3 DE ENERO NACE DANIEL ALOMÍA ROBLES SUPO AMAR LA MÚSICA ANDINA

Danilo Sánchez Lihón

1. El Perú como un teclado

 Daniel Alomía Robles, a quien debemos haber rescatado los compases de la música de “El cóndor pasa”, “Amanecer andino”, el “Himno al sol”, y un conjunto glorioso de canciones, nació en Huánuco el 3 de enero del año 1871. Estudió en su ciudad natal y luego, a la edad de 15 años, se trasladó a Lima donde fue alumno en el emblemático Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, donde culminó sus estudios secundarios pasando a matricularse como alumno libre en la Facultad de San Fernando de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para estudiar medicina, carrera que abandonó para dedicarse a la música.

Era por este arte por el cual estaba fascinado desde muy niño, habiendo integrando el coro de la iglesia en su ciudad natal. Orientado hacia esa senda, y ya en su adolescencia, acudió en la capital del Perú a dos maestros que supieron guiarlo en esta expresión del espíritu, cuales fueron: Manuel de la Cruz Panizo, negro liberto quien lo instruyó en solfeo y canto coral, y don Claudio Rebagliati. Al suspender sus estudios en la universidad inició un peregrinaje devoto, pleno de unción y conmovido por el Perú aborigen, a fin de conocer principalmente su acervo rítmico, melódico e instrumental, pero también sus costumbres, sus tradiciones y su modo de sentir y pensar. Al respecto, escribió:

 2. Con todo fervor

“Mi obsesión musical ha sido tanta en mis viajes que el Perú se me representa como un teclado. Creo que por el sonido podría decir en qué punto de mi país me encuentro en un momento dado”.

¿No es sorprendente, acaso, tener esta sensibilidad, cuál es la de reconocer al Perú como un pentagrama musical? Quizá también, ¿cómo las cuerdas de una guitarra, de un arpa o de un violín o bien el teclado de un piano? Y fue en este peregrinaje formativo por la geografía sonora y anímica del Perú ancestral, que descubrió el carácter pentafónico de la música andina, que luego sustentó en un trabajo de investigación presentado el año 1910 en Lima.

Pero, años antes de esta última fecha consignada, había contraído matrimonio, en el año 1897, con la pianista cubana Sebastiana Godoy Agostini quien la apoyó con todo fervor para que se dedicara a la creatividad y al arreglo musical, y de quien él refiere:

“Para hacerme componer se valía de todos los recursos… solo así se explica que un día, sabiendo de la adoración que yo tenía por el recuerdo de mi madre, me dijera: “¿Y por qué no haces una misa a la Virgen de las Mercedes? Tú me has contado que tu madre le tenía una profunda devoción” … Hice acercar un piano a la cama, porque estaba enfermo, y así compuse la misa a la Virgen de las Mercedes”

Hay en la biografía de algunos grandes hombres un rol fundamental desempeñado por sus esposas o compañeras.

3. Concepción

del mundo

 Como fue el caso de la esposa de quien luego legó al mundo “El cóndor pasa”, que lo compuso en base a acordes musicales recogidos del acervo y tradición cultural del mundo andino en su periplo etnomusical. Pieza que fuera insertada como parte de una zarzuela que se estrenó el 19 de diciembre del año 1913 en el teatro Mazzi de Lima, y cuya partitura la patentó en los Estados Unidos Norteamérica, en el año 1933, país en donde Daniel Alomía Robles vivió 14 años, entre los años 1917 y 1933.

La canción “El cóndor pasa”, sus estrofas y armonías resumen la concepción del mundo de los antiguos peruanos al considerar la existencia de tres realidades: el Uco Pacha, o mundo de abajo; el Kay Pacha, o mundo de la superficie; y el Hanan Pacha, o mundo de arriba.

Para recorrer estos tres mundos “El cóndor pasa” es una canción ascendente y descendente, que rompe toda gravedad, cara a las montañas y a las estrellas, cara a las cumbres nevadas hechas de piedra, luz y viento, de nieve y alas congeladas; asida al vuelo de vértigo del cóndor majestuoso. Pero también es un ingreso al mundo de abajo, de roca, fuego y lágrimas; como se incursiona en habitar el mundo de la superficie de sol, de baile y de fiesta.

 4. Patrimonio cultural

 “El cóndor pasa” combina el yaraví, el huayno, la muliza, el pasacalle, la cashua y el tondero. Es música envolvente y totalizadora. En ella se expresa el júbilo en la danza de celebración, como también en el responso fúnebre que se da en los acordes graves y solemnes de su partitura, y que es otra manera más de adhesión a todo lo creado.

