CAMPESINOS NO CONOCEN DESCANSO

Mientras que en las grandes ciudades y las medianamente pobladas se lucha por exterminar al coronavirus sin salir de casa, en el campo, los agricultores no conocen descanso ni porque hay neblina, frío, mal tiempo o coronavirus. Ellos acuden como de costumbre a sus faenas agrícolas con el mismo afán, con que se tiene que surtir los grandes mercados para que la gente tenga que servir en sus mesas.

            ¿Qué pasaría si por cualquier motivo se dejara de producir?

            Y para cumplir las faenas, nadie les obliga, todo es espontaneo, de libre albedrío porque el hombre de campo sabe que si no trabaja habrá pobreza en su hogar y sus niños no irán a la escuela por falta de uniforme o útiles escolares.

            El agricultor sabe perfectamente que si hay buena cosecha en su comunidad, habrá para comer y vestirse.

            Al conversar con un campesino, él no se queja de su destino. Si se insiste para que diga si antes o en el presente vivía mejor, luego de permanecer callado como si tuviera anudado la lengua, dice en voz baja como para que nadie le escuche: “Antes teníamos un solo patrón…hoy tenemos muchos patrones que son los dirigentes que se llevan el fruto de nuestro trabajo por montones…

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