EL VIRUS DE LA ANOMIA

Danilo Sánchez Lihón

El Destino guía

a quien de grado le sigue.

Al díscolo lo arrastra.

Séneca

1.

Mi abuela nos contaba una fábula que adaptada a estos tiempos más o menos dice así:

Era un cuervo díscolo, caprichoso y encima insolente que incumplía toda norma que se daba para proteger la vida del conjunto de la comunidad. Un día cayó enfermo. Le dolía la cabeza, tenía fiebre, tos y vómitos. Y un malestar general que lo sumía en el enfado, el resentimiento y el malhumor.

Su madre deambulaba por la casa compungida preparándole una y otra pócima con tal de sanarlo. Pero el cuervo malagradecido, aun estando así, le hablaba de este modo:

– En vez de andar de aquí para allá con esa cara de dos por medio fueras mejor al templo a pedirle a los dioses que me sanen.

– ¡Qué voy a ir! –Le respondió la madre–. Tanto te has burlado de ellos, has desacatado sus leyes y les has desobedecido sus preceptos, habiéndote advertido que no lo hicieras, que ellos se reirán de mí, y alegrarán que un justo castigo haya recaído en ti, haciendo que te enfermes.

Tarde comprendió el cuervo que lo que se hace se paga algún día. Porque al día siguiente murió, aunque a última hora arrepentido.

2.

Ahora que todos debemos mantener el aislamiento social, porque es la clave y el

fundamento para detener la propagación del coronavirus 19 es fácil reconocer que los seres humanos confinados y separados del mundo, y aislado de los demás, no es normal que podamos vivir por mucho tiempo. Y distinguimos que una dimensión importante para ser íntegros y dichosos es la vida en común y en interacción con los demás seres humanos.

Y que la existencia se organiza a través de normas, leyes y valores que hay que asumir, para lo cual es importante el fortalecimiento de las instituciones, hechos que se traducen en un orden que hay que respetar, estimando el bien común, el cual sirve a todos y garantiza la vida en comunidad.

Porque nadie es solamente por sí mismo sino en función del colectivo social; y tanto nos afecta lo que somos individualmente como lo que es nuestro medio ambiente, el mundo circundante y el universo del cual formamos parte.

Razón por la cual debemos cuidarlo, reconociendo que la calidad y condición de los recursos materiales y económicos derivan y son una consecuencia de lo que es la persona y la organización social.

3.

 Por tales razones, otro virus evidente que debemos combatir con igual ahínco y tesón que al coronavirus 19, porque nos hace mucho daño, es el virus de la anomia y la arbitrariedad; el desacato a las normas, y el creer que podemos hacer todo aquello que se nos ocurra, antoje y nos venga en gana.

Los países que están superando el problema de la pandemia del coronavirus 19, que nos aqueja ya universalmente, son aquellos que tienen una conducta cívica desarrollada en alto grado de respeto a las normas, afectada entre nosotros por diversos factores, siendo el esencial la cultura y la educación.

Es hora de afrontar también el reto de enfrentar este virus, identificando que quienes educan son los padres en los hogares, luego los maestros en las instituciones educativas y, en tercer lugar, la ciudadanía en la polis, o ciudad educativa. Tomando en cuent

a que el valor de una nación no es otro que la calidad de los hombres que la conforman.

y yo estamos al centro de esta situación; entonces: ¡actuemos! Porque los problemas empiezan a solucionarse no cuando los comentamos ni criticamos, ni mucho menos

cuando los condenamos o maldecimos; sino cuando decidimos hacer algo para resolverlos; considerando que si no somos parte de la solución entonces somos parte

 que agrava el problema. ¡A vencer, hermanos!.—

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