiendo a quienes les inspiraron ternura, arrobamiento, adhesión plena y total. Y quien tenía ojos luminosos para todo lo simple, sencillo y transparente:

“Dejad que los niños vengan a mí”.

 6.- Cariños y afectos

 Jesús es quien ejerce el don pleno de la palabra. Como también del silencio. Quien calla ante Pilatos cuando este le inquiere acerca de qué es la verdad. ¿Para qué hablar entonces? ¿Cómo explicárselo? La mejor explicación allí es el silencio.

Como no responde tampoco ante la multitud cuando le interrogan acerca de la mujer adúltera cuando van a lapidarla, cuando ya tienen la piedra en la mano para arrojársela. Y tienen que soltarla cuando Él se inclina a escribir en el suelo, huyendo ellos despavoridos.

Historias aparentemente sencillas, pero en el fondo prodigiosas e inagotables en sus mensajes y que son ejemplos, graficaciones y memorias inacabables, para que cada día volvamos a encontrar y renovar su oculto significado.

Como es también un ser que llora. Llora por Jerusalén antes de entrar por sus calles. Llora cuando ha muerto Lázaro su amigo. Y llora en el huerto de Getsemaní antes de su crucifixión. ¿No resulta entrañable y conmovedor? ¡Era una persona que sabía ser emotiva, sentimental, y candorosa!  Y era quien daba enorme importancia a los cariños y a los afectos.

 7. Nuestras almas

 Quien no elige como cabeza o cimiento de su iglesia al más inteligente de su grupo, ni al más encumbrado, o locuaz.

Eligió al menos dotado de todos aquellos atributos de la espontaneidad, el lucimiento y la eficacia. Elige a Pedro; de pobre intelecto, pero inmenso en su sentido común y corriente, sencillo, sabio y protector, cabal en sus emociones.

Al elegir a Pedro, Jesús tampoco se inclina por el más fuerte sino por el más simple y sensible. Se inclina por aquel que está lleno de quebrantos y debilidades.

Por quien lo negó tres veces, pero al final de cuentas quien no tuvo dobleces en enmendarse y corregirse. Por quien llora amargamente por toda su miseria a cuestas. Ni siquiera elige al más convencido, sino a quien más lucha por su fe, sin descartar lo débil que es, y que somos.

Ese es el ser íntegro cuyo nacimiento celebramos la Noche Buena del 24 de diciembre, y hoy día 25 de diciembre, y cuya muerte, en manos de nosotros los hombres, conmemoramos en Semana Santa; cuya vida resulta fundamental para transparentar nuestras almas, y para hacer nuestra vida trascendente.

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