GUERRA INTESTINA

Ahora el conglomerado humano, no solo tiene que luchar contra un enemigo común que se ha identificado como coronavirus, sino el enfrentamiento se ha ampliado entre los mismos congéneres de dos pies.

            El problema radica en que los designados para cumplir con la tarea de distribuir los alimentos de primera necesidad, son neófitos en la materia y aquí radica el error de errores del Gobierno Central de rasurar la barba al lampiño.

            En muchas comunas los mandamases son gente analfabeta, sin iniciativa y ciegos en administración y lo peor, llevaron en sus litas a quienes creían que les iban a asesorar, pero esta gente integró las nóminas de candidatos para aprovecharse de las circunstancias y no para servir a sus comunidades. Allí ha surgido el divorcio.

            El tema central es la distribución de los alimentos con presupuesto otorgado por el Gobierno Central. Han pasado semanas y hay comunas que recién están pensando en cómo hacerlo, para ellos no existe el dicho “a camarón dormido se lo lleva la corriente”.

            Unos creen que se valdrán del DNI, otros elaborando padrones nuevos. Los menos ya distribuyeron valiéndose de datos estadísticos existentes: por un lado los que gozan de la Pensión 65, el bono 380, y otros beneficios que otorga el Gobierno. ¿Cuántos empleados? ¿cuántos comerciantes? ¿Cuántos jubilados? ¿Cuántas amas de casa? ¿Cuántos desocupados? ¿Cuántos niños en edad escolar? ¿Cuántos jóvenes de secundaria? ¿Cuántos en institutos superiores? ¿Cuántos universitarios? ¿Cuántos ancianos (as)?.

            Simultaneo a este censo, se va entregando boletos (tickets) de colores por barrios o zonas y señalando hora y lugar (Centro de operaciones) para la recepción de bolsas de alimentos. Y el problema está resuelto.

            Si indagaran ante este soldado que estuvo en mil combates y de las cuales salió sin reclamos, sin argollas, sin percibir un sueldo, sin consignas para favorecer a tal o cual persona o familia. Otro punto clave es la contratación de jóvenes (hombres y mujeres) voluntarios o remunerados para que formen las brigadas distribuidos a una manzana o sector o que los más osados se constituyan a los últimos rincones previamente sectorizados valiéndose de un mapa del distrito o provincia. Esto de distribución de alimentos no es novedad, siempre se ha hecho llegado el momento de prueba.

            Otra cosa muy puntual, algunas municipalidades y regiones están “invirtiendo” en la compra de víveres, grandes sumas de dinero del presupuesto proporcionado por el Estado. La gente se pregunta: un kilo de sal, un paquetito de fideos, un kilo de harina, una gaseosa, una botella de aceite, costará tanto como figura en las facturas? Esta mañosería es cuento viejo.—

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