DIVINA FAMILIA

Aquella mañana, fría, triste y nublada, contagió su estado de ánimo telúrico al ciudadano Ruperto Contreras a que le siguiera por el mismo camino de perturbación psíquica.

            Salió de su vivienda ubicada en “seis esquinas” y se encaminó sin rumbo vencido por sus pies solitarios. Unas cuadras más arriba, sabía que existía “donde mueren los valientes”, donde talvez se engullera un par de tragos hasta el borde del vaso de cerveza.

            Ya había vaciado una botella ámbar, cuando irrumpió al carabanchel su única hija Martha, de genio tan igual como de su madre.

-¡Qué haces aquí pa’?…apúrese derechito a la casa que mamá está que trina.

-Ven preciosura…siéntate a mi lado, que borrar quiero mis penas.

-Penas…¿de quéeee?, yo vivo, ma’ también.

-No sé hija, tengo clavado un cuchillo aquí en el corazón.

-¡Qué cuchillo ni ocho vainas!…rápido a casa.

-¿Cómo puedes permitir, hija mía que de esa tu boquita tan linda y salamera, salgan esas palabras tan toscas. Tú debes hablar de acuerdo a la hermosura de tu rostro. Debes ser tierna como tu talle, amorosa como tus manos…

-¡Qué hermosa, ni tierna, ni tantas vainas…!A casa te he dicho¡

            De pronto, como hechura de mago, apareció en la puerta su esposa María de los Santos, tan furiosa como vicho que entra a la corrida de toros. Portaba detrás de su espalda un mazo de lavandera dispuesta a entrar en mil combates.

-¿Qué haces aquí?, gruñó sin piedad

-¡Oh!, mi reina del palacio escondido, pasa, no tengas miedo, que aquí está tu caballero para defenderte del viento que se atreva a despeinarte, o del ruido que hiera tu delicado tímpano.

-¡Calla soquete!…¿Y tú?, contemplando a este borracho de tu padre, dijo dirigiéndose a

Su hija.

-No te sulfures, esposa mía, acompáñame a olvidar mis penas…!Cantinero!, un par más.

-¡Para trago si tienes plata, pero para pan, no hay! ¿Verdad?

-“En corral viejo, no falta guano”, tendrán pan y mucho más…!Ven esposa mía a mi lado que quiero sentir tu calor como cuando éramos pipiolos.

-Anda, viejo verde.

            Y sin embargo se acercó junto a su “engreído”, le miró a los ojos y percibió cierta melancolía.

-¿Y quién, pues, te está haciendo sufrir?

-¡Tú, negra del alma!

            Ya por la tarde, cuando una botella se multiplicó por doce, salieron esposa y esposo más hija trastabillando y viendo que el piso se movía, agrandándose y achicándose bajo sus pies, el jefe comenzó a cantar a medida que caminaban por la calle:

                        “Mira como ando mujer,

                        por tu amor

                        borracho y apasionado

                        por tu querer…”

            y María de los Santos, bordoneó la voz y también entonó:

                        Hace un año,

                        que yo tuve

                        una ilusión

                        hace un año

                        que se cumple

                        en este día…  

         De las puertas, ventanas y balcones comenzaron a colgarse rostros risueños al ver a ese trío que como nunca habían perdido la cabeza.

-Mira a don Ruperto, tan serio él, tan callado, tan seco…

-Por eso no hay que decir “de esta agua no beberé”, ahí lo tienen al seco.

-Si pues, “el seco”, se convirtió en “secante”.—

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