DIFERENCIA Y SIMILITUD

Estamos exactamente a 29 días para cumplir los 50 años del sismo de 1970.

            Tiempo en que alguna gente volvió a nacer. No de un parto feliz y esperado, sino de aquellos golpes “tan fuertes” de los que nos habla César Vallejo en su poema Los Heraldos Negros.

            Precisamente a los 50 años en que la humanidad está a prueba, tan igual como lo estuvo Ancash y sus vecinos conformantes de la ZAS (Zona Afectada por el Sismo).

            Y analizando ambos casos encontramos “diferencias y similitudes en ambas tragedias: un sismo devastador que de un golpe certero causó la muerte de por lo menos 70,000 personas y un coronavirus que diezma a la humanidad de a pocos y por autoeliminación del mismo hombre.

            Ambas tragedias traen desolación y muerte y en ambas se pone a prueba la inteligencia del género humano para encontrar remedios y consuelos.

            Un denominador común es el dolor y la resignación, pero sobre todo la tozudez  para sobrevivir y salir adelante, a veces por uno mismo y en otras por la familia y la responsabilidad de preservar las vidas.

            En las grandes tragedias es cuando se impone la férrea voluntad de poner las columnas maestras de soñar por un porvenir mejor, de lo contrario hace tiempo la tierra estaría deshabitada. Un botón como muestra: Noé y su barca soportando el “Diluvio  Universal” y repoblando la tierra.

            Cifras al 01:05:2020 consignadas por la Universidad Johns Hopkins suman a 238, 380 muertos por COVID 19 y sin embargo mucha gente, que a todo le gusta dar la contra sigue insensibles a las ordenanzas que dictan los gobiernos empeñados en detener el incontrolable avance de esta pandemia, cuyo rebrote sería aún más desastroso.

            Los esfuerzos que hacen los científicos de todos los países del mundo es comprensible así como los esfuerzos de las universidades por crear maquinarias como respiradores mecánicos e inclusive mascarillas, son insuficientes

            Entonces tenemos que comprender la magnitud de este mal que nos acecha, ser más permeables a las prohibiciones, evitar las aglomeraciones de personas y sobre todo PERMANECER EN CASA como el arma más eficaz para vencer al coronavirus.

            Esto no sucedió hace 50 años porque las casas quedaron solo escombros, más por el contrario las necesidades de la gente hicieron que improvisaran ramadas y viviendas precarias, pero los más emigraron a Lima y otras ciudades a pie cargando pesados bultos. Solo algunos corajudos hicieron frente a la destrucción del sismo y con sus manos y uñas abrieron los cimientos de sus casas hasta que se construyeran viviendas definitivas.

            Dos espejos para ver dos realidades en diferentes épocas.

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