APRENDIENDO A AMARTE, ¡PATRIA MÍA!

Danilo Sánchez Lihón

Danilo Sánchez Lihón
Cuando sea capaz de reconocer que todo lo que falla, o todo lo que falta, es en parte culpa mía y no culpa de los otros. Y que eso es un desafío para ver de qué modo participo y actúo.

Cuando sea capaz de servirme de algo que funciona bien, pero que a la vez en algo contribuya siquiera con un granito de arena para su conservación y su mantenimiento.

Cuando en mí se detenga la cadena que socava la honra ajena; y más bien salga a defender al que pone el hombro, bregando para que el justo reciba lo que debe.

Cuando no repita el sonsonete aquel de que: “Qué hace el gobierno o las autoridades que no corrigen estos entuertos y desmanes”. O, “¡Qué hace el gobierno que hasta estas horas no llega!”

Cuando a partir de mi actitud haga que lo correcto y justo sea aquello que irradie una luz grande o pequeña, pero luz cabal y definitiva.

Entonces recién estaré haciendo

algo por ti, ¡oh patria mía!

Cuando aprenda a servir, buscando el bien común, aportando por lo mucho que he recibido. Y no calculando cómo aprovecho y hurto todavía el bien ajeno,

Cuando por hacer algo noble me quito una porción de comodidad y beneplácito a cambio de esfuerzo y sacrificio en aras de los demás.

Cuando pueda decir, no sólo: “Y tuve pena”. Sino que, a la vez, me examine a mí mismo y diga: “En esos momentos di todo mi esfuerzo. Y todo lo que tenía”.

Cuando no sólo pueda quedarme en confesar: “Me conmovió hasta las lágrimas”. Si no, además: “Lucharé hasta morir para que esto nunca otra vez suceda”.

Cuando el amor hacia ti se transforme de un anhelo o de una expectativa de que todo salga bien, a más conscientemente: trabajar poniendo lo mejor de nosotros mismos en mejorarte.

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