Es ritual y majestuosa. Es vibración, temblor íntimo y estremecimiento cósmico. De altura, de región estelar, de vuelo gigantesco y elevado; como corresponde al cóndor y a un país mítico y legendario como es el Perú, de nieves inmarcesibles, elevado a lo etéreo y estelar del Hanan Pacha, extendido en la vastedad de la tierra, el agua y el viento del Kay Pacha, pero a la vez hundido en las escabrosidades de la profundidad del Uco Pacha en su dimensión de caída de vértigo y de fuego.

Insondable en sus acordes y arpegios, en sus sombras y abismos inasequibles, en sus agobios y en su liberación inaplazable, tanto que siendo apenas una canción en el año 2004 fue declarada en el Perú Patrimonio Cultural de la Nación. Y Armando Robles Godoy, hijo del egregio compositor, escribió esta hermosísima letra para acompañar la interpretación de la obra de su padre, y que dice así:

 5. Y así vivir

Prefiero ser un cóndor que un gorrión

y volar sin soñar y sin canción.

Prefiero ser un árbol que una flor

y crecer sin temer y sin dolor.

Buscar sin encontrar jamás

sin descansar sin fe ni paz.

Partir y nunca regresar y así vivir

y así pasar. Y así pasar.

Prefiero ser el beso que el amor

y olvidar sin llorar y sin rencor.

Prefiero ser la lluvia sobre el mar

y morir sin sufrir y sin cesar.

Buscar sin regresar jamás

sin encontrar sin fe ni paz.

Partir y nunca descansar y así vivir

y así pasar. Y así pasar…

Siendo este un poema notable, y siendo esta la versión con la cual más se la interpreta, es un hecho singular en la cultura mundial que así se junten las almas de padre e hijo, ya que poner letra a “El cóndor pasa” no deja de ser un atrevimiento, y es tan arduo y abisal como ponerle letra a la “Quinta Sinfonía” de Beethoven.

 6. Manos cobrizas

 Sin embargo, “El cóndor pasa”, en las rocas o pedrones de su base y cimiento, es una composición ancestral representativa de la cultura andina.

A esta avecilla, podríamos imaginarla y llamarla así, puesto que es apenas una canción, aunque en ella quepa el universo entero, en su cabeza alucinada como en sus alas poderosas, Daniel Alomía Robles supo otra vez darle ánimo, acunarla y darle altura a la cultura andina.

Supo aliñarle las plumas cordales y darle nuevo aliento, agitación y latido; a esa ave de todos los espacios y los tiempos, e impulsarla a volar súbita otra vez en esta vida, y en todas las que hubiera por delante, y que son posibles.

Ya que en ella no solo está representado el mundo quechua, aymara o campa. Es no solo la cordillera andina con sus lagunas translúcidas y sus bajíos y abismos de pavor y espanto.

Tampoco es solo la costa y su litoral festonado de olas y esmeraldas; es no solo la selva ignota y sus ríos espejeantes. Es también la luna, las estrellas y las constelaciones del firmamento, que miradas desde aquí son íntimas y andinas.

 7. Con reverencia y adoración

 Lo que sí al concluir debemos enfatizar y dejar esclarecido es que Daniel Alomía Robles es un recopilador y organizador de la estructura de “El cóndor pasa”, que no es obra de un autor individual sino colectivo.

Daniel Alomía Robles dio estructura, además, a muchas otras canciones de extraordinario valor musical como “Amanecer andino”, que es un rapto pletórico y conmovedor. Y otras canciones como: “El indio”, “Resurgimiento de los andes” y el consagrado “Himno al sol”, solemne y misterioso, que tiene el poder de elevarnos con quenas y tambores al ámbito donde moran los dioses y desde donde esplende el sol.

Y es que lo mejor de la resistencia cultural andina, nos ha sido legada como ejemplo de heroicidad pacífica por los runas de piedra que es lo que sobrevive del mundo andino. Lo mejor del Perú Eterno es la población originaria de este suelo y de este cielo. ¡Y todo aquello que se identifica con esa raíz y esta savia nutricia!

De allí proviene “El cóndor pasa”, digno y hermoso legado del Perú al mundo, y del mundo a la eternidad, basada en nuestras raíces atávicas, trascendiendo a Daniel Alomía Robles, quien pasó a otra vida en la villa de Chosica, muy cerca de Lima, el 17 de julio de 1942, queriendo estar al pie de los andes que fueran su reverencia y su adoración y el numen de su obra creativa.*****

